lunes, 16 octubre 2017

ana-cañadaEn los años más duros de la crisis económica de la que todavía no se ha recuperado la economía española, el sector exterior experimentó un cambio notable y fue el primero que comenzó a mostrar signos de recuperación. Parte de este cambio se debió a la mejoría de la balanza de bienes y mercancías.

Es conocido que España es una potencia mundial en la oferta de servicios turísticos, lo cual tiene una incidencia muy positiva en nuestra balanza comercial. Sin embargo, el saldo de la balanza de bienes y mercancías es muy importante dado que, por una parte, es un indicador de la competitividad exterior de nuestras empresas productivas y por otra, tiene implicaciones directas en la necesidad y nivel de endeudamiento de nuestra economía.

De acuerdo al Ministerio de Economía y Competitividad, el saldo de la balanza de mercancías en el año 2008 fue de -94.159 millones de euros, y la tasa de cobertura del 66,8 por ciento. Es decir, las exportaciones “sólo” financiaban el 66,8 por ciento de las importaciones.

El año pasado, el saldo comercial fue negativo y por valor de 24.974,8 millones de euros, lo cual supone un descenso del déficit comercial del 73 por ciento y la tasa de cobertura fue del 90 por ciento. Un gran salto, que es consecuencia de la caída de las importaciones pero también del incremento de las exportaciones.

Este (el saldo comercial) es un indicador (de los denominados expost) de que la competitividad de nuestra economía ha mejorado en este periodo. La competitividad exterior de las empresas españolas también se mide a través de índices de competitividad-precio, que comparan nuestros precios en comparación a los de nuestros principales competidores.

El Ministerio de Economía y Competitividad calcula este tipo de indicadores a los que denomina Índices de Tendencia de Competitividad. Se estiman en base al tipo de cambio del euro con respecto a las monedas de aquellos países de referencia y un índice de precios relativos. En comparación a los países europeos, nuestra competitividad-precio ha mejorado en los últimos cinco años, y especialmente en 2014 y 2015 (con datos hasta octubre).

Además, esta mejora ha estado basada en mayor medida en nuestros precios relativos y no tanto en la depreciación del euro (con respecto a las economías fuera del euro). También ha mejorado nuestra competitividad-precio con respecto a los BRICS, un 7% entre el 2010 y el 2014 y un 13% en los tres primeros trimestres de 2015.

No obstante, tras el incremento (medido en términos reales) notable de las exportaciones en 2010, éste se ha moderado en los últimos años y las importaciones vuelven a crecer, por lo que el saldo de bienes y mercancías se ha estancado “en negativo” y la tasa de cobertura en torno al 90 por ciento. De acuerdo a la encuesta de coyuntura de exportación del Ministerio de Economía y Competitividad, ésta ha empeorado a lo largo del 2015.

Como factores con mayor incidencia negativa se destaca la competencia en precios. Es decir, hay que considerar si los factores sobre los que se ha fundamentado nuestra competitividad-precio nos dan una verdadera ventaja competitiva o por el contrario se trata de una ventaja comparativa. Si estamos en el segundo caso, es un escenario que no muy sostenible en el medio y largo plazo, y por ello es importante seguir apostando por políticas de oferta encaminadas a reforzar la capacidad competitiva de nuestra base exportadora. 

Ana Cañada
Directora de Comercio Exterior en Cámara Navarra de Comercio e Industria 

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