lunes, 29 mayo 2017

Siempre me ha gustado buscar el origen de las palabras, su etimología. Al hacerlo, descubro muchas veces como una palabra no significa realmente lo que creía que significaba, o como el tiempo y el uso de la misma han distorsionado su esencia. Para ello suelo utilizar un diccionario que me regalo un buen amigo, el Diccionario General y Técnico Hispanoamericano de D. Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco, editado en Madrid en 1919. Este diccionario es uno de mis mayores tesoros y la descripción etimológica que hace de cada una de las palabras es magnífica. Al ser un diccionario que tiene ya 95 años mucho términos actuales no se encuentran.

Esto me ha ocurrido esta mañana. Buscando el origen etimológico de “líder” descubro que en mi viejo diccionario no aparece. Recurro entonces al diccionario de la RAE y entonces caigo en mi torpeza. El término líder es un anglicismo relativamente moderno. Del inglés “leader”, guía: persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora.

Prosigo con mi pequeña investigación y busco “guía” y “guiar”. Según la RAE: Aquello que dirige o encamina. Persona que encamina conduce y enseña a otra el camino. Persona que enseña y dirige a otra para hacer o lograr lo que se propone. Guiar: (de origen incierto) Ir delante mostrando el camino.

Mi viejo diccionario coincide plenamente.

¿Y a que viene toda esta búsqueda? Viene a que estoy aburrido de escuchar el uso distorsionado que se está dando al término “líder” y en su defecto a “liderazgo”. Estamos viviendo la burbuja del liderazgo donde reducimos todo a un conjunto de herramientas y habilidades imprescindibles, hoy en día, dentro del mundo empresarial. Cursos, talleres, formaciones, conferencias, artículos, libros, y películas alimentan esta burbuja que nos dice que, o eres un líder, o no tienes nada que hacer.

Todos somos líderes en potencia. Pero ser un líder no significa ser un buen líder. Es más, solo tenemos que observar nuestro entorno político para ver como la mayoría de estos líderes no son buenos en absoluto, pero siguen siendo líderes, guías que conducen a sus seguidores. Que sean buenos o no, que sepan guiarlos o no, o que sus seguidores se sientan satisfechos de cómo se les lidera, es otra historia. El núcleo de la cuestión esta en el adjetivo “bueno”. Entendemos el liderazgo como algo esencialmente bueno. Le hemos atribuido un halo positivo. Hablamos de habilidades de liderazgo, herramientas de liderazgo, formación en liderazgo, y esto en el fondo no significa nada, ya que ser un líder es ser un guía, nada más. Y como guía, puedo ser bueno o malo. Y de mi capacidad como guía resultará que mi equipo llegue a buen puerto o no.

Por otro lado ¿qué o quién es lo que hace un líder? Seguro que alguna vez habréis escuchado la frase “no es el pastor el que hace a las ovejas, las ovejas son las que hacen al pastor. Sin ovejas no habría pastor.” ¿El líder hace al equipo o el equipo hace al líder? Sin equipo, seguidores, no habría líder. De qué me sirve ser líder, incluso buen líder, si no tengo equipo que guiar.

Además, ¿qué estamos pidiendo hoy a nuestros líderes? Esto es lo que les pedimos: credibilidad, esperanza, pasión, humildad, simplicidad, comunicación, cercanía, confianza, cooperación, complementariedad, anticiparse al cambio, tener buenos contactos, dejar el pasado, vivir el presente y adelantarse al futuro. No, no me lo he inventado. Es un breve resumen de algunas de las “habilidades” que los gurús del liderazgo nos dicen que deberíamos tener como líderes.

Y esto me lleva a una tercera cuestión. ¿Queremos buenos líderes o queremos súper héroes? Somos personas normales con nuestras virtudes y nuestros defectos. Buenos profesionales cuya tarea, en ocasiones, es guiar a un grupo de personas, hacer equipo y entre todos, lograr objetivos.

Dejemos a un lado definiciones, adjetivos, características, habilidades y herramientas que nos obligan a estar en continua tensión y búsqueda, solo porque nos han puesto un listón inalcanzable. Saquemos partido a nuestro bagaje vital y profesional para poder ser buenos líderes. Es decir, “buenos guías” de nuestros equipos, y así poder encaminarles, conducirles y enseñarles el camino a seguir. Enseñarles y dirigirles para hacer o lograr lo que nos propongamos como equipo. Todos somos líderes. No perdamos el tiempo rebuscando como hacernos alguien que ya somos.

Ahora bien, nuestra capacidad innata como líderes podemos mejorarla. Podemos potenciar nuestras virtudes así como minimizar y corregir nuestros defectos. Busquemos. Mejoremos. Pero que la búsqueda no nos esclavice ni condicione, y sobre todo que no nos paralice. El liderazgo tal como lo entendemos y enseñamos está cambiando. Está surgiendo una nueva forma de enfocar, comprender, ver y aprender a ser líderes. Pero de esto hablaremos otro día. Mientras tanto, recomiendo el libro de Pino Bethencourt Gallagher, “Líderes de Mierda”, que podéis encontrar en www.amazon.es

Alfonso Pérez Azcárate

 

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