La tendencia ‘clean label‘ (cuya traducción en español es ‘etiqueta limpia‘) está dejando de ser una opción para convertirse en una exigencia del mercado agroalimentario. Los últimos datos de Future Market Insights sitúan el valor mundial de los ingredientes simples, reconocibles y sin aditivos artificiales (en los que se apoya este concepto) en los 49.000 millones de euros este mismo año. No solo eso, las estimaciones elevan esa cifra a los 182.528,75 millones de euros para 2035, a un ritmo de crecimiento anual compuesto del 15,5 %.
«Este aumento refleja un cambio profundo en el consumidor, que ha comenzado a dar la vuelta al envase para leer la etiqueta. Ya no solo busca productos más naturales, sino también etiquetas más comprensibles y cortas”, explica Nicolás Armendáriz, investigador de I+D+i en Microbiología de CNTA (Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria). En su opinión, «ya no basta con eliminar aditivos artificiales: el consumidor quiere entender lo que come y confiar en lo que compra».
ESTADOS UNIDOS MARCA EL PASO
Al impulso procedente de los consumidores se suma otro motivo más que explica la relevancia de esta corriente. En Estados Unidos, su Departamento de Salud anunció una estrategia para endurecer las exigencias en el etiquetado de alimentos, con especial atención a los colorantes sintéticos derivados del petróleo. Desde que se comunicó esta estrategia en abril de 2025, cerca del 40 % de la industria alimentaria norteamericana se ha comprometido «de forma voluntaria» (por el momento) a eliminarlos.
De esta manera, compañías globales como Mars, Bimbo, Kraft, PepsiCo o Nestlé ya han comunicado su decisión de reformular sus productos para incorporar colorantes naturales y mejorar su perfil nutricional..
Nicolás Armendáriz (CNTA): «El consumidor quiere entender lo que come y confiar en lo que compra»
Dicho y hecho, El cambio ha tenido un efecto casi inmediato con un aumento notable en la demanda de ingredientes naturales a proveedores internacionales como ADM o Ingredion, que se han visto obligados a ampliar su cartera de soluciones ‘clean label’. Se ha establecido, en ese sentido, una línea de trabajo por la que ya no se trata solo de sustituir colorantes o conservantes, sino de optimizar la funcionalidad: mejorar la textura, la hidratación o el contenido proteico sin comprometer la naturalidad del producto.
Ejemplos de innovación a este respecto no faltan. La empresa austriaca Revo Foods ha desarrollado The Prime Cut, un producto elaborado con micoproteína y procesamiento mínimo, que cumple con los principios de etiqueta limpia. En paralelo, Prodalim ha lanzado una gama de colorantes naturales basados en cártamo, remolacha o espirulina, y California Natural Color ha presentado Pure Brown Carrot, una alternativa al tradicional colorante de caramelo.
OTRAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN MÁS CERCANAS
Siguiendo esa misma dinámica, CNTA ya trabaja en varios proyectos de investigación orientados a ofrecer soluciones ‘clean label’ para la industria agroalimentaria. Uno de ellos es Fermodelup, financiado por el Gobierno de Navarra en el marco de las ayudas a Doctorandos Industriales 2023.
Este proyecto explora el potencial de uso de los exopolisacáridos (EPS) (unos polímeros que las bacterias lácticas generan durante la fermentación de azúcares), como ingredientes importantes para la reformulación de alimentos y poder elaborar productos de etiqueta limpia y funcionales como alternativas veganas y cremosas al yogur o a los panes sin gluten. «Los EPS se posicionan como una potencial solución ‘clean label’, donde se pone de manifiesto la importancia de la biotecnología para aportar textura y estabilidad en los alimentos. Si a eso se suma el origen fermentativo de los EPS, estos se convierten en un candidato idóneo para responder a la doble demanda de los consumidores: productos funcionales y etiquetas limpias», indica Nicolás Armendáriz.

Nicolás Armendáriz: «Las empresas que sepan combinar ciencia, transparencia y sostenibilidad liderarán el futuro de la alimentación».
Otro ejemplo es BacBiop, en el que CNTA y la Universidad de Zaragoza han creado cultivos protectores con actividad antimicrobiana para matrices alimentarias como gazpacho, bocados veganos o piña. Su objetivo: aumentar la vida útil de los alimentos minimizando o sustituyendo conservantes artificiales. «Sin duda, este tipo de soluciones son las que permiten avanzar hacia una industria más natural sin renunciar a la seguridad ni a la calidad», subraya este investigador de I+D+i en Microbiología.
RETOS Y DESAFÍOS PENDIENTES
No obstante, el ‘clean label’ presenta desafíos a superar pese al dinamismo del mercado. El primero, el aumento de costes asociado a la reformulación de productos. Es decir, sustituir ingredientes sintéticos por otros naturales o funcionales implica, en palabras del investigador de CNTA, «más inversión en I+D y en adaptación de procesos industriales».
El segundo gran reto es la falta de una definición regulatoria internacional clara. Según Armendáriz, «el resultado es que el mercado depende mucho de la percepción del consumidor, de su nivel de conocimiento y de la confianza que le transmite la marca».
Precisamente, esa falta de consenso genera también problemas de comunicación para las empresas. Algunas entienden la ‘etiqueta limpia’ como el hecho de evitar ingredientes (como el dióxido de titanio) o sabores artificiales en sus formulaciones, mientras que otras se enfocan en los ingredientes naturales.
Sin embargo, a pesar de estos desafíos, la previsión es que la tendencia ‘clean label’ siga expandiéndose aún más en los próximos años. «Las empresas que sepan combinar ciencia, transparencia y sostenibilidad no solo responderán a la demanda actual, sino que estarán liderando el futuro de la alimentación»; concluye Nicolás Armendáriz, de CNTA.













