lunes, 30 noviembre 2020

La educación financiera, en peligro

El autor muestra su preocupación ante la posibilidad de que esta materia no aparezca recogida en la nueva ley de educación. De hecho, defiende la necesidad de inculcar nociones básicas sobre la gestión del dinero a los más jóvenes para que, en el futuro, no caigan en errores básicos como el endeudamiento excesivo.

Redacción
Pamplona - 23 septiembre, 2020

Carlos Medrano.

La educación financiera vuelve a correr peligro en secundaria. Parece que el nuevo borrador de la ley de educación no la ha incluido. Aún se encuentra en fase de elaboración, por lo que estamos a tiempo de exigir que aparezca recogida. Uno de los problemas fundamentales para que nos hagan caso a los padres es que hemos sido relegados a un papel secundario en la educación de nuestros hijos, en favor de los políticos y del profesorado. Nos han mandado al rincón de las apymas. Los políticos han adquirido el poder de decidir por nosotros.

Solo ha habido algún amago de rebelión cuando el adoctrinamiento ha sido descarado. El poder del profesorado ha emergido con fuerza. Son los dueños gracias a su capacidad de organización, de la que carecemos los progenitores. Ya lo decían los romanos: “Divide et impera”. Cuando hablaba de esto con un profesor de mis hijos, me contestó: “Pues uníos vosotros”. Y tiene razón, pero ¡qué difícil es unirnos, si cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre! Sin embargo, ellos tienen objetivos comunes fáciles de amalgamar. Que conste que no estoy hablando de una confabulación judeo-masónica. Es algo más sutil y triste. Los padres hemos ido pasando poco a poco de la delegación a la abdicación, por incapacidad operativa y dejadez.

“Los padres hemos pasado poco a poco de la delegación a la abdicación, por incapacidad operativa y dejadez”.

La alternativa que nos queda para cubrir las carencias del sistema educativo es complementarlo con academias. En mi caso, llevo a mis hijos para que aprendan más música, como tenemos costumbre en mi familia, o para reforzar el inglés, ya que hemos tenido varios profesores muy flojos. Y es que, en estos años de tanta demanda de profesorado angloparlante, se han colado unos cuantos que deberían estar ejerciendo otras profesiones, pero que tienen la plaza. Lástima para ellos y para los demás, que tendrán que trabajar cuarenta años en este ámbito. A mí me gusta la idea romántica del maestro de pueblo al que contrataban unos padres preocupados por la educación de sus hijos, pero cada día estamos más alejados de este bucólico escenario.

La educación financiera es una de las materias a reforzar para muchos de nosotros, pero parece que el analfabetismo financiero no es lo suficientemente grave e importante. Cuando la economía va bien, todo marcha solo. Pero, ¿qué pasa cuando llegan las crisis? Que se ve quién estaba nadando sin bañador. Y vienen las quiebras, los despidos y los lamentos. Los empresarios procuran ayudarse con economistas para evitarlo. Los autónomos no tanto y así les va. La clase media centra sus ingresos en las rentas del trabajo. En España, las crisis se gestionan mediante despidos, por lo que se les acaba su única fuente de ingresos.

“Abogamos por un conocimiento mínimo para evitar que nuestros hijos caigan en errores básicos, como el endeudamiento excesivo”.

Algunos políticos defienden que educar financieramente es adoctrinar en el capitalismo. ¡Como si estuviéramos hablando de formar neoliberales! Lo que proponemos algunos economistas en asociaciones sin ánimo de lucro como Adecufin o Kratos es que el ciudadano medio conozca el riesgo de sus decisiones financieras. El que no conoce el riesgo no va a valorar las consecuencias de sus actos. La ignorancia es atrevida y los resultados graves. ¿De verdad no se puede enseñar a evitar endeudamientos excesivos, a ahorrar o a planificar financieramente la vida? Abogamos por un conocimiento mínimo para evitar que nuestros hijos caigan en errores básicos. Mucho de esto ya lo sabían nuestros abuelos, pero la expansión crediticia de estas últimas décadas ha permitido vivir por encima de sus posibilidades a mucha gente. Eso puede tener un final desastroso.

Cuando alguien me pregunta en qué acciones invertir, le suelo decir que se deje de acciones y que primero invierta en conocimiento. Si piensas que el conocimiento es caro, prueba con la ignorancia, decía un rector de Harvard. Además, educar financieramente tiene un beneficio adicional: el de crear interés por la materia. No para que todos los niños sean brokers de Wall Street, sino para que sean conscientes de su importancia, independientemente de si de adultos son aparejadoras o enfermeros. Es el primer paso para que aprendan. Dicen que lo ideal es enemigo de lo bueno. Pues vamos a poner un poco de sensatez y que haya una iniciación a la gestión del dinero en los institutos. Con generar el interés en la materia, será suficiente.

Carlos Medrano
Director de Eximia Consultores

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