martes, 17 octubre 2017

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Joaquin Villanueva

Joaquin Villanueva

Bajo la premisa de que el enfrentamiento constante debilita. Empresarios, profesionales y ciudadanos particulares navarros alzan su voz para reivindicar la estabilidad política y social en la Comunidad Foral de Navarra como una factor fundamental para progresar y avanzar. Viéndose reflejados en el ejemplo que constituye Sociedad Civil Catalana (SCC), este grupo de personas quiere impulsar la creación de Sociedad Civil Navarra.

Entre ellos, se encuentra el empresario navarro, Joaquín Villanueva, que deja claro que Sociedad Civil Navarra “no nace contra nadie, no nacemos contra el nacionalismo”. Se trata, asegura, “de buscar los valores civiles de una buena convivencia entre los que piensan diferente”, valores universales que “en Navarra no han sido desarrollados hasta hace poco”.

Un escenario de confrontación que todavía hoy sigue reflejada en la división de la clase política que poco favorece a generar un entorno estable que atraiga inversiones económicas. Esa estabilidad es “fundamental” considera Villanueva y por ella se trabajará en Sociedad Civil Navarra. Una organización civil, “no política”, por lo que “a nadie se le preguntará por su ideología política”. Será una organización independientes económicamente, sin subvenciones y “dependientes de las cuotas que paguen los socios”. Ahora bien, Villanueva afirma que el punto de partida es claro “la defensa de la triple identidad de navarros, españoles y europeos”.

José Ramón Bosch, presidente de Sociedad Civil Catalana.

José Ramón Bosch

JOSÉ RAMÓN BOSCH

El presidente de Sociedad Civil Catalana, José Ramón Bosch, es directivo de una multinacional del sector químico con 50 personas a su cargo en España y Portugal. Se licenció en Geografía e Historia, para luego especializarse en Marketing, y fue militante del PP hasta 2008.

PREGUNTA. ¿Cómo surgió la idea de crear Sociedad Civil Catalana?

RESPUESTA. Los orígenes se remontan hace año y medio cuando un grupo de catalanes de distintos ámbitos políticos, no como militantes sino como personas, mostramos una preocupación por la deriva secesionista del Gobierno de Cataluña.

La idea partió de un empresario catalán, Mariano Ganduxer, una persona que procedía del mundo nacionalista catalán. Un hombre nacionalista pero que no se sentía independentista, y que creó un grupo que se llamaba Hagamos Piña a finales de 2012. Él contactó conmigo, que había creado Soma Temps, una plataforma para luchar contra lo que considerábamos la deriva secesionista del nacionalismo, las falsedades y malas interpretaciones. Y yo aquí, a su vez, contacté con Joaquim Coll que es uno de los fundadores de Federalistes d´Esquerres y militante del PSC.

Los tres, y alguna persona más, decidimos crear Sociedad Civil Catalana, desde el nacionalismo catalán moderado, desde el centro derecha liberal e izquierda federal. No es una organización no nacionalista, porque hay gente que se siente más que nacionalista catalanista.

P. ¿Cuál fue el detonante?

R. Por la falta de respuesta por parte de las instituciones y el Gobierno central ante esa radicalización de las instituciones públicas de Cataluña. Durante muchísimos años se ha dejado en manos del mundo secesionista cuestiones básicas como la educación o los resortes básicos de la cultura o la manipulación del concepto de la lengua.

P. El perfil mayoritario es el de empresario y con iniciativa. SCC ha elaborado un informe en el que se advierte de que una hipotética independencia de Cataluña destruiría empleo, elevando la tasa de paro al 34% y el PIB caería entre el 7,4 y el 23,5%, por citar algunos datos.

R. En el informe, además de hablar de lo que podría pasar, nosotros hablamos de lo que está pasando. Cataluña exporta más a Aragón que a Francia y a Alemania juntas. Digo esto para dejar bien claro que el mercado natural de Cataluña es el resto de España. Pero nosotros no nacimos como Sociedad Civil Catalana para denunciar desde un punto de vista económico qué pasaría a Cataluña si se independizara. Nosotros, los catalanes que nos sentimos españoles, hemos nacido para denunciar ese logo de la libertad que desde la Generalitat se quiere impulsar.

P. ¿Qué efectos genera confrontar a los ciudadanos catalanes en función de sus sentimientos?

R. Yo separo el nacionalismo independentista del catalanismo, que ha sido una forma de construir España. El nacionalismo independentista, en estos momentos, parece que tiene una mayoría social, pero la realidad es que cuando se publica cualquier encuesta sobre el sentimiento de pertenencia a España, el sentimiento español en Cataluña es ampliamente mayoritario. Es más, la empresa de encuestas de la Generalitat, apunta que en un referendum, más de 56% de los catalanes votarían en contra de la independencia, solamente el 42% votaría a favor. Por tanto, el ruido mediático es muy grande.

Han aprovechado una coyuntura perfecta, la de una crisis económica y una situación de corrupción generalizada en España. Un momento para ofrecer un proyecto ilusionante, el de crear un Estado nuevo como si el Estado nuevo que se crea fuera a ser absolutamente impoluto.

P. Pero, existen también casos de corrupción en Cataluña. ¿Cómo han afectado?

R. Es cierto que el nacionalismo independentista tiene, en estos momentos, en Jordi Puyol una mochila gravísima que se va a reflejar en los próximos meses. También la corrupción existente en Convergencia. Pero en Cataluña todavía no se habla de esa corrupción institucionalizada en Cataluña, sino que solamente se habla de Bárcenas, de los EREs de Andalucía, y del manido y desgraciado concepto de España nos roba.

La verdad es que no hay un debate serio y real en Cataluña sobre la independencia, pero no sólo desde el punto de vista económico, sino de la historia también. Se está falseando la historia de cómo se creó Cataluña.

P. ¿Qué repercusión tiene esta situación en la imagen de Cataluña en el exterior? ¿Puede afectar a posibles inversiones?

R. Efectos tiene. Ahora bien, es verdad que en los últimos meses ha bajado mucho el hablar de la deriva secesionista de la Generalitat. Pero, a lo largo de 2014 y, especialmente, en vísperas del famoso 9 de noviembre, se hablaba mucho. Eso permitió mostrar que el problema no es el perjuicio que el nacionalismo independentista pudiese generar a Cataluña, sino a toda España. Nosotros hemos dicho siempre que el problema de Cataluña es un problema de España, es un mal relato de España. Y también se ve en Navarra o en el País Vasco. Yo creo que lo que tenemos que hacer es un nuevo relato de España para que todos nos sintamos cómodos en la España del siglo XXI.

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