jueves, 19 octubre 2017

natalia-saraLas palabras tienen sus modos y sus modas. Hemos vivido (y seguimos inmersos) en un tsunami lingüístico anglosajón (veáse, ahora todo es, por ejemplo, management eco-friendly, business engagement, networking, coworking, cobranding, elearning, mentoring, personal branding, planner know-how, etc.) y, en otro, por términos de contenido: ahora todo tiene que estar ligado a la “innovación”, al “emprendimiento”, a la “colaboración”.

La última gran palabra en sumarse entre las más repetidas y aludidas en todo tipo de evento, conferencia, charla, formación, actividad, proyecto…, del tipo que sea, es: “Personas”. Ahora –cual milagro, como si nunca antes lo hubiesen sido o se hubiese caído en la cuenta de ello- nos aconsejan “volver los ojos” a lo que de verdad siempre ha sido lo importante y el ingrediente ¿secreto? de que funcione desde una empresa a una organización, pasando por cualquier implantación de política gestora y administrativa: las personas. 

No hay nada más importante ni nada más relevante en esta cuarta revolución industrial en la que empezamos a estar inmersos – por un mundo que deviene en un darwinismo digital, marcado por las nanotecnologías, la inteligencia artificial, los drones y las impresoras 3D- que los hombres y las mujeres, como componente afectado y como elemento imprescindible para llegar a un desarrollo eficaz y sostenible. De la individualidad al equipo como camino de supervivencia y de éxito.

Que hablemos tanto de personas en todos los ámbitos (yo lo hago e insisto en el management de comunicación y marketing), que se reoriente y ponga el foco en ellas, es reflejo de que algo falla, y mucho, a la hora de la verdad hoy día en las empresas, en las industrias, en las organizaciones e incide en su productividad y su futuro: el componente personas no se ha tenido en cuenta como debería, y, si se ha hecho, ha sido bien poco

Y ahora estamos en fase alerta, en modo caza y retención del talento, en búsqueda de la  máxima eficiencia productiva y en modo adaptación al cambio digital y cultural que se avecina. Y miramos hacia ellas, las personas, y lo hacemos con otros ojos. No con los de ser “mano de obra”. Nunca se había puesto tan en valor a las personas que integran cualquier tipo de organización, ni al poder que tienen, que tenemos, y del que todavía no somos muy conscientes. ¿Por qué? ¿Será cierto que de una “cultura mercenaria” dominada por el dinero vamos pasando a una más humanista aunque sea por pura necesidad ante el desafío tecnológico que vivimos? Poner el foco en ellas viene de la mano de nuevas e imprescindibles maneras de entender el desarrollo económico, la creación de riqueza, el ejercicio del liderazgo y el emponderamiento social.

Cuanto más se tiene en cuenta a las personas en una organización, más implica tomarse en serio el relevante papel de la comunicación dentro de ella y con cada persona. No es casual que de manera paralela, las habilidades comunicativas sean ya las principales demandadas en todo tipo de puesto y sector, por encima incluso de las técnicas. Es necesario dentro del marco de desarrollo de competencias para ser funcional en este nuevo mercado global. Los resultados dependen del grado de nivel de foco que se ponga en las personas y de cómo estas respondan. Esa tan referida transversalidad a la que se aspira sólo es posible llevarla a cabo con una visión y acción comunicativa que implique a todos.

Hay una frase del libro “Aprendiendo de los mejores” de Francisco Alcaide rotunda: “Las empresas no hacen nada, lo hacen las personas que trabajan en ellas”. ¿Eres tu propio jefe? ¿Tienes a tu mando a otras personas? ¿Diriges algún equipo? ¿Tienes un cargo directivo? ¿Quieres sacar adelante algún tipo de proyecto?Entre el 30-40% de los resultados del negocio dependen del clima laboral y, de ese porcentaje, el 70% depende del jefe inmediato. Ahí es nada.

Si un negocio existe para hacer mejor o más fácil la vida de la gente (y con el ganar dinero, por supuesto) es de lógica que se empiece por quienes son su activo más importante y hacen posible que salga adelante: empleados, trabajadores, colaboradores. Se ha hecho click en ese aspecto y no hay vuelta atrás, máxime cuando ya ha datos científicos de lo que todos presuponíamos – como los del IOpener Institute de Oxford – de que un trabajador optimista, creativo, flexible y empático es más productivo…y más feliz.

Siempre hacen falta personas y ahora una nueva visión de ellas dentro de la organización para gestionarlas y hacerlas partícipes, lo que supone invertir en ellas y modificar el tipo de relación en el ejercicio profesional laboral. Son clave relevante para el progreso, más que nunca. Quien no lo tenga presente como gestor, como político, como empresario, como emprendedor, como profesional con hechos, no con palabras,…. está fuera del nuevo mapa de oportunidades y, su error, nos pasará factura a todos como sociedad hiperconectada y en continua retroalimentación en tiempo real en la que ya vivimos. Nos jugamos mucho. Sea bienvenida (¡por fin!)  la mentalidad de: las personas, lo primero.

Natalia Sara
Asesora en Comunicación Estratégica y Gestión de Crisis
@nataliasara2

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