jueves, 3 abril 2025

Mentor-Coach de desarrollo personal y profesionalTengo para mí que somos una sociedad de pícaros, Quijotes, maquis y estraperlistas. Una sociedad que convive bien con el «verso suelto» -ese que se sale de la rima-, con los senderos a través del monte y las salidas de tono como forma de expresión.

Creo que se nos dan mejor las sendas intricadas que las autopistas de tres carriles y concesiones de largo aliento. Indudablemente, les sacamos más rentabilidad.

Y sin embargo, tendemos a admirar el pelotazo del verso suelto, y a intentar emular con vías de tres carriles la senda abierta por pioneros. Hay culturas que toman un éxito, extraen su aprendizaje, lo «modelan» e implantan modelos replicables. Son, en mi experiencia, culturas más disciplinadas que las nuestras, culturas de largo plazo que tienden a no perder de vista el objetivo final.

En España cada vez que intentamos replicar un modelo, lo único que conseguimos es rumiarlo y perdernos en las posibles vías de «pequeño provecho» que se quedan enredadas en las redes que tejen a su alrededor. Y cuando uno rumia… aparecen los gases y de ahí, las burbujas

  • Así se tomó el modelo «emprendedor» y se creó todo un protocolo y un ecosistema que cualquiera podía replicar, adaptándolo a su región. Comprar un worklab, una aceleradora o una incubadora y formar profesionales que enseñasen a emprender «by the book» como si de una licenciatura se tratase. Dejamos de lado el impulso personal, la motivación, la pasión, para intentar mitigar el riesgo a toda costa.
  • Y después nos enredamos en la «innovación» y buscamos su protocolo y las formas de hacerla crecer en una sociedad a la que durante décadas le cortamos las alas de la improvisación y el pensamiento lateral, machacándola con estándares de ISO y de sesudos pensadores procedentes de esas culturas disciplinadas y de largo plazo.
  • Y finalmente, se nos llenó la boca con las «startups» como modelo de negocio. Y las grandes empresas se lanzaron a crear viveros y aceleradoras, con las que apapachar hasta arguellarlos a los nuevos emprendedores como forma de financiar departamentos baratos de innovación.

Los emprendedores perdieron el norte y pensaron que se trataba de seguir el modelo y hacer un buen plan de empresa. Los innovadores, por su parte, se desesperaron intentando encajar en modelos de otros, cuando lo que querían era crear el suyo. Y los «estartaperos» decidieron montar empresas directamente para venderlas y «pegar el pelotazo».

Y así, pasito a pasito, entre unos y otros ampliamos y apisonamos la senda del esfuerzo, la fe en uno mismo, la pasión y la constancia que debe ser el emprendimiento, la innovación o el lanzamiento de negocios tecnológicamente innovadores. Y a su alrededor creció un ecosistema que terminó por conformar una nueva cosmogonía a la que el proyecto le sale rentable.

Y ¿al emprendedor, al ciudadano de a pie? Sinceramente, creo que no tanto. Al 80 % de fracaso se le suma el regusto extraño de quien se ve obligado al famoso «emprendes o trabajas«. Parece obligatorio emprender por cuenta propia, pero no todo el mundo lo desea. Y aunque creo que todos deberíamos emprender, por cuenta propia o ajena, (todos deberíamos acometer tareas que nos suponen un reto y tienen sentido para cada persona), nadie debería verse abocado a poner todo su talento al servicio de una empresa que no le resuena.

Creo que para desenredar la madeja y estallar las «burbujas» habría que desmontar manuales y desbrozar sendas, olvidarnos de competencias instrumentales y cultivar actitudes y valores emprendedores que nos permitieran ir sembrando poco a poco el gusanito del reto, la evaluación de riesgos, la constancia de la pasión y el descubrimiento del propio talento para ponerlo al servicio de los demás. Y no sólo en los «emprendedores», sino en la sociedad en general.

Creo que para que esto funcione, hay que seguir buscando, adaptarse a cada aventura y acompañar el esfuerzo alentando el reto, despertar el hambre de aportar con autenticidad y trabajar en un entorno que realmente valore el esfuerzo.

Marta Martínez Arellano
Experta en Desarrollo Personal y Ejecutivo
Miembro de la red internacional BVC® de gestión por valores

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