Nació hace 62 años en Villava, al mismo tiempo que la empresa fundada por su padre y que hoy lidera. Quizá por eso, el vínculo que desde niño ha sentido con la compañía ha sido especialmente estrecho. «Viguetas Navarras y yo tenemos los mismos años de vida», suspira. Los recuerdos sobrevuelan su cabeza como un divertido torbellino de anécdotas. De la mano de su progenitor, Luis Ilundain contemplaba la fábrica con una excitante curiosidad. Grandes máquinas y bloques de hormigón llenaban las instalaciones y se alzaban imponentes ante él. A su lado, su padre trataba de explicarle para qué servía cada sistema, mientras nuestro protagonista le escuchaba con una admiración infinita. De todos aquellos consejos que aquel pequeño crío fue atesorando en la memoria, hoy nos comparte uno concreto que caló hondo en él: «Si ganas cuatro duros trabajando en la fábrica, no te los gastes. Inviértelos en el proceso productivo». Esa es, precisamente, la línea que Luis ha seguido siempre.
A orillas del río Arga, nuestro protagonista observaba cómo su padre, paciente, colocaba una lombriz en el anzuelo y lanzaba la caña al agua. Él, sin embargo, siempre prefirió ser pescador «de mosca». Meterse dentro del río, caminar por el cauce, lanzar el sedal al punto donde crees que estará el pez… Lo cierto es que todo ello implica una «técnica exquisita». «Pesco una trucha y la devuelvo al agua. ¡He llegado a pescar la misma incluso cuatro veces! Soy capaz de estar ocho horas en el río sin salir», expresa entre carcajadas justo antes de desvelar que en dos ocasiones ha sido ganador del Campeonato de España Salmónidos Mosca.
Luis percibe la pesca como un «estilo de vida» en el que la precisión juega un papel fundamental. «Precisión, precisión, precisión… Qué palabra tan importante, ¿verdad?», suspira mientras nos invita a la reflexión. Lo cierto es que la exactitud también es esencial en Viguetas Navarras.
De joven, nunca le gustó demasiado «encasillarse» en ciencias o letras. Ninguna de esas dos ramas le llamaba especialmente la atención. Sin embargo, a la hora de decidir qué rumbo escoger, se decantó por realizar una Formación Profesional de Electricidad en Leitza. Cuando aprendió sobre contadores y variadores de frecuencia, se percató de que aquel mundillo le atraía. «¿Qué vas a hacer cuando acabes tus estudios?», le preguntaba intrigado su padre. Entonces, se planteó adentrarse en la empresa familiar.
UN «TIOVIVO» DE HORMIGÓN
Nuestro protagonista recuerda bien sus inicios en Viguetas Navarras, donde comenzó a trabajar a los 23 años. En un primer momento, se encargó de bobinar motores. Pero su inquietud por conocer más y más acerca sobre el funcionamiento de la compañía le llevó a visitar con frecuencia la oficina de los arquitectos, quienes le enseñaron a «calcular estructuras». Así, empezó a calcular «forjados». Cuando su padre se jubiló, le pasó el testigo y, desde hace veinticinco años, Luis ejerce como CEO de la firma.
Especializada en la producción de prefabricados de hormigón para la construcción, nos invita a conocer una de sus dos plantas, ubicadas en Huarte y en Barasoain. Nosotros, en esta ocasión, visitamos la segunda. Al entrar en la nave, Luis saluda a un joven. «Es mi hijo Iván«, apunta justo antes de detallar que sus otros dos hijos, David y Patricia, también forman parte del equipo.
«Funciona como un carrusel, como un tiovivo. Este tipo de instalaciones no existen en España, solo hay esta. Es tecnología avanzada alemana»
Nada más cruzar la puerta de las instalaciones, una de sus curiosas estructuras de hormigón acapara toda nuestra atención. «Fabricamos el interior y el exterior de una vivienda», explica Luis mientras nos aproximamos al bloque, que posee un aislamiento incorporado. «Normalmente, en una casa hay pladur. Esto es hormigón. La ventaja es que funciona como un radiador por lo que se conoce como inercia térmica. Tiene capacidad de absorber calor. Es como cuando te sientas en un banco de piedra al que antes le ha dado el sol», apostilla.
Pero, ¿cómo se fabrica esta estructura? Antes de que lancemos la pregunta, nuestro protagonista nos invita a seguir sus pasos: «En ocasiones como esta, es mejor enseñar con hechos y no con palabras». Subimos unas escaleras y nos asomamos a la barandilla. Un laberinto de máquinas se extiende infinito ante nosotros. Todo luce ordenado, organizado con especial meticulosidad. Entonces, de pronto, recordamos esa «precisión» de la que Luis hablaba al inicio de nuestro encuentro: todo parece tener su debido lugar.
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Viguetas Navarras factura anualmente 32 millones de euros y posee una plantilla de 140 profesionales.
«Funciona como un tiovivo. Este tipo de instalaciones no existen en España, solo hay esta. Es tecnología avanzada alemana», apunta. Contemplamos unas bobinas con acero enroscado, como una culebra. Una máquina se encarga de desenrollarlas para, más tarde, soldarlas. Más allá, un mecanismo abre sus compuertas y vierte hormigón fresco sobre unas bandejas. «El sistema sabe dónde tiene que hormigonar y dónde no. Está todo pensado hasta el último milímetro», agrega mientras seguimos sus pasos por el laberinto mecánico.
Entonces nos topamos con unas enormes «cajas», que funcionan como hornos para controlar la temperatura y la humedad del hormigón. Después, aterrizamos en la sala de control, donde un operario maneja diversos programas y visualiza la totalidad de la fábrica.
UNA FACTURACIÓN ANUAL DE 32 MILLONES
Este mecanismo, que posee el nombre de VN System, se puso en marcha en la empresa navarra durante la pandemia. Es capaz de producir 800 metros cuadrados de muro hormigonado al día. «La manera de construir debe cambiar. Lo de ir ladrillo a ladrillo, a mano, se tiene que acabar. En la automoción, los coches se fabrican de manera automatizada. ¿Por qué no hacemos lo mismo en la construcción?», plantea tras remarcar que uno de los mayores problemas es la falta de mano de obra, ya que a la juventud «no le resulta atractivo el sector».
«En la automoción, los coches se fabrican de manera automatizada. ¿Por qué no hacemos lo mismo en la construcción?»
Viguetas Navarras ha experimentado un gran crecimiento en la última década. Satisfecho, Luis desvela que la compañía facturaba 6 millones de euros en 2013 y, ahora, supera los 32. Lo cierto es que la empresa ha realizado importantes proyectos como la ampliación del estadio El Sadar en 2021, que pasó a tener una capacidad de 18.375 espectadores a 23.576 y aumentó su altitud de quince a veinticuatro metros, o la construcción del nuevo estadio del Athletic Club, inaugurado en septiembre de 2013 y con capacidad para 53.289 espectadores.
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Especializada en prefabricados de hormigón, Viguetas Navarras posee dos plantas, ubicadas en Huarte y Barasoain.
Actualmente, la firma está desarrollando 72 obras de viviendas en Francia, concretamente en zonas como Toulouse o Burdeos. «En 2018 hicimos la obra más grande del sur de Francia: el Parc des Expositions (PEX)«, puntualiza. En concreto, se trata de un centro donde se exponen aviones de combate y que suma 660 metros de largo por 316 de ancho.
En España, Viguetas Navarras está levantando 184 viviendas en Alcalá de Henares, 120 en Zaragoza y 57 en Zizur Mayor, entre otros proyectos. «Desde Navarra podemos exportar vivienda industrializada, y eso es maravilloso», suspira para acto seguido concretar que la compañía se encarga de suministrar dobles muros, balcones, escaleras prefabricadas, vigas y fachadas.
De cara al futuro, además, planea invertir entre 25 y 30 millones de euros en su planta de Barasoain, que adquirió en 2019 a Dinescon y donde, hasta la fecha, ya ha invertido otros 25 millones.
LIDERAR LA INDUSTRIALIZACIÓN
Tras detallar el funcionamiento de Viguetas Navarras, cuya plantilla suma 140 profesionales, nuestro protagonista habla emocionado de la Fundación Building & Architecture Institute (BAI), que se construirá en la antigua sede de Transportes Iruña. «Aglutinará todo el conocimiento nacional. Navarra tiene que apostar por liderar la industrialización en el país», sostiene con firmeza.
Dejamos atrás el sonido centelleante de las máquinas mientras conversamos sobre el futuro del sector. «¿Qué sucederá dentro de unos años? ¿Cómo se construirán las viviendas? ¿Habrá cambiado el panorama y se dejará atrás, al fin, eso de construir ladrillo a ladrillo?». Sus interrogantes nos invitan a reflexionar. Como vicepresidente del Clúster de la Industrialización de la Construcción de Navarra (ICONS) y miembro de la Junta Directiva del Basque Construction Cluster, Luis lo tiene muy claro: en un tiempo no muy lejano, el sector cambiará por completo.