miércoles, 21 abril 2021

José Mª Zabala.

José Mª Zabala.

Desde el pasado 5 de noviembre de 2020, fecha del fallecimiento de Manolo, pensé en escribir esta nota. Pero la cabeza y el corazón no llevan igual ritmo, y ha sido necesario este tiempo para asimilar la pérdida del amigo y poder ahora compartir estas palabras.

Recuerdo, como si fuese hoy, cuando nos conocimos en 1981. De esto hace ya cuarenta años y la buena relación ha durado desde entonces. Todo comenzó cuando Manolo me invitó a visitar la empresa que había fundado en Torres de Elorz unos pocos años antes (en 1975). Tenía solo una nave y unas pocas decenas de trabajadores. Creo que, en total, eran menos de cincuenta personas.

Por aquel entonces, fabricaban las máquinas que Manolo había diseñado en su casa; una casa que tuvo que hipotecar para adquirir las patentes de sus propios diseños. Pero el retorno fue rápido: a partir de ese momento, ya vendía las máquinas con mucho éxito a los fabricantes de cartón de todo el mundo.

Me admiraron muchas cosas de su empresa, sobre todo el buen ambiente de trabajo y su ímpetu emprendedor. Me dijo entonces, y se lo he oído muchas veces en estos años, que se había hecho empresario para poder llevar a cabo muchos proyectos innovadores. La verdad es que, en estos cuarenta años que le he conocido, ha desarrollado innovaciones en muchos campos: en el ámbito agrícola, como recuerdo a sus orígenes de la huerta murciana; en el esparrago cultivado en invernadero; en temas de desalación, etc. Analizar todos los temas en los que innovó en estos años daría para un libro grueso.

Pero pienso mucho en los proyectos más importantes que abordó, los que han permitido que aquella pequeña empresa creciera hasta ser una gran empresa, M. Torres Diseños Industriales SA, de más de 700 trabajadores y que vende máquinas en los cinco continentes y en sectores muy avanzados, como el aeronáutico.

Manolo tenía una máxima: “Vender es fácil, lo que hay que hacer es resolver los problemas del cliente”.

A la vuelta de un viaje empresarial para visitar al mayor fabricante de aviones en Seattle, Boeing, me dijo que le había sorprendido lo artesanal que le parecía la fabricación de aviones. Le habían impactado dos cuestiones: cuántos carpinteros trabajaban en la empresa, produciendo soportes de madera para multitud de finalidades (colocar las piezas de avión, mecanizar, taladrar las alas o el fuselaje), y la infinidad de remaches en la fabricación del fuselaje de aviones.

Manolo tenía una máxima: “Vender es fácil, lo que hay que hacer es resolver los problemas del cliente”. Con esas premisas y lo que había visto, se puso a diseñar y desarrollar un utillaje universal para soportar las piezas de aviones a mecanizar y eliminar todo el tema de carpintería y soportes de madera. Fue un desarrollo costoso en tiempo e inversión (quizás dos años o más), pero que acabó con todo un éxito bautizado como Torrestool. También le llamaría cama de faquir con “pirulos”. Este utillaje, controlado por un ordenador, podía programar rápidamente el soporte para mecanizar cualquier tipo de pieza. Se comercializó con gran éxito en todo el mundo y fue el inicio del desarrollo aeronáutico de la empresa MTorres.

En cuanto a los remaches que sorprendieron a Manolo -todos los hemos visto en las alas desde la ventanilla de los aviones-, la compañía lanzó un proyecto para sustituir muchos de estos por una soldadura. Así, desarrolló una máquina enorme con dos equipos láser para soldar. Colaboré con Manolo en el proyecto, suministrando a MTorres los equipos de láser que yo comercializaba desde Z-Laser SA. Por eso, conocí el proyecto de cerca y MTorres, compitiendo con doce fabricantes mundiales, se llevó el contrato para suministrar equipos con soldadura láser para la fabricación del mayor avión de Airbus, el A380. A este gran contrato siguieron otros y Airbus se hizo cliente para otras aplicaciones.

En este tiempo, la industria aeronáutica mundial comenzó a utilizar composites con fibra de carbono para aligerar el peso de las alas y fuselaje de aviones. La empresa MTorres, con Manolo a la cabeza, desarrolló máquinas muy avanzadas de fabricación de componentes de avión con fibra de carbono. Como decía él, ese era su terreno porque podía utilizar la tecnología del papel para adaptarla a la fabricación de aviones. Y se convirtió en una empresa puntera a nivel mundial, también en ese campo.

Y aún queda otro sector importante que abordó con éxito: el eólico. En 2004, constituyó una empresa, M. Torres Ólvega Industrial, para la producción de aerogeneradores eólicos de diseño propio y muy avanzados. Ahora, la empresa tiene establecidas, además de las plantas de Navarra y Murcia, otras en Alemania, Italia y Estados Unidos (Seattle).

Aunque la coyuntura mundial del sector aeronáutico ha puesto ahora en peligro algunos puestos de trabajo, es necesario reconocer su gran contribución a la generación de empleo, riqueza y bienestar social en Navarra, así como en todos aquellos territorios donde se asentó.

Y tras repasar la admirable trayectoria de la persona que emprendió y dirigió con tal éxito una empresa tan innovadora, es necesario volver la vista al aspecto más esencial, al humano: Manolo se ha caracterizado siempre por dirigir una empresa familiar, apoyándose en su esposa Amparo, ahora presidenta, y sus hijos, Yolanda y Eduardo. Manolo ha sido siempre una persona de valores y principios, amigo fiel, trabajador incansable, honesto, valiente, comprometido con esta sociedad. Un hombre bueno que deja una huella profunda en aquellos que caminamos a su lado.

José Mª Zabala 

Fundador y presidente de Zabala Innovation Consulting

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