martes, 17 octubre 2017

En un momento en que, según apuntan los expertos, comenzamos a superar la crisis económica, renace también con fuerza un debate recurrente en las empresas y organizaciones españolas y europeas: la mejora de la competitividad.

En este debate intervienen muchos factores: reformas estructurales, grandes acciones macroeconómicas… Pero hay un factor muy relevante para la competitividad que, sin embargo, pasamos demasiadas veces por alto: la mejora de la gestión.

La mejora de la gestión abarca múltiples facetas: elaborar e implantar un plan estratégico, medir la satisfacción de nuestros clientes —y usar los resultados para algo más que marketing— o promover el desarrollo de las personas más allá de la gestión de contratos y cursos de formación. Todas ellas son necesarias, pero por sí solas no son suficientes. El enfoque de mejora de la gestión que ha demostrado mayor eficacia es el de un planteamiento global apoyado en un modelo de gestión avanzada, como puede ser el Modelo EFQM o el Modelo Iberoamericano. La adopción de éstos como referencia nos obliga a abordar la mejora de la gestión como un todo y relacionar el impacto de las mejoras con los resultados de la organización o con el consumo de recursos necesario. Esta forma de gestión desarrolla el ciclo PDCA: medimos, identificamos mejoras, priorizamos y planificamos, las implantamos y volvemos a medir. Así, el ciclo es una rueda que nos impulsa a emprender mejoras de manera constante.

En no pocas ocasiones hemos oído que estos modelos no generan logros tangibles en los resultados de las organizaciones, que empresas que han recibido un premio posteriormente han cerrado o que hay que actuar sobre elementos más directamente relacionados con el resultado, como las máquinas o los procesos productivos. Sin embargo, existen evidencias de cómo las empresas que aplican dichos modelos tienen mejores resultados y están superado mejor la crisis. La profesionalización de la gestión garantiza para las organizaciones la sostenibilidad futura porque obliga a preguntar a los clientes, desarrollando productos y servicios de valor, a enfocar los esfuerzos en una dirección a través de estrategias claras, a desarrollar el potencial de las personas que forman la empresa y a sistematizar y medir los procesos de negocio y sus resultados.

Son empresas con un nivel de competitividad superior a las de su entorno y competencia. Han puesto en marcha programas de mejora de la gestión que, sin necesidad de grandes inversiones en activos físicos o de emprender reestructuraciones de plantilla, se han colocado con paso firme por delante de las demás. Éste es el camino que deberían seguir todas las organizaciones que quieran garantizar un desarrollo sostenible en el tiempo.

¿CÓMO EMPEZAR?

Los comienzos pueden ser difíciles para las empresas y organizaciones que se enfrentan por vez primera a la mejora de la gestión de manera estructurada. Para facilitar el camino, la mejor opción es apoyarnos en el benchmarking, es decir, preguntar a quien ya lo hace y aprender haciendo. No son necesarios grandes desarrollos teóricos para llevarlo a cabo.

Para ello existen diferentes vías, no excluyentes entre sí. Por una parte las entidades promotoras de la Excelencia proporcionan orientación y formación, así como redes de empresas con experiencia y de consultores capacitados para prestar apoyo en la aplicación de modelos de gestión avanzada. Y las empresas y organizaciones que aplicamos modelos de excelencia, los que hemos comenzado ya el camino de la mejora, estamos siempre dispuestos a compartir nuestras experiencias y a facilitar ideas y formas de hacer a quien se enfrenta a ello por primera vez. Quedamos a vuestra disposición.

 

Daniel Morán Martínez
Sistemas de Gestión e Información en Mutua Navarra.
Miembro del Comité de Evaluadores de la Fundación Navarra para la Excelencia

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