viernes, 20 octubre 2017

María Jesús ValdemorosLa salida del Reino Unido de la Unión Europea (el famoso ‘Brexit’) ha supuesto un ‘shock’ no sólo para gran parte de los británicos y de los europeos. También lo ha sido para la economía global, como lo demuestra la reciente revisión a la baja que el FMI ha hecho de sus previsiones de crecimiento del PIB. Además, probablemente veamos en el futuro nuevas consecuencias de esta decisión que el Reino Unido tomó en referéndum. En ese sentido, quisiera hacer aquí tres reflexiones.

En primer lugar, el Brexit pone de manifiesto que, en contra de lo que algunos piensan, la globalización no es un fenómeno irreversible.

Si definimos globalización como el proceso por el que los países incrementan su interdependencia de la mano de flujos cada vez más importantes de personas, ideas, mercancías y capitales, hemos de identificar las fuerzas que la impulsan para poder entenderla. Y son dos fundamentalmente.

Por un lado, el avance científico y tecnológico, que resta importancia a las distancias físicas acercando así a países y ciudadanos. Cabe suponer que este avance continuará. Pero la segunda de las fuerzas comienza a dar síntomas de agotamiento. Se trata de la voluntad política para reducir y eliminar otras barreras distintas de las físicas, pero que distancian a las naciones y a las personas.

El ‘Brexit’, el auge de partidos xenófobos, los llamamientos a políticas proteccionistas en Estados Unidos y otros países o el temor al terrorismo son algunos de los factores que están revirtiendo las políticas aperturistas y de integración de las últimas décadas. Ese es el escenario que nos vamos a encontrar en el futuro inmediato.

La segunda reflexión hace referencia al peso de los argumentos económicos en debates como el que se vivió en Reino Unido antes del referéndum.Creo que dicho peso fue cercano a cero.

Citi - LondresEs cierto que se manejaron algunas cifras referidas al impacto que la salida podría tener en grandes macromagnitudes, como el crecimiento del PIB. Pero estos datos son difíciles de incorporar a un debate cuyo fondo es mucho más pasional que racional. En todo caso, se adoptan en tanto que respalden una posición ya tomada, y se rechazan o ignoran si son contrarios a la opinión ya formada. La sobreabundancia de análisis e información que hoy nos rodea gracias a las nuevas tecnologías ofrece muchos datos entre los que elegir. Por supuesto, a ello ayudó el populismo con que algunos políticos manejaron su discurso, incluyendo además cifras falsas acerca de la aportación neta de Reino Unido a la Unión Europea.

En pocas palabras, no somos tan racionales como nos gusta creer. Seamos al menos conscientes de ello y tengámoslo en cuenta para cualquier otro debate semejante.

Para terminar, una última reflexión conectada con la anterior. Prácticamente cuando los resultados ya apuntaban al triunfo del “Exit”, analistas, especialistas y encuestas seguían apostando, como lo habían hecho las propias casas de apuestas, por el triunfo del “Remain”. Como demuestran los estudios de Philip Tetlock, la probabilidad de que los expertos acierten en su diagnóstico y previsión de acontecimientos sociales y políticos de gran relevancia o repercusión es prácticamente la misma que tendría dejar el pronóstico al azar.

Y es que a diferencia de los acontecimientos del mundo físico, lo que ocurre en los planos social y político es imprevisible dado el sinfín de factores que influyen. ¿Cómo prever, por ejemplo, que las previsiones de un triunfo del “Remain” podrían haber ayudado al triunfo del “Exit”? Algún experto se ha justificado diciendo que, confiados en que nunca podría triunfar la opción de la salida, tal vez muchos partidarios de la permanencia ni se preocuparon en votar. Irónico que se pueda justificar el error en la previsión como resultado del poder de convicción de la misma.

En cualquier caso, aprendamos a tomarnos con cierto escepticismo las previsiones expertas que explican igual de bien sus aciertos y sus errores.

 

María Jesús Valdemoros Erro
Economista

 

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