martes, 23 mayo 2017

Elena Sarasa. Mediación NavarraUno de los primeros consejos que se reciben a la hora de emprender, es que, si no se puede iniciar la aventura solo, se busque un buen compañero o socio con el que intentar la hazaña. Ahora mismo, y principalmente por causa de la crisis, las empresas que empiezan tienen dificultades económicas y de financiación por lo que el emprendedor tiende a aglutinar socios, en mayor o menor medida, lo que antes con el mayor acceso a la financiación eran solo empleados.

Podíamos diferenciar dos tipos de socios:

  • el socio capitalista, que aporta dinero. Este socio casi no interfiere en el día a día de la empresa, pero si puede tener mucho peso en relación a las decisiones estratégicas que tengan que ver con el futuro de la empresa.
  • el socio-trabajador, que además de invertir capital trabaja en el negocio. Este es el caso de muchas sociedades, empresas familiares y de todas aquellas empresas de economía social. La interacción diaria en el marco de la empresa en este doble rol de socio y trabajador puede generar muchos roces y dificultades.

Al inicio de un proyecto empresarial, el equipo promotor centra todos sus esfuerzos en sacar adelante con éxito su idea de negocio. Ya en esta primera fase suelen surgir los primeros desacuerdos entre los socios que no suelen afrontar porque todos los recursos están focalizados en el negocio, generándose las primeras suspicacias, dificultades de comunicación y desconfianzas.

El libro negro del emprendedor señala como una de los factores clave de fracaso  “la Falta de confianza y comunicación entre los socios”. Así mismo señala que preguntados cientos de emprendedores si al poner en marcha un negocio lo harían solos o con un socio, el 95 por ciento de los consultados respondían tajantemente que lo harían “solos”, por las dificultades que habían tenido que afrontar al tener que bregar con su socio con problemas empresariales de distinta índole.

La tipología de conflictos entre socios es múltiple y diversa: problemas con los socios capitalistas con diferentes intereses sobre la empresa, cambios en las expectativas vitales y profesionales que hace que los socios se desvíen el uno del otro, la necesidad de incorporar nuevos socios en la empresa, injerencias de un socio en el trabajo del otro, insuficiente concreción de roles y responsabilidades, diferente relación con el dinero, valores, creencias, situación familiar, etc.

No abordar a tiempo los conflictos entre los socios, nos lleva a situaciones de tensión sostenida en el tiempo, que suelen explotar de la forma más inadecuada en el peor de los momentos. Para entonces, la comunicación entre los socios es ya del todo inexistente, el intento de solucionar las cosas por la vía pacífica se ve imposible, quedando como única posibilidad el largo camino de solucionar el asunto ante un juez, mientras la empresa y los socios se van desgastando económica y emocionalmente en el proceso.

¿Pero y qué podemos hacer para evitar todo esto?

En primer lugar marcar claramente las “las reglas del juego” mediante la elaboración de un pacto de socios, trabajado desde la esencia de las empresas y la de sus socios, previendo las diferentes circunstancias que puedan afectar negativamente a la continuidad de la empresa. Este pacto de socios realizado de manera negociada  y consensuada se plasmará en un documento privado vinculante para todos los socios.

En segundo lugar, establecer un reglamente interno de trabajo que nos permita regular la forma de organizarnos, las relaciones internas entre los socios, y definir las responsabilidades, funciones y tareas de los roles que cada socio va a asumir en el devenir de la empresa.

En tercer lugar, institucionalizar la comunicación como una herramienta básica de la empresa, destinándole los recursos, canales y tiempos necesarios.

En cuarto lugar, practicar la resolución positiva de conflictos afrontando los mismos desde la mirada positiva de la mejora continua.

En quinto lugar, utilizar la mediación como método habitual de solución positiva de conflictos.

Todo esto permitirá, no solo salvaguardar la continuidad de la empresa si no mejorar su crecimiento y rentabilidad garantizando su éxito.

 

Elena Sarasa Villaverde
Abogada y Mediadora
Socia Fundadora de Mediación Navarra 

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