jueves, 19 octubre 2017

marta-martinez-arellanoTodos los inicios de año nos dejan un Presente… La promesa de todo un año por delante, la oportunidad de empezar otra vez y hacer aquello que “hemos echado en falta” durante el año que cerramos. Necesitamos cerrar ciclos, iniciar nuevos y enfocarnos en proyectos, ideales, objetivos. Sin embargo, estadísticamente, estos “buenos propósitos” en el 92 por ciento de los casos duran sólo 4 días.

¿Cuáles son las claves de ese 8 por ciento que consigue el éxito? Por un lado, tener claro que ese éxito requiere el esfuerzo consciente y constante de cada “presente” para ser alcanzados. Es decir, que vamos comernos “el elefante” (proyecto, objetivo…) a pedacitos.

Conviene tener en cuenta que los objetivos son para cumplirlos, y los planes para cambiarlos. Cada vez que nos marcamos un objetivo y no lo cumplimos, le decimos a nuestro subconsciente que “da lo mismo”, que “no somos de fiar”. Por el contrario, si nos marcamos objetivos de corto plazo encaminados al medio o largo plazo y los vamos cumpliendo, tendremos una oportunidad increíble para “premiarnos”, “alabarnos”, “elogiar a nuestro Yo por su logro” y de este modo incrementaremos la confianza en nosotros mismos y nuestra autoestima. 

Es también importante distinguir entre objetivos, propósitos, sueños… Los objetivos son “MARTES”:

–          Medibles: lo que no se mide, no se puede gestionar.

–          Alcanzables: si nuestro subconsciente lo considera inalcanzable, directamente lo “rechaza”.

–          Retadores: nos sacan de la “zona de confort”, de la rutina y de hacer las cosas “como siempre”. (Y eso nos “da pereza”.)

–          Temporales: lo que no tiene fecha, no sucede.

–          y Específicos: se formulan con claridad, nos indican qué tenemos que hacer.

Si decimos “este año iré más al gimnasio”, estaremos formulando un propósito. En cambio al decir “en enero voy a ir al gimnasio dos veces por semana” tendremos un claro objetivo: lo podemos medir, es tan específico que nos permite ver “el siguiente paso”, es temporal, alcanzable y sabré cuándo lo cumplo para planificar cómo me voy a premiar cada vez que lo consiga, cada vez que supere la pereza de salir de mi zona de confort.

Lo más importante, sin embargo, a la hora de marcarnos uno objetivo es que éste coincida con nuestra personalidad, vibración, esencia… Y podamos adscribirle un PARA QUÉ poderoso. Los objetivos “de revista”, de cara a la galería, o porque todos lo hacen, no funcionan. Los objetivos sólo funcionan cuando encuentras dentro de ti una razón poderosa para perseguirlo, cuando al emprender el camino hacia ese objetivo tu cabeza, tu corazón y tu mente coinciden en el veredicto: “Ese Objetivo es realmente lo que Yo quiero”.

No hay objetivos de talla única… Los objetivos que “funcionan” se hacen a medida y descansan sobre un Para Qué personal poderoso. Contar con el acompañamiento de alguien de confianza y con un plan de premios facilitan su consecución. 

Yo me he diseñado un “Kit portátil de medallas” para premiar en la intimidad de mi propio ego, cada pasito que doy en pos de los objetivos que comparten mi cabeza, corazón y mi alma.

Marta Martínez Arellano
Experta en Desarrollo Personal y Ejecutivo
Miembro de la red internacional BVC® de gestión por valores

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