domingo, 28 mayo 2017

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El Parlamento de Navarra ya cuenta con el informe de la Cámara de Comptos sobre la compra-venta de acciones de Iberdrola por la sociedad pública SODENA a partir del dinero que se obtuvo por la venta de CHN, en el que constata que dicha operación ha finalizado con una pérdida de 19,6 millones en euros para la Administración foral. Dicho resultado negativo obedece, según los técnicos del órgano fiscalizador, a que la operación ha tenido una rentabilidad del 1,04 por ciento anual, que “no ha permitido recuperar el valor de la inversión”.

Tras el análisis, la Cámara de Comptos recomienda que los fondos públicos se destinen a inversiones de rentabilidad económica y social, “que son los que corresponde impulsar a una administración pública”, o a proyectos empresariales estratégicos “en los que SODENA fundamenta su misión”.

El informe recuerda que en febrero de 2005 SODENA compró algo más de nueve millones de acciones de Iberdrola, operación en la que gastó 173 millones y que se realizó a instancias del Gobierno de Navarra, que había calificado la inversión como estratégica en el mercado energético. La compra se financió con fondos propios de SODENA, procedentes de la venta de la participación en la empresa Corporación Hidroeléctrica de Navarra, S.A. (CHN).

Entre abril y octubre de 2014, la citada sociedad pública vendió todas las acciones por un importe bruto de 154 millones y un precio medio de 5,35 euros por acción frente a los 7,33 del coste de adquisición, incluida la cobertura. El 80 por ciento de lo recibido por la venta de las acciones se utilizó para amortizar deuda de la propia SODENA y, el resto, como pago en especie al accionista TME 2001 Corpcan S.L. por una operación de reducción de capital de la Sociedad de Desarrollo de Navarra.

En la conclusión del trabajo, los responsables de la Cámara de Comptos recuerdan que en un informe de 2007 ya calificaron la operación como “atípica y no habitual dentro de la política de inversiones de SODENA. Ya entonces recomendaron que objetivos estratégicos como al que se apelaba estuvieran soportados en análisis económicos y objetivos concretos. En este sentido, desde el órgano fiscalizador reiteran ahora que “no consta qué objetivos estratégicos se consiguieron con la compra de acciones de Iberdrola“.

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