viernes, 28 julio 2017

carlos-medranoValonia, pequeña región de Bélgica, estuvo a punto de vetar el acuerdo de libre comercio con Canadá.  En dicho acuerdo se pretende reducir el 99% de las trabas aduaneras. No se podrá cantar victoria hasta que los 28 estados miembros lo ratifiquen. ¿Habrá sorpresas?

El ambiente no es favorable a este tipo de acuerdos. También se están organizando manifestaciones en muchas ciudades de Europa contra las negociaciones para la creación de un área de libre comercio con Estados Unidos. Alegan oscurantismo en las negociaciones, la introducción de transgénicos, más contaminación por los transportes, y las siete plagas de Egipto.

Esto ya lo hemos vivido en España antes de ser “europeos”. Recuerdo aquella época en la que los camioneros españoles eran atacados por los “proteccionistas” franceses. Distintas industrias tampoco quisieron la entrada en la UE. Tantos años de subvenciones y aranceles crearon empresas  con atrofia muscular. Y es que se vive muy bien teniendo un mercado cautivo.

“Nadie es economista si es proteccionista” dijo el primer profesor de economía de la historia W. Nassau Senior. El libre cambio, al hacer bajar los precios, incrementa el poder adquisitivo general, mientras que el proteccionismo, al impedir la competencia, favorece a unos sectores determinados. Es decir que hay unos ganadores (protegidos) frente a unos pagadores (el resto de la sociedad)

Los movimientos anti globalización señalan a la mano negra que domina el mundo: los lobbies. Esos súper ricos que deciden sobre nuestras vidas en oscuros despachos llenos de humo. Volviendo al año 1985 recuerdo como algunos nos atemorizaban con las consecuencias de entrar en la entonces Comunidad Europea. Pintaban una España dominada por las grandes multinacionales europeas, sin industria ni agricultura. El miedo es un potente dominador de masas.

Pero, resulta que también existen los lobbies de la otra parte. Lobos que cubren sus intenciones con un vellocino de buen rollismo y algún porrito. Líderes subvencionados por aquellos sectores ineficientes que harán todo lo posible por evitar que se les vean las vergüenzas. Su incapacidad para competir internacionalmente supondrá el cierre de sus  empresas. Los enemigos del comercio no son trigo limpio.

España lleva 30 años dentro de la UE. En ese periodo el PIB se ha duplicado. Nuestro diferencial de riqueza respecto a nuestros socios ha pasado de estar en un 72% al 94% actual. Desde 1985 hemos multiplicado por 8 las exportaciones. Siendo dos terceras partes con países de la Unión. Tanto subimos que hemos sufrido nuestra mayor crisis (y no por culpa del comercio) desde la guerra civil

Pero viendo la foto de 30 años a esta parte los datos son abrumadoramente positivos. El libre comercio ha convertido a la UE en el mayor bloque comercial del mundo. Aunque ahora está virando hacia un nuevo lema “Globalización sí, pero entre nosotros” (Brexit aparte). No debemos temer llegar a acuerdos con países en los que existe el estado de derecho, y con una legislación común para que cuando haya problemas exista justicia. El que la hace que la pague. Por ejemplo, si contaminas lo tienes que solucionar más la multa correspondiente.

Las empresas incompetentes que cierren despedirán a sus trabajadores. Estos podrán encontrar trabajo en las empresas que se beneficien de la apertura. A los que no puedan tendremos que ayudarles para que aprendan los nuevos oficios. Recientemente he visto la publicación del índice de precios del mismo vestido de Zara en distintos países.  En España cuesta 50$ frente a los 66$ en Alemania. Parece razonable que sea algo más caro por los costes de transporte y el mayor poder adquisitivo germánico.

Sin embargo, llama la atención que en Ecuador o Venezuela cuesta 99$ y 106$. No es por los costes de transporte ya que en México cuesta 53$ y 69$ en Panamá. El motivo de que Zara sea un artículo de lujo en Ecuador y Venezuela es el arancel del 45% a toda la ropa importada. Con eso consiguen hacer ricos a un puñado de empresarios que no tienen que invertir en la mejora del negocio ni pagar salarios competitivos. Y tienen empleados que malviven por una miseria de sueldo y no pueden comprar ropa en Zara.    

Carlos Medrano Sola
Consultor y Formador en Desarrollo de Negocio
www.eximiaconsultores.com

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