jueves, 25 mayo 2017

fernando-sanmiguelUno de los temas que cada vez está de mayor actualidad en el ámbito del comercio exterior, y que nos afecta directamente, son las negociaciones que en noviembre de 2011 iniciaron la Unión Europea y Estados Unidos para la firma del tratado de libre comercio, TTIP (del inglés Transatlantic Trade Investment Partnership). La semana pasada tuvo lugar, precisamente, la decimosegunda ronda de negociaciones.

Por la importancia, tamaño e implicaciones del acuerdo entre las actuales mayores economías avanzadas, el proceso no está exento de dificultades y controversia. Además, la complejidad del proceso y de las negociaciones hace que los mensajes hacia la sociedad sean en ocasiones contradictorios y estén muy polarizados, entre aquellos que defienden las bondades del acuerdo y los que temen sus consecuencias, y por tanto, lo critican.

Sin entrar en estas cuestiones, sobre las que se sigue negociando, sí es necesario resaltar la importancia del tratado por sus implicaciones económicas para algunos sectores económicos, muy importantes para la UE y también para Navarra. Es el caso del sector de la automoción y bienes de equipo (aparatos eléctricos y electrónicos y fabricación de maquinaria).

De acuerdo a ORGALIME, la Asociación Europea de Industrias de la Ingeniería, la industria europea es claramente competitiva, y uno de los principales exportadores mundiales (30 por ciento de cuota mundial), también a Estados Unidos, con quien tiene una balanza comercial positiva desde 2002. En 2015, la UE exportó a Estados Unidos bienes de estas ramas de actividad por valor 186,2 billones de euros, el 50 por ciento de su exportación total a EE.UU. Además, el saldo comercial fue positivo a favor de la UE, por valor aproximado de 64 billones de euros. Estas ramas son también muy importantes para la exportación navarra, ya que suponen el 70 por ciento del total (a todo el mundo).

Esto es así pese al gran número de barreras no técnicas y técnicas que existen entre las dos economías que dificulta la entrada de las empresas europeas, y especialmente las más pequeñas, en el mercado estadounidense.

Entre las primeras, el citado organismo sugiere la necesidad de eliminar aranceles, facilitar y homogeneizar los procedimientos aduaneros, lograr una mayor apertura y transparencia en los concursos y licitaciones estadounidenses, eliminar la aplicación extra-territorial de la regulación estadounidense en lo referido a bienes de “doble uso”, la normativa de origen, o facilitar la movilidad de personal ligado a servicios de mantenimiento post-venta, frecuentes en el sector de las ingenierías y bienes de equipo.

En cuanto a las barreras técnicas, se destaca la escasa adopción de estándares internacionales por parte de EE.UU., así como las diferencias y complejidad de los procesos de certificación de maquinaria y aparatos eléctricos. La dispersión y variedad de agencias y organismos de certificación en Estados Unidos (que pueden variar entre estados), complican y dificulta la entrada de empresas extranjeras, y en particular las europeas.

Por ello, el TTIP supone una oportunidad (fallida en anteriores intentos de negociación) para eliminar, o al menos avanzar en la reducción de dichas barreras, y con ello facilitar la entrada y mejorar la capacidad competitiva de nuestras empresas en Estados Unidos. El mensaje es claro: “Si pese a estas dificultades nuestra industria es competitiva, cualquier avance hacia su reducción, será positivo para nuestra economía”.

 

Fernando San Miguel Inza
Estudios Económicos y Proyectos Europeos
Cámara Navarra de Comercio e Industria 

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