viernes, 25 mayo 2018

Un 8 de marzo diferente: hagamos que sea trascendente

La autora explica por qué este Día Internacional de la Mujer Trabajadora puede suponer "un antes y un después" en la lucha contra la brecha salarial, la precariedad laboral y la violencia de género.

Redacción
Pamplona - 7 marzo, 2018

eva-perujuanizEste 8 de marzo llega con más fuerza que otros. Es más, espero, que marque un antes y un después ya que se plantea como un día de reivindicaciones en el ámbito del empleo y, también, en el espacio de los cuidados y el consumo.

El objetivo: visibilizar el trabajo que hacemos diariamente las mujeres en las esferas pública, laboral y familiar-asistencial y, por encimar de todo, dejar patentes tres grandes lacras: la brecha salarial, la precariedad laboral y la violencia de género. Elementos demasiadas veces conexos y con una misma raíz de fondo.

En Navarra tenemos uno de los salarios medios más altos de España pero también la brecha salarial más elevada.

El problema de hacer “medias” con los salarios es que ocultan la realidad. La “media” tratándose de salarios, no es un dato  muy “real”. Que una persona cobre 60.000 euros anuales, y otra 15.000, y con ello hagamos una media, no es muy “justo”. La realidad no es que Pedro y Julia estén de media “bien”, en verdad Pedro esta de maravilla y Julia “las pasa canutas”. Otorgo estos nombres no por casualidad sino porque es el común denominador a lo que sucede.

Y en Navarra además la brecha salarial entre hombre y mujeres es la más amplia de España según los datos de la última encuesta de estructura salarial (año 2014), concretamente es de un 29,65%, cuando la media del conjunto del estado se sitúa en el 23,25%. Datos en cualquier caso demasiado altos.

El género marca diferencias y, en esta salida de la crisis, las mujeres salen peor paradas que los hombres.

La media salarial es una cifra que no nos “consuela”.

Aunque la brecha salarial no es un problema de esta comunidad autónoma ni de Europa ni de España, es un problema que atraviesa de raíz todas las sociedades y países. El salario es importante porque de él depende directamente la calidad de vida de las personas, su nivel de independencia y sus posibilidades. Es por ello que acabar con este fenómeno es una prioridad. El porqué de la brecha lo sabemos, las jornadas parciales, el “techo de cristal”, la ocupación mayoritaria en sectores peor pagados, la mayor presencia en los contratos fijos discontinuos, la valoración desigual de los puestos de trabajo, discriminación salarial indirecta, y un largo etcétera. Y es que enlazamos con el siguiente objetivo, la precariedad.

La mayor precariedad recae sobre las mujeres, la crisis ha agudizado esta realidad.

Algunos datos, el descenso del paro registrado en el último año es el doble en los hombres que entre las mujeres, hablando de datos a nivel nacional. Esto que hace, perpetuar la feminización del desempleo. Con la recuperación se ha frenado la participación de mujeres en el mercado de trabajo reglado, y es que también se evidencia claramente la brecha de género en el acceso al empleo. Acumulan en mayor medida los contratos de más corta duración y por desgracia un largo etcétera. Y es que no todas las personas están saliendo por igual de la crisis, y en este caso resalto, el género marca diferencias claras en la recuperación económica, las mujeres salen peor paradas.

El sistema patriarcal es transversal y ha impregnado su sello en todo. ¡Apliquemos la corresponsabilidad de verdad!

La violencia de género, la peor consecuencia posible de la desigualdad sigue.

Hace poco vi un reportaje sobre un campo de personas refugiadas dónde un médico de intervención decía “lo que más me “enferma” de cuando se habla de muertes, de enfermedades, etc. y se ponen cifras, tantos muertos, “X” enfermedades es que no se ve el problema de verdad, las personas que hay detrás, que tienen un nombre, una vida, respiran, sienten…” decía. Y es verdad, la violencia ejercida contra las mujeres es “brutal” escucharla en cifras, pero ello no descubre la realidad de quienes la sufren o la han sufrido.

La violencia de género aunque es una lacra que afecta a todos/as por igual, en situación o riesgo de exclusión social se es más vulnerable ante ella. Es por eso importante trabajar desde el “empoderamiento” a nivel personal, pero desde luego trabajar en el ámbito de lo laboral.

El descenso del paro ha sido el doble en hombres que en mujeres, feminizando el fenómeno del desempleo.

Todas las personas a nivel individual y colectivo, instituciones, partidos políticos, empresas, medios de comunicación, etc. somos en alguna medida responsables de lo pasa.

No olvidemos que el sistema patriarcal es desgraciadamente “transversal” y ha impregnado su sello en todo, en el lenguaje, ¡utilicemos un lenguaje inclusivo!, en el trabajo familiar y doméstico, ¡apliquemos la corresponsabilidad de verdad, también en el peso de la responsabilidad!, en el laboral, en cada una de las políticas activas que definimos, ¿son de verdad igualitarias?, en los convenios laborales que firmamos, en cada clausula, etc.

Todo cuenta, absolutamente todo y todo es importante, todo

No caigamos en la tentación de decir; “otras cosas son más importantes”, “esto realmente no afecta”, etc. frases con las que permitimos y toleramos la desigualdad, ¡no lo hagamos más! seamos responsables de la igualdad.

Eva Perujuániz Bermúdez
Socióloga

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