viernes, 28 julio 2017

jose-ignacio-callejaDurante los últimos años, he oído hablar mucho del “Sector Agroalimentario de Navarra” a todo tipo de personas. Unas, que sabían de que hablaban y otras que, simplemente, lo hacían de oídas. Y me ha parecido que, dependiendo de quién hablaba, teníamos un sector conformado de una forma u otra. Intentemos aclararlo.

Es indudable la importancia económica del sector agroalimentario para la economía de nuestra comunidad, por su aportación al PIB; por el número de puestos de trabajo que se generan, tanto de forma directa como de forma indirecta; por el arraigo poblacional que crea en nuestro entorno rural, tan desfavorecido; etc. En eso, creo que todos estamos de acuerdo, pero las discrepancias surgen cuando se habla del modelo de sector que nos conviene. Porque parece ser que solo puede existir un modelo y eso no es así.

Indudablemente, no todo lo que se ha hecho hasta ahora se ha ejecutado bien. Sin embargo, nos ha servido para que estemos en estos momentos hablando de lo importante que es este sector para nosotros, además de uno de los más punteros a nivel nacional.

Pero analizando detalladamente la realidad, vemos que nuestro sector agroalimentario está conformado por dos modelos claramente diferenciados: un modelo extensivo y otro intensivo. Es decir, de diversidad y contraste, tal y como lo es nuestra orografía

Si trazáramos una línea imaginaria de Este a Oeste que pase por Pamplona, en la zona norte nos encontramos el modelo extensivo que genera pequeñas explotaciones de producción primaria que, a su vez, se acompañan de micro empresas transformadoras que ponen el producto final en el mercado, unos mercados que indudablemente deben ser proporcionales a este tipo de empresas.

En el sur, el modelo es intensivo y de explotaciones más grandes orientadas a generar productos más diversos y que llevan aparejadas unas industrias transformadoras más grandes con producciones más amplias y que optan por otro tipo de mercado de mayor calado tanto nacional como internacional.  Éste es nuestro sector y es el que hemos hecho y promovido hasta ahora. A partir de este momento, solo debemos pensar en qué tiene que ser y en cómo queremos conseguir que llegue a serlo.

Personalmente, y sabiendo que lo argumentado hasta ahora tiene un alto condicionante de simplicidad, apuesto por dos modelos de desarrollo con reflexiones estratégicas distintas, uno para cada tipo de sector, porque los dos son importantes. El extensivo, por su aportación social a una forma de vida en el interior de nuestros valles y porque sin él no habría posibilidades de estuvieran habitados.

Frente a esa primera realidad, el intensivo por su gran potencial de generación de riqueza económica y de puestos de trabajo. Y los dos por su aportación al reparto de la población a través de todo el territorio, generando un arraigo a nuestros núcleos rurales que, sin ellos, sería muy difícil de conseguir.

Por lo tanto, si nos ponemos a hablar de futuro, hagámoslo en un foro donde podamos contrastar opiniones para cada uno de los dos tipos de sectores de nuestra región, no caigamos en errores del pasado

Habría que pensar que hablar de crecimiento en las explotaciones primarias y mejorar estructura de las transformadoras en el modelo extensivo no quiere decir que tengamos que romper su idiosincrasia, sino que simplemente nos tenemos que adaptar a los tiempos modernos.

Igualmente, también cabría una reflexión aparte sobre la aplicación de nuevas técnicas, tecnologías e infraestructuras. Si podemos conseguir mejorar la llegada de sus productos a los mercados de cercanía y que esta cercanía se pueda ampliar un poco para poder generar mejores condiciones de calidad de vida de las personas que componen ese modelo de sector.

Y, sobre todo, habría que incidir en la idea de que hablar de aumento de producciones, de tipos de cultivo, de tecnificación en las explotaciones intensivas lo que genera es un mayor aporte productivo para que las transformadoras puedan incrementar su inversión tecnológica, aumentar su producción y con ello sus puestos de trabajo cualificados para dar así alternativa a una población que, de otra manera, no lo tendría.

Si para alcanzar todos esos resultados, se necesitan unas infraestructuras determinadas habrá que plantearlas y ver si realmente son necesarias o no para este otro tipo de sector.

En definitiva, veamos doble, pensemos de forma polivalente, porque nuestro sector agroalimentario no es uno, sino dos.

José Ignacio Calleja
Director-Gerente de CONSEBRO

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