sábado, 21 octubre 2017

Educación Financiera y Responsabilidad Social

Con motivo del Día Nacional de la Educación Financiera, el autor expone con varios ejemplos prácticos los beneficios que este tipo de formación puede representar tanto a empresas como a clientes.

Redacción
Pamplona - 1 octubre, 2017

ANTONIO ARGANDOÑAHoy es el Día Nacional de la Educación Financiera. El lector quizás piense que hay ya demasiados días nacionales o internacionales de demasiadas cosas. Pero quiero aprovechar este contexto para reflexionar sobre si tiene algo que ver la Educación Financiera con la Responsabilidad Social.

Si el lector se pregunta esto desde una entidad financiera, la respuesta es claramente afirmativa. Si la Responsabilidad social es la responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad, la Responsabilidad social de un banco, un fondo o un asesor financiero debe empezar por su incidencia sobre clientes y empleados.

¿Y de qué es responsable una entidad financiera para con sus clientes? Pues de los efectos que tengan sus acciones (y omisiones: de la calidad de sus productos, de su rentabilidad y de su riesgo, de sus implicaciones fiscales y, en definitiva, de todo lo que aparece en su contrato, también la llamada letra pequeña.

Muchas veces el cliente no entiende qué es una TAE. El primer deber de las entidades es explicarlo

La entidad financiera, sus directivos y empleados deben ser conscientes de esos impactos. Y aquí aparece la educación financiera. Porque muchas veces el cliente no entiende qué es una TAE, o qué significa un riesgo de interés, de tipo de cambio o de liquidez. Por tanto, el primer deber de las entidades es explicarlo a sus clientes. Y como la cultura financiera de las personas es muy distinta, habrá que adaptarse a sus condiciones.

La Educación Financiera tiene dos dimensiones, o incluso tres. La primera afecta directamente al cliente; es explicarle con claridad lo que necesita saber sobre la operación que tenemos entre manos. Esta es una Responsabilidad social directa, como la que tiene el fabricante de medicamentos cuando nos recuerda ese listado larguísimo de los cientos de males que nos pueden suceder si nos tomamos esas pastillas.

Un cliente mejor formado cometerá menos errores y ayudará a las empresas a evitarlos

Bien, dirá el lector, pero todas esas aclaraciones se hacen para proteger al fabricante o al vendedor de las costosas reclamaciones que le pueden llegar si el cliente hace un mal uso del producto. Sí, pero lo que importa es que, si el cliente hace un mal uso del producto, sufrirá un daño: y eso es lo que preocupa a la Responsabilidad social. Si acaban ante los tribunales o no ya no es un tema de Responsabilidad social, sino del Departamento Jurídico o del de Cumplimiento normativo.

La segunda dimensión consiste en educar a la población en general, sobre todo a los jóvenes, porque tienen toda una vida por delante para poner en valor esos conocimientos. Porque, si el cliente viene más preparado, la conversación con él será más sencilla, breve y directa.

La educación financiera tiene lo que los economistas llamamos “efectos desbordamiento”: si mejoramos los conocimientos económicos y financieros de los conciudadanos, es más fácil que ellos cometan menos errores y que nos ayuden a no cometerlos. Y esto es, de nuevo, Responsabilidad social en sentido amplio: mejora de las personas, de los negocios y de las decisiones, mejora de la sociedad en general.

Si las empresas se ponen a pensar, se les ocurrirán muchas posibilidades en materia de educación financiera y todos saldremos ganando

Pero, ¿quién tiene esta última responsabilidad? No lo sé: cada uno, cada entidad, debe preguntarse sobre esto. En principio, el que conoce el tema y tiene formación y medios tiene también la responsabilidad.

Y nos queda la posible tercera dimensión. Porque las entidades hacen muchas cosas que se proyectan en sus clientes y en la sociedad, y a las que no llaman de Responsabilidad social (por ejemplo, cuando ofrecen o remiten a información adicional sobre temas complejos o novedosos). Y pueden aprovechar todo eso para cumplir una Responsabilidad social amplia.

Decididamente, hay demasiados días nacionales o internacionales de demasiadas cosas. Pero cuando las empresas se sientan a pensar cuáles son sus responsabilidades ante la sociedad y ante sus clientes, con un poco de imaginación se les ocurrirán muchas cosas relacionadas con la Educación Financiera. Y todos saldremos ganando.   

Antonio Argandoña
Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social Corporativa del IESE

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