jueves, 19 octubre 2017

Que un medio de comunicación muestre a la sociedad la existencia de que todavía hay buenos ciudadanos que devuelven un dinero, siempre ajeno,  a sus atribulados dueños, es sin duda una muy buena noticia. Sin embargo, uno no termina por convencerse y asiente cuando los protagonistas responden, convencidos que su acción ha sido algo natural, instantánea y libre de esfuerzo alguno.

Por otro lado, estos últimos días, han sido varias, exagerando un poco para mantener el interés de este escrito, las veces que me he preguntado por cómo será hoy la vida de ciudadanos como Felix, Esteban, Iñigo y Francisco, por sus mujeres o parejas, sus hijos, sus familiares, su círculo de amistades, sus compañeros de trabajo, sus respectivas mascotas, etc, etc, etc.…

Tengo claro que los ciudadanos con principios y valores son sin duda personas conscientes, sabedoras del por qué de las cosas y del por qué hacerlas bien, personas  que no van por libre, que siempre actúan con una especie de obligación natural, dejando su impronta de una manera u otra en todo aquel que les rodea y en todo aquello que hacen. Personas que perduran.

¿Qué, quién demonios son Felix, Esteban, Iñigo y Francisco?, pues son ciudadanos como usted y como yo, me imagino que con sus virtudes y sus miserias, con sus luces y sus sombras como todos, en definitiva simples mortales. Sólo que ellos, un buen día y fruto de una muy buena relación, con la patronal unos, otro con algún partido político y el otro con un sindicato que pasaba por allí, fueron nombrados consejeros de una entidad bancaria de moda pasando a mejor vida.

No debería de haber mayor acción social y realización personal por parte de un ciudadano que la creación de empresas”

Creo que tenemos que tener claro también que las empresas, son un ecosistema, un ecosistema económico y que como tal está formado por personas, en el que unas interactúan con otras y las acciones de unos y otros se complementan para alcanzar unos objetivos marcados. A mí sí me preguntan por el mejor activo que tengo en la empresa siempre respondo que las personas que lo forman son mi mejor activo, sin duda alguna y que algo estaremos haciendo bien.

No debería de haber mayor acción social y realización personal por parte de un ciudadano que la creación de empresas, entendidas como entidades con responsabilidad social, con una fuerte dimensión ética en su misión, en sus valores y por lo tanto en su cultura, sin dejar de lado, claro está, la rentabilidad económica y el beneficio para su empresario fundador y los accionistas que creyeron en él.

Félix, Esteban, Iñigo y Francisco, no serían nombrados en este escrito, si no fuera porque, de los ochenta y tantos consejeros y directivos de la entidad bancaria de moda a los que se les dotó de una tarjeta opaca, la famosa tarjeta black libre de impuestos para gastos personales, fueron los únicos que no utilizaron dicho artilugio, ni siquiera las activaron, simplemente las guardaron en el cajón, ¡o quizás alguno olvidó que la tenía!

Es formidable que en el aquelarre del despilfarro de aquellos años, los ochenta y tantos flamantes consejeros tiraran de tarjeta en alto, por el simple hecho de gastar, mientras Felix, Esteban, Iñigo y Francisco no bailaban, se excusaban con un dolor de pierna, una jaqueca, una falta de dominio del contorneo o un simple orzuelo. Y a ti José Mari que eras el quinto por la cola, ni te menciono, porque aunque gastaste poco en comparación con el resto, bailaste y punto. ¿Es formidable o debería  de ser algo natural?

Necesitamos que los empresarios influyan en las políticas económicas de los gobiernos de turno”

Los buenos empresarios con reputación, ya que invierten en la comunidad y parte del beneficio revierte en la sociedad por propia responsabilidad, no deberían de estar solos, la ética personal de los gobernantes y sus políticas deberían de respaldarles. Asimismo debería de desaparecer el clima desconfianza, que favorece el trabajo de quienes se apoyan en ella sin criterio, que limita actuaciones, futuras inversiones, generación de riqueza, puestos de trabajo, bienestar social. Hay que eliminar la desconfianza que hay entre el empresariado y el  gobierno, entre los trabajadores y la  patronal, de todos con todos y todos con ninguno. Mucho hay en el debe y poco en el haber.

Necesitamos que los empresarios influyan en las políticas económicas de los gobiernos de turno, y necesaria la existencia de  una corriente de información ágil y fluida  entre ambos, todo ello sustentado por unos fuertes cimientos de responsabilidad social corporativa, de ética personal y enfocado a los  retos económicos y sociales.

De Felix, Esteban, Iñigo y Francisco no he vuelto a saber nada de ellos, no quisiera creer que respiren aliviados por su olvido en el cajón, quiero creer que de los ochentaytantos consejeros, cuatro actuaron éticamente y viven tranquilos aconsejando a otras empresas a ser responsables socialmente, ayudando a generar riqueza y apoyando a reducir la tasa de desempleo, que en definitiva es de lo que se trata. Un buen final ¿no les parece?

Juanjo Velázquez Goya

Consultor fiscal y contable

Ático Asesores

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