lunes, 24 julio 2017

¿Por qué hace falta una perspectiva de género? Porque se ha demostrado que hacemos las cosas de forma diferente y eso hace que nuestras necesidades legales y formales sean distintas

Mentor-Coach de desarrollo personal y profesionalHay que reconocer que es difícil elaborar un Plan que contemple diferentes necesidades intentando mantener “la igualdad” o la equidad entre géneros.  La dificultad se acrecienta cuando no tenemos datos desagregados por género o ubicación geográfica, dentro del apartado concreto al que hace referencia el plan.

Sin embargo, muchos son los datos aportados procedentes de fuentes dispersas que hacen hincapié en las necesidades específicas del Trabajo Autónomo desde una perspectiva de Género. Y todos ellos se ven enriquecidos por las experiencias compartidas en la jornada.

La forma importa. Importa que los planes y el marco legislativo tengan presente la diferencia y que nos igualen formalmente en derechos y obligaciones. Sin embargo, importa más todavía cómo se vive y el impacto que tiene su aplicación, porque de ello dependerá la eficacia de las medidas adoptadas.

Más allá de lo formal es imprescindible trabajar sobre lo que subyace a esa forma externa: lo que va por debajo, la esencia. La esencia, la diferencia en el “desde dónde” y el “para qué”, es lo que a mi entender marca la diferencia y apunta a otras necesidades.

He trabajado y trabajo acompañando proyectos emprendedores y de auto-empleo, ayudando a quienes los promueven a definir mejor su visión y hoja de ruta. Y, aunque ambos lidiemos en el mismo marco formal legal, económico, social o sectorial, constato que no se emprende ni trabaja, igual desde lo femenino que desde lo masculino. La mayor parte de las diferencias traspasan incluso las fronteras geográficas y culturales.

Entre otras, estas han sido algunas de las pinceladas que hemos podido ver en la jornada:

  • He acudido a cientos de jornadas empresariales y sólo en las dedicadas al género y/o a la mujer, se habla de hijos, conciliación, o atención al dependiente. A nosotras nos importa. Es “muy nuestro”, lo asumimos rápidamente como parte de “nuestras responsabilidades”.
  • Desde lo femenino damos importancia al cuidado, al bienestar emocional, a nuestro entorno cercano, a la intuición, a todo aquello que nos une, a la creatividad, la comunicación, a pensar, sentir… La conciliación no es una cuestión, sino parte de nuestro modelo de negocio.
  • La relación con el dinero es también distinta y en muchas ocasiones nos cuesta cobrar lo que valemos, nos da la impresión de que “nos dan” el dinero. A veces se nos olvida que nos lo ganamos, con frecuencia nos aterra el tener que gestionarlo. La relación de lo femenino con el dinero es intrincada. Ancestralmente era el varón quien debía proveer. Es difícil borrar siglos de historia en una generación.
  • Al acceder al “mundo del trabajo” nos sumamos a un mundo estructurado por varones. Al intentar “dar la talla” en muchos casos terminamos por dejar en casa nuestra parte femenina para salir a la jungla y ser más machos que el más macho… Nos subimos a los tacones y fingimos en muchos casos que nos importaban el dinero o la jerarquía. Pero cuando llega el momento de escoger “entre los míos o el dinero”, lo femenino siempre escoge a los nuestros. No sé si es un techo de cristal. Es nuestra decisión.
  • La mujer acude con frecuencia al trabajo autónomo como recurso para poder ocuparse mejor de su entorno más cercano. Otro factor diferencial que, según mis impresiones, no ocurre con los varones.
  • Cuando nos planteamos emprender una actividad remunerada, valoramos el desarrollo personal, el bienestar del entorno y la creatividad que nos permite..
  • Cuando nos proponemos un modelo de negocio lo vemos crecer despacito sin grandes apalancamientos o ambiciones y lo apapachamos con esmero, viéndolo crecer con satisfacción de madre, no de gerente.
  • Todo lo que hacemos con mimo de fémina queda fuertemente anclado en nuestra tierra, en nuestro entorno más cercano, lo cual genera riqueza allí donde surge la iniciativa.
  • Delegar… Es una de esas tareas que todavía tenemos que aprender. Y es difícil contratar a alguien que “nos cubra” cuando nosotras abarcamos casi todo.

Desde lo femenino, en definitiva, activamos cualidades más vinculadas al hemisferio derecho del cerebro. Obviamente necesitamos del hemisferio izquierdo, que nos devuelve a “la realidad”, la acción y el proceso, para hacer realidad el proyecto. Pero ése es el orden y no el inverso.

Desde lo femenino tendemos a soñar y gestar los proyectos, más que a visualizar y planificar su desarrollo. Por eso es tan difícil idear un Plan que contemple esos vínculos tan estrechos y los ordene desde una lógica de secuenciación, proceso y acción.

Tengo para mí que el mundo del trabajo necesita ese cuidado, esa empatía, esa raíz, esa intuición… que cada emprendimento o auto-empleo en femenino rescata y saca a la luz. Desde donde yo lo siento, al trabajar “desde otro lugar” y con “otras aspiraciones”, son diferentes los apoyos que necesitamos para sobreponernos a las dificultades, también distintas, con las que vamos a encontrarnos.

Conviene fundamentalmente trabajar sobre cuestiones de fondo como la relación con el dinero, la delegación, y la valoración o estima personal, para conseguir mejores resultados

Creo que, como profesionales, estamos obligadas a aportar nuestra creatividad y peculiar visión del trabajo autónomo para humanizar y transformar el mundo del trabajo. No sólo viviremos mejor nosotras, sino que también redundará seguro en beneficio de todas… y de todos.

Marta Martínez Arellano
Experta en Desarrollo Personal y Ejecutivo
Miembro de la red internacional BVC® de gestión por valores

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