lunes, 22 mayo 2017

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Javier Remirez

Recuerdo de jovenzuelo las informaciones de las cumbres europeas vía informativos de TV (cuando no había ni internet, ni redes sociales, ni wassups,…e increíblemente el mundo giraba) y ver a los dirigentes de la época (Felipe González, Helmut Khol, Jacques Delors o Francois Mitterrand) utilizar palabros como “criterios de convergencia” u otro que me llamaba la atención, especialmente en boca de los líderes del sur de Europa, de evitar la “Europa de las dos velocidades”. Acuñada a principios de la década de 1990, aquella terminología se popularizó durante la fundación del euro para hacer referencia a aquellos países económicamente fuertes, que iban a adoptar el euro, y sus diferencias con los que no lo eran tanto. Finalmente la alta política se impuso y, más allá de desequilibrios (por países de todas las latitudes), la adopción de la moneda única fue común y el proyecto europeo dio su “gran salto adelante” para fortuna de todos en clave de progreso, desarrollo y cohesión social….Feliz periodo que duró hasta la llegada de la brutal crisis que padecemos.

Dicho término me viene a la mente estos días cuando, por un lado, vemos que las cifras macro de la economía española comienzan a conjugarse en términos positivos (y es una gran noticia para todos) pero a su vez convive con una realidad cruda, en forma de dos datos dramáticos ejemplarizantes: las cifras de desempleo y el porcentaje de la población española (y navarra) que viene por debajo o cercano al umbral de la pobreza.

Como ha quedado dicho, es indiscutible que la economía española y navarra está en la senda de la recuperación macroeconómica. Más allá de la teoría de los ciclos económicos (que en trazo grueso significa que es inevitable que tras una crisis – aún brutal como la actual – surja una época de bonanza,…y tras ésta una nueva crisis), nos tenemos que congratular que contemos con cifras positivas en términos de PIB, consumo interno o exportaciones, síntoma sin duda de reactivación económica, a los que ha contribuido el sacrificio de la mayoría de los españoles (clases medias y trabajadoras) que no han creado la crisis; y factores externos muy afortunados como la política pro activa del Banco Central Europeo, la caída del precio del petróleo o la depreciación del euro frente al dólar especialmente.

No obstante, el contraste lo da la realidad micro: entidades como Cáritas o Cruz Roja, o las propias cifras oficiales, nos ofrecen una realidad de una sociedad extenuada por la crisis, con niveles mínimos de ahorro, con amplias capas de la sociedad con una peligrosísima carencia de empleabilidad, o con PYMES o autónomos con actividad ralentizada ante la falta de crédito (por un sistema bancarios que, recordemos, sobrevive con el esfuerzo de todos).

En este contexto es bueno recordar la imagen del sirviente que acompañaba a Marco Aurelio recordándole a través de susurros en su oído la necesaria humildad en tiempo de gloria, la cual es efímera si no de administra correctamente. Quiero decir que es positivo que nuestras autoridades trabajen por la reactivación económica, que hay que reconocer los buenos datos actuales y previstos para el futuro…., pero a la vez que es precisa cierta asertividad con el conjunto de la población, ya sea en Navarra y en España, para que no se confunda el imprescindible optimismo que motiva con el torpe triunfalismo que indigna.

No caigamos en la tentación de mostrarnos satisfechos con la “recuperación macro” que solo centre el beneficio en una minoría, casi nunca productiva y sí bastante extractiva. El reto, en materia socioeconómica, para los próximos años es lograr un consenso básico en torno a políticas responsables, fuera de prácticas populistas, que reactiven la economía, pero convenciéndonos de que no serán completas si no benefician al conjunto de la población. El mayor éxito económico, ya sea para el más neoliberal o el más intervencionista de los economistas, ha de ser contar con un país compuesto por una gran clase media y trabajadora con renta disponible para generar actividad, empleo y recursos para mantener nuestros Estado social, tan sostenible como solidario.

Soy optimista. Desde todos los sectores políticos, económicos y sociales tenemos que despojarnos de ciertos dogmas y perjuicios establecidos, ser audaces e inteligentes, buscando nuevas soluciones para un nuevo tiempo que con toda seguridad será diferente a los que hemos vivido y está en nuestras manos que sea mejor en forma de más prosperidad para el conjunto de la población. Nuestra es la elección.

Javier Remirez Apesteguia

Director de RR.HH. y Secretario de Ideas PSN-PSOE

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