martes, 24 noviembre 2020

Salvó la caja en el centenario con 65 ‘bocatas’

Los bares y restaurantes más próximos a El Sadar han sufrido un doble remate. Primero, la ausencia de público en los partidos de casa, que generaban el grueso de sus ingresos. Y, ahora, el cierre obligado de los locales, salvo para ofrecer servicios de 'take away' o 'delivery'. Entre la resignación y la nostalgia, sus propietarios cuentan a Capital Sport los entresijos de esta nueva etapa. Al menos, algún afectado como Juan Antonio Albero tuvo un fugaz momento de cierta alegría en el centenario de Osasuna.

Iñaki Ciordia
Pamplona - 2 noviembre, 2020

El propietario de Casa Albero, pocos días antes de que se decretara el cierre de los bares. (Fotos: Maite H. Mateo)

El Sadar ultima su remodelación, a la que se han destinado 21 millones de euros, entre la alegría de los socios y los aficionados rojillos, que cuentan los días para volver al templo osasunista. Una espera que, fruto de la pandemia y el vaivén de restricciones aplicadas en los últimos meses, se está cebando con los bares y restaurantes de la zona. Primero notaron un terrible descenso de la facturación los fines de semana, debido a la falta de público en el estadio, y ahora han parado su actividad tras el cierre de la hostelería. Los cafés, pinchos y copas de las horas previas a los encuentros han pasado a mejor vida.

Josetxo Gorostidi: “En un primer momento queríamos abrir para el centenario y no pudo ser. Ojalá podamos estar listos a finales de año…”.

Una de las primeras imágenes que muchos tienen al llegar al campo es la de El Txoko del Sadar, enclavado en una de las esquinas del estadio y punto de encuentro predilecto para decenas de socios antes de los partidos. Ahora, El Txoko vive tiempos de cambios. Pasará de 190 a 290 metros cuadrados y contará con una terraza cubierta. Una remodelación que, sin embargo, no enmascara la travesía del desierto que está sufriendo su propietario, Josetxo Gorostidi“Llevamos cerrados desde el 14 de marzo. Se nos juntaron las obras del estadio y el coronavirus. En un primer momento queríamos abrir para el centenario y no pudo ser. Ojalá podamos estar listos a finales de año, pero no lo sé. Están siendo unos meses horribles“, asiente a este medio.

En su caso, la bajada de la facturación comenzó incluso antes de la pandemia, hace un año más o menos, con el inicio de las obras del estadio. “Cuando ve vallas, la gente ya no entra tanto por mucho que se haga un camino para poder acceder al interior. No era lo mismo y lo notamos”, admite.

A pesar de todo, intenta ver la botella medio llena y, con mucha cautela eso sí, se atreve a soñar con un Sadar con aficionados para mediados del próximo año: “Estoy ilusionado porque va a quedar un bar muy bonito, pero al mismo tiempo me siento agobiado por la inversión que he hecho. Si tuviésemos partidos con espectadores en junio de 2021, sería todo un éxito. Pero no me atrevo a aventurar ya nada”.

Gorostidi espera reabrir su asador a finales de año, aunque tampoco lo tiene claro del todo.

Gorostidi espera reabrir su asador a finales de año, aunque tampoco lo tiene claro del todo.

Hasta entonces, tendrá que enfrentarse a un sinfín de obstáculos y dificultades, en una carrera de fondo donde saca tiempo para agradecer el apoyo recibido por Osasuna. “2019 fue muy bueno hasta septiembre y eso nos permitió vivir, pero lo que llevamos de año ha sido un desastre total. El club nos ha ayudado prolongando el contrato que tenemos para poder amortizar las inversiones. Creo que merecerá la pena todo lo que hemos pasado”, augura.

EL CENTENARIO DE CASA ALBERO

Un poco más lejos del campo, en la calle de Zolina, se encuentra Casa Albero, un bar que acostumbraba a llenarse con los almuerzos, comidas y cenas en los días de partido, dependiendo del horario. Hoy, sin embargo, impera el silencio. Las mesas y los bancos del exterior se encuentran precintados y dentro no hay ningún cliente. Su dueño, Juan Antonio Albero, rememora aquellas jornadas con cierta nostalgia: “Cuando jugaba Osasuna era un día especial. Bajaban mi hermano y la hija, y tenías un ‘boom’ de comidas y meriendas espectacular. Además, dependiendo de la hora, servíamos cubatas y cafés y esto se ponía hasta arriba”.

Juan Antonio Albero: “Soy muy pesimista. Para cuando dejen entrar a 23.000 personas, tendrá que pasar mucho tiempo. Este año lo veo muy complicado”.

En los últimos meses, ha sufrido un mazazo tras otro. Primero fue el confinamiento de marzo, luego los partidos sin público y la reducción del aforo en los establecimientos y, el pasado 19 de octubre, el cierre de bares y restaurantes. En las primeras jornadas de la Liga, cuando aún podía mantener cierto nivel de actividad, su apuesta fueron los almuerzos y los bocadillos, pero para ver el encuentro por televisión y con grandes limitaciones de clientes. Nada que ver con un día cualquiera de una temporada cualquiera. “Por ejemplo, en los partidos ante el Levante o el Celta en casa, vinieron a almorzar unas treinta personas en total, cuando antes llegaban unas mil a lo largo del día”, remarca. Sin duda, estos datos reflejan mejor que cualquier gráfico el descenso de ventas padecido por negocios como el suyo.

Han transcurrido varias semanas desde aquellos encuentros y su situación, lejos de mejorar, ha empeorado de manera radical: “Soy muy pesimista. La verdad es que el cierre nos está matando. Para cuando dejen entrar a 23.000 personas, tendrá que pasar mucho tiempo. Si viese El Sadar al 50 % la próxima temporada, me daría por satisfecho”.

Ahora, el negocio trata de reinventarse con la preparación de comida para llevar. Es la única forma de sobrevivir en estos tiempos. Y al menos el pasado 24 de octubre, con motivo del partido contra el Athletic Club de Bilbao, se llevó una pequeña alegría. “El día del Centenario de Osasuna, tuve que preparar 65 bocadillos para el equipo técnico de Mediapro (empresa audiovisual que se encarga de la realización de los partidos de la Liga) y eso me salvó el sábado”, comenta.

DÍAS DE GLORIA QUE PARECEN LEJANOS

En la misma calle que Casa Albero está el bar Zolina, otro de los referentes de la hostelería rojilla y que también ha notado en gran medida los efectos de la pandemia. Su dueña, Isabel Ruiz, deja constancia de que los días de partido eran el mejor momento de la semana para su negocio: “La ausencia de aficionados y el cierre posterior se han notado muchísimo. Nosotros teníamos todo lleno y no parábamos de  servir consumiciones. El día que jugaba Osasuna era un extra, nos tocaba la lotería. Éramos unos privilegiados”.

Isabel Ruiz: “El día que jugaba Osasuna era un extra, nos tocaba la lotería. Éramos unos privilegiados”.

Ruiz tiene claro, además, que la ausencia de aficionados osasunistas puede prolongarse. “Veo muy complicado recuperar el ritmo que teníamos antes del confinamiento. Nosotros estamos preparados para cuando se levanten las restricciones. Ojalá sea pronto y vuelva el fútbol que tanta vida nos da”, agrega.

Como tantos negocios hosteleros, estos tres bares representan en gran medida la incertidumbre que atenaza a la parroquia rojilla, ávida de aquel jolgorio y alegría pasados, de aquellos sábados y domingos de fiesta que se han quedado huérfanos de la pasión osasunista.

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