domingo, 20 agosto 2017

Intraemprendimiento, emprendimiento, innovación… palabras de moda. Movimientos que nacen en una sociedad “caórdica“: en un espacio entre el caos y el orden. Ese espacio en el que aún no hay consensos o criterios que nos permitan separar grano de paja, y parece que “todo cabe”. Un momento en el que teóricos y segurolas de la modernidad, suelen apresurarse a ofrecer como alternativa a las tierras movedizas, modelos “testados”.  Voces a las que, desde mi perspectiva, hay que someter todavía más -si cabe- al juicio personal para ver si lo que dicen resulta o no coherente. Te pondré un ejemplo.

Inició su ponencia sobre intraemprendimiento diciendo que a él le habían dicho que tenía que hablar de ese tema, pero que él tenía muchos otros…

Al entrar en la sala, un jovencísimo y barbado ponente nos daba la bienvenida con tono “desenfadado”. Representaba a una prestigiosa universidad norteña con fama de “innovadora”. El renombre de la organización retumbó como un redoble de tambor. Inició su ponencia sobre intraemprendimiento diciendo que a él le habían dicho que tenía que hablar de ese tema, pero que él tenía muchos otros… Algo así como Groucho Marx con aquello de “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.

Intraemprendimiento es un término acuñado en 1985 por un investigador francés. Nos habla de la forma de apoyar como organización los comportamientos emprendedores en todos los miembros de nuestro equipo para descubrir, evaluar y explotar nuevas iniciativas u oportunidades de negocio. El intraemprendimiento se centra en alentarte a ti, a cada uno de los profesionales que conforman un equipo u organización, a implicar todo su talento y recursos creativos para conseguir su propio desarrollo, el del equipo y la organización.

Cuando esto sucede en las organizaciones, es más fácil construir un equipo, porque cada miembro está deseoso de aportar lo mejor de sí mismo, para obtener más conocimiento, más experiencia y confianza a través de su trabajo y del de los demás. Con esta práctica gana no sólo la organización o el equipo, sino también la persona, que está en el centro del proyecto.

Así que, cuando presentó a su equipo de este modo: “nuestro equipo es pluridisciplinar, tenemos científicos, biólogos, ingenieros, economistas y hasta lesbianas” (literal, ni cambio géneros ni pongo ni quito una sola palabra…), dejé de tener dudas: No había entendido nada.

Corroboró su ceguera al continuar tildando de “tonterías” todos los aspectos personales y de comunicación inter o intrapersonal.

Pretendía ser gracioso y resultó no sólo grotesco sino irrespetuoso. Parece que como esto está de moda, es novedoso y molón, podemos saltar todo tipo de barreras, incluso las del respeto. Y creo que no es así. Automáticamente su voz y la de la universidad que representaba dejaron de tener autoridad para mí.

Es imposible hablar de intraemprendimiento sin poner en el centro del proyecto a las personas. El barbado ponente corroboró su ceguera al continuar tildando de “tonterías” todos los aspectos personales y de comunicación inter o intrapersonal, involucrados en cualquier proceso de desarrollo organizacional. Al parecer lo único que funcionaba e importaba era “el modelo” en ocho pasos que había venido a presentar. Un modelo “testado”.

Le pregunté sobre ese “test” y los criterios de éxito aplicados. Ya que si aplicas un modelo, la medición del éxito se puede basar en los efectos en el equipo o en los impactos sobre el propio modelo o en…  Al parecer los criterios de éxito forman parte del secreto del modelo y hay que comprarlo para que te los digan…, pero me aseguró que su modelo era perfecto.

Es imposible hablar de intraemprendimiento sin poner en el centro del proyecto a las personas.

El modelo por encima de las personas. Ya hemos vivido esto mismo en otras épocas y hemos corroborado que TODO lo que hace el hombre, desde el modelo hasta la tecnología, son lo que el hombre hace con ellas, como dice Jorge Drexler en su canción.

No me gusta llamar la atención en público, así que al finalizar la charla me acerqué al ponente y le expresé tanto mi desagrado con algunas de sus observaciones -entre otras su estelar presentación de su equipo-, y mis dudas. Él me contestó con un escueto y orgulloso “vale”. Entendí que daba igual, que desde esa atalaya de “soy superguay de universidad con renombre”, no me iba a conceder ni un ápice de autoridad. Probablemente le parecí rancia y demodé.

De esa ocasión saqué yo tres conclusiones:

  • En este espacio entre el caos y el orden, hay que tener mucho cuidado con las afirmaciones que tomamos como ciertas. Este chavalito, muy moderno él, exhibía, como tantos otros, una absurda cantidad de prepotencia, con la que fingía tener razón, pero no había entendido en absoluto qué significa Intraemprender.
  • La organización se había equivocado de ponente. La próxima vez que oyese hablar de la prestigiosa universidad norteña los tambores tocarían a alerta, no a homenaje.
  • Cuidadito con los modelos testados… Sin tener en cuenta el objetivo, al equipo, o a la organización con la que vas a trabajar, ningún modelo puede funcionar. Y si te dicen que funciona, o es de plástico o los indicadores de éxito vienen ya pre-configurados con el modelo, para arrojar siempre estadísticas de éxito. Pero en ningún caso ganará la organización, el equipo, ni tú mismo.

Marta Martínez Arellano
Experta en Desarrollo Personal y Ejecutivo
Miembro de la red internacional BVC® de gestión por valores

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