miércoles, 22 noviembre 2017

Imagen de Ignacio Razkin (Kgroup).

Imagen de Ignacio Razkin, director general de Kgroup. (FOTO: Oskar González)

Resulta casi increíble que alguien lograra convencer a los trabajadores desmoralizados de Koxka Technology para que arriesgasen sus ahorros en una idea en la que ni los bancos ni las instituciones creyeron, pero su apuesta ha permitido reflotar una empresa que hoy mira al futuro con confianza. Quien lo consiguió, en buena parte, fue Ignacio Razkin, el director de la empresa rebautizada como Kgroup Refrigeración, quien reconoce que “para mí también fue sorprendente, esperaba encontrarme con personas recelosas tras la mala experiencia que habían tenido, era muy duro para ellos, pero quizás fue porque supimos transmitir muy claramente todo el proyecto, muy abierto, con todos sus pros y contras”. En definitiva, la transparencia que le caracteriza. Sigan leyendo y verán por qué.

Es el único de la actual dirección que no formaba parte de la plantilla de Koxka Technology, a la que llegó a través de su relación con diferentes fondos de inversión internacional en la firma en la que trabajaba y que ofrece ayuda financiera a empresas que se encuentren en situación de crisis. A Ignacio Razkin le correspondió analizar si Koxka Technology tenía alguna probabilidad de esquivar la desaparición.

Analizó sus finanzas y vio que tenía posibilidades de futuro, por lo que planteó una estrategia para reflotarla que pasaba por utilizar recursos económicos y humanos navarros  “para que no ocurriese lo que pasó con Koxka Technology y para crear un valor añadido para Navarra y por Navarra”. Lo que pasó fue que Koxka cayó en manos de un fondo estadounidense, AIAC, que la expolió abocándola al proceso de liquidación. Sin eufemismos, un fondo buitre que cumplió su tarea a la perfección.

“Todo esto está saliendo de una manera tan natural que evidencia que de algún modo se dejó abandonada la producción de dos marcas históricas”

Una vez decidido a encabezar el proyecto configuró un equipo capaz de superar una carga tan negativa como la que había acumulado Koxka Technology en su última etapa. Razkin tenía claro que debía ser “contrastado y con experiencia”, y que conociera todo el proceso de fabricación de las máquinas Kobol y Koxka, por lo que se configuró con personas procedentes de la propia empresa. Con ellos trazó un plan de viabilidad que dio lugar a la oferta que presentaron tras la liquidación y el 2 de agosto de 2015 les fueron adjudicados los activos de la fábrica que consideraban necesarios “para que renacieran las marcas Koxka y Kobol”.

EL FACTOR HUMANO

ignacio-razkin-vanity-capital-2Kgroup echó a andar conforme a un proyecto inicial diseñado para trabajar en equipo “en el que el factor humano fuera importante a todos los niveles y transparente, porque informamos a todos los trabajadores de cualquier cambio importante que se produzca, sea positivo o negativo”.

La misma transparencia que le ha servido para vencer las reticencias de las entidades bancarias que al principio les dieron la espalda: “Cuando necesitamos apoyo les explicamos muy claramente para que va usarse el dinero, así día a día y poco a poco hemos conseguido su confianza. Y en la medida que vas creciendo generas más confianza, claro”.

Pero al principio no fue así. “Tanto con las entidades financieras o fondos, como a nivel institucional, tuvimos serios problemas, el eco tan negativo que tenía Koxka Technology hizo que no nos escucharan cuando acudimos con nuestro proyecto”. No había otra salida que afrontar el reto con fondos propios.

Accionarialmente los directivos tienen una mayoría del 54% al depositar 1,4 millones de euros, y recurrieron a los trabajadores porque, además “queríamos que se comprometiesen con el proyecto y la mejor forma de conseguirlo era que aportasen también un dinero. ¿Por qué? Porque si los empleados lo viven como algo propio es más fácil que salga adelante, y si sale tendrán su beneficio en función de los acuerdos pactados”. Cada uno entregó 10.000 euros y así se sumó otro millón que sirvió para sortear la ausencia de financiación ajena.

¿Quizás era un gesto que unía la desesperación con el intento de desenmascarar a AIAC? “Es verdad que aprecio que existe una rabia en su interior” dice Razkin refiriéndose a los trabajadores, “todo esto está saliendo de una manera tan natural, porque no somos más que nadie, que evidencia que de algún modo se dejó abandonada la producción de dos marcas históricas, eso hace que sientan un malestar. Pero ya están en otra época, y eso se nota en cómo están sintiendo el proyecto, y en la convivencia”.

La fábrica cuenta con un equipo de frontenis, del que forma parte el director, y en los partidos “se transmite esa buena relación que existe entre las personas, independientemente del puesto que ocupemos”

También ayuda el hecho de que cada día, a las 7,30 horas, Ignacio Razkin recorra toda la fábrica antes de llegar a su despacho, “para escuchar lo que me tengan que decir, sus problemas… y en la medida que podemos hasta ayudamos. Es que se trata de un proyecto espectacular en todos los sentidos, empresarial y humano”.

UN PERIODO DURO Y MOTIVADOR

ignacio-razkin-vanity-capital-3El arranque de la nueva época ha sido “un periodo tan duro como motivador, todo el personal que compone Kgroup lo ha vivido muy a fondo, muy en su interior”.

De él se queda “con el acierto en la selección del equipo directivo y de los trabajadores, el haber elegido el camino del compromiso económico porque nos ha permitido crecer sin un gran endeudamiento, y la confianza que hemos dado a las entidades financieras, al cliente y al mercado, aprovechando la fortaleza de las marcas Koxka y Kobol y porque hemos sabido transmitir que somos una empresa navarra cuyo objetivo es perdurar en el tiempo y crear empleo”.

Alguno ha llegado a definir lo conseguido por Kgroup como un milagro, Ignacio Razkin prefiere decir, sin falsa modestia porque habla en nombre de todo su equipo, “que hemos hecho algo extraordinario. Asumimos una carga económica negativa e imagen muy deteriorada que habían hecho muchísimo daño a la marca Koxka-Kobol, dar la vuelta a todo esto con muy pocos recursos y una credibilidad que nos la hemos tenido que ir ganando con nuestro trabajo supone haber hecho mucho más de lo que nos habíamos imaginado”.

Cerrar 2016 con casi 14 millones de euros y contar con un presupuesto de 30 es una prueba de que se están haciendo bien las cosas, a pesar de que se vieron obligados a actualizar su producto tras el periodo de transición en el que la fábrica dejó de producir, de modo que “hemos tenido que correr para ponernos en situación de ofrecer a los clientes lo que están esperando, máquinas eficientes, que aporten un valor añadido y un diseño nuevo, además de utilizar refrigerantes ecológicos”.

“Hemos hecho algo extraordinario, dar la vuelta a todo esto con muy pocos recursos y una credibilidad que nos la hemos tenido que ir ganando con nuestro trabajo supone mucho más de lo que nos habíamos imaginado”.

Al indicarle sus múltiples alusiones a la transparencia Ignacio Razkin  reitera que es su mejor argumento: “Es una palabra muy bonita, pero mi equipo sabe que es algo en lo que creo, yo les transmito lo que está pasando y eso llega a todos los empleados. Además tengo tres o cuatro reuniones al año con toda la plantilla, al margen de las que tenga con los sindicatos, y si se está produciendo un hecho negativo les digo cómo lo vamos a resolver, si es positivo que va a suponer para la empresa”.  Les informa también de los planes, como el de incentivos que va a premiar el compromiso de los trabajadores, o el de formación, por el que Kgroup va  apostar con fuerza.

ignacio-razkin-vanity-capitalEsa transparencia le lleva a reconocer que tiene “abandonados” sus propios negocios porque la dirección de Kgroup requiere toda su atención y esfuerzo, y a admitir posibles errores como los que les han llevado a modificar el plan de viabilidad inicial para ajustarlo a las tendencias del consumidor final. “El problema es que esas tendencias son tan rápidas y tan dinámicas que hemos tenido que adaptarnos y cambiar el curso de inversión ya que no teníamos previsto tanto importe ni tanto producto”. Entre 2016 y 2017 Kgroup va a invertir 7 millones de euros de los que 3,5 serán para I+D+i, que se plasmarán en una nueva gama completa de productos de refrigeración y congelación “con los que avanzaremos hacia la tienda inteligente”.

Al terminar 2016 la empresa empleaba a 160 personas entre trabajadores propios y ajenos, y a lo largo del año realizó 473 contrataciones, “porque la gente está dispuesta a trabajar cuando lo necesita la empresa, y cuando no prescindimos de ellos. Pero están de acuerdo porque contamos con quienes han sufrido estas alternancias en el trabajo y asumimos el compromiso de que tengan una cierta continuidad, son los primeros a los que llamamos cuando hace falta”.

Pero lo mejor es que Kgroup crea empleo, el objetivo es llegar a 230-250 empleos este mismo año. “Hubo momentos en los que creíamos que éramos demasiado optimistas porque desconocíamos cómo nos iba a afectar el parón durante el periodo de liquidación. Pero nos mantuvimos firmes, confiamos en lo que teníamos que confiar y hoy podemos decir que hemos acertado. Es una satisfacción increíble que nos da una gran ilusión para continuar en la misma línea, con la misma pasión, exigencia y compromiso”.

Reportaje gráfico: Oskar González©
Nuestro más sincero agradecimiento a los responsables del Gran Hotel La Perla por prestarnos sus instalaciones para la realización de este artículo

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