domingo, 19 noviembre 2017

Los comités negociadores se reunieron nuevamente en Bruselas la última semana de agosto.

Los comités negociadores se reunieron nuevamente en Bruselas la última semana de agosto.

La de esta semana era la tercera ronda de negociaciones entre Reino Unido y la Unión Europea para acordar cómo será la salida británica, qué factura debe pagar y qué estatus mantendrá tras su abandono de la Unión. Pero pocos fueron los avances y menos aún las concreciones que se realizaron. Así las cosas, no es de extrañar que el resumen de la jornada fueran las declaraciones del negociador jefe de la UE, Michael Barnier, urgiendo a Reino Unido a “ponerse serio”  y recordando que “el tiempo pasa rápidamente”.

Porque, al margen de acuerdos puntuales en algunos temas, hasta la fecha no hay todavía nada en firme, pese a que en un principio se hablaba de octubre como punto de inflexión. Para entonces, debería haber el suficiente consenso como para pasar a una segunda fase en la que hablar sobre cómo será la relación posterior entre ambos. No son pocas las voces que prevén que esa segunda fase no empezará antes de enero. Y, de momento, los hechos parecen darles la razón.

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Factura británica

Uno de los acuerdos fundamentales que se debe alcanzar es la cuantía que Reino Unido debe abonar para hacer frente a los compromisos vigentes hasta la fecha de su salida; en definitiva, su aportación a las distintas políticas y programas firmados antes del Brexit. Esa ‘factura’ es abultada. Pero lo cierto es que Barnier no ha dado una cifra en público de cuánto deberían abonar los ingleses. Desde Bruselas se rumorea que serían entre 60.000 y 100.000 millones. Londres baraja un cheque considerablemente menor, unos 40.000 millones, aunque tampoco se ha pronunciado oficialmente al respecto. Lo único claro es que David Davis, el negociador jefe por parte de Reino Unido, reconoció a principios de mes, por primera vez, que su país “tenía obligaciones” con la UE por los 44 años que ha formado parte de la Unión. Punto. Nada más. Medios británicos reconocen que el Ejecutivo de las islas no quiere ser más claro sobre cuánto estarían dispuestos a pagar para evitar las quejas de los partidarios más duros del Brexit.

La factura que tendrá que pagar RU por su salida es uno de los principales escollos en la negociación

A este respecto, Barnier fue muy crítico en su balance final de ayer sobre esta ronda de negociaciones. “Reino Unido ha reconocido que tiene obligaciones, pero esta semana ha explicado que esas obligaciones se limitarán al pago del presupuesto europeo antes de su salida. Sin embargo, la Unión Europea ha adquirido obligaciones también con terceros países, como por ejemplo la garantía de un préstamo a largo plazo con Ucrania o el apoyo al desarrollo de África, el Caribe y el Pacífico”, recordó Barnier. “Después de esta semana, parece claro que Reino Unido no se siente legalmente obligado a respetar estas obligaciones”, criticó el negociador jefe de la UE visiblemente contrariado. Al parecer, según aseguró Barnier, a estos compromisos financieros no reconocidos por Reino Unido, se suman, además, el programa de apoyo a empresas innovadoras y a infraestructuras verdes. “Con semejante incertidumbre, ¿cómo vamos a construir confianza y comenzar a discutir sobre la relación futura entre ambos?”, se lamentó.

Con todo ello, no es difícil advertir que el balance de Michael Barnier sobre lo que han dado de sí estos cuatro días de negociaciones en Bruselas no fue especialmente positivo. A las diferencias contrastadas sobre las obligaciones de pago, se suman otras de especial calado, como el estatus que pueda tener Reino Unido después de romper con Europa. “Mi mandato –esgrimió Barnier- es proteger el orden legal de la Unión Europea y la integridad del Mercado Único. Reino Unido decidió abandonarlos y respetamos su soberanía, pero una cosa es clara: el Mercado Único, la capacidad de la Unión Europea para regular, supervisar y fortalecer nuestras leyes no se verán socavadas por el Brexit”. En este línea, insistió en que es “simplemente imposible” abandonar el Mercado Único y automáticamente  ver reconocidos por la UE los nuevos estándares y regulaciones que los británicos puedan adoptar. “Eso es lo que piden los papeles británicos, pero es imposible”.

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Ciudadanos  y fronteras

A la necesidad de “construir confianza” entre ambos se volvió a referir el mandatario europeo al hablar de los derechos de los ciudadanos, otro gran escollo en las negociaciones. Saber qué pasará con los europeos viviendo en Reino Unido preocupa sobremanera a Barnier y su equipo. Del mismo modo que garantizar los derechos de los británicos en el resto de Europa es una de las máximas de David Davis, homólogo de Barnier en las islas. “Hemos clarificado unos pocos puntos estos días, pero necesitamos ir más lejos para asegurar sus derechos”, incidió, al tiempo que recordó el incidente de este verano en el que al menos un centenar de ciudadanos europeos residentes en Reino Unido recibió, por error, cartas de deportación. “No es la primera vez que algo así sucede. Cosas así refuerza la necesidad de garantizar los derechos de los ciudadanos a través de la Tribunal Europeo de Justicia, un nuevo punto de desencuentro hoy”, resaltó Barnier. De hecho, Reino Unido ha anunciado en varias ocasiones que no se someterá a la justicia de la Unión Europea tras su salida y parece que, al menos de momento, no ha cambiado de opinión.

En cualquier caso, no todo fueron desencuentros en esta tercera ronda de negociaciones. Barnier aplaudió las “clarificaciones” que se han realizado en “muchos puntos” y los avances, sobre todo, en el tema de la frontera con Irlanda, donde ha habido “progresos reales”. En cualquier caso, insistió en la necesidad de avanzar más rápido para poder llegar a marzo de 2019 con un acuerdo satisfactorio para todas las partes, de presente y de futuro.

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