martes, 1 diciembre 2020

Joan Josep Bosch.

¿Nunca se han preguntado cómo se crea el dinero? ¿Nunca se han preguntado por qué no crean más dinero para poder atender todas las demandas sociales en pensiones, en sanidad, en educación, en ayuda a la dependencia o en los sectores afectados por cualquier crisis como la que ahora vivimos? ¿No se preguntan por qué el Estado no hace más dinero con su máquina mágica y así se puede pagar todo lo que se necesite? ¿Acaso creen que no se ha hecho eso a lo largo de la historia montones de veces en montones de países? ¿Acaso creen que la Quantitative Easing reciente del BCE, de la Reserva Federal de EEUU o lo que lleva haciendo el Banco de Japón desde 1990 no es exactamente eso?

Entonces surgen nuevas preguntas: ¿Cuánto dinero puede crearse?, ¿quién puede hacerlo?

Antes de eso, debemos preguntarnos qué es exactamente el dinero. ¿Es dinero el oro y la plata, los billetes o las anotaciones en una cuenta bancaria o son dinero las vacas, las tierras, las casas, los coches, una cantera por explotar, unos permisos de pesca sin peces todavía o una licencia para explotar un parque eólico con un viento que aún no ha soplado pero suponemos que soplará o, incluso, una idea sin explotar o una investigación avanzada sobre una vacuna? ¿O quizá todo ello es dinero?

Lean despacio cada pregunta y dedíquenle un instante a la reflexión.

El dinero es “confianza”, es “credibilidad”. Si tienes credibilidad y alguien confía en ti, tienes dinero. Tienes tanto dinero como confianza merezcas en tu capacidad de generación de riqueza presente y futura para responder a esa confianza (crédito) otorgada. Esto sirve para una persona, para una empresa y para un Estado.

Las personas, las empresas y los Estados que tienen crédito tienen tanto dinero como crédito (credibilidad) merezcan.

El dinero es una creación política, una convención, una aceptación. Desde el 15 de agosto de 1971, cuando Nixon rechazó la convertibilidad de los dólares por el oro depositado en las reservas de Fort Knox, ya nunca nadie espera que el dinero en sus cuentas bancarias pueda ser canjeado por oro. Un saldo bancario mayor representa mayor capacidad de hacer frente a los gastos y deudas presentes y futuras.

El dinero es una construcción social y política respaldada por el Estado.

Volvamos a preguntarnos entonces qué efectos tiene que el Estado (o el BCE) cree más dinero. ¿Qué problema hay en crear más dinero y prestárselo a todos aquellos que merezcan “confianza” en su capacidad de devolución futura?, ¿cuánto dinero entonces se podría crear?

“La suma de los intereses de la deuda pública pagados entre 1995 y 2018 por el Reino de España asciende a 594.534 millones, el 50 % de los 1,189 billones de deuda pública al cierre de 2019”.

Algunos dirán que entonces habrá inflación (no la hay en Japón desde 1990, pese a las gigantescas emisiones de dinero nuevo por parte del Banco de Japón). Y aun si así fuera, ¿por qué es un problema que haya inflación? ¿A quién perjudica? ¿A quién beneficia?

Si el dinero es una construcción social, son las sociedades a través de la política las que deben decidir qué es preferible en cada momento de la historia, si la “eventual inflación” o el hambre, quiebras de negocios y hospitales sin materiales sanitarios en plena pandemia.

¿Y los bancos privados crean dinero también?

Si una entidad bancaria nos concede una tarjeta de crédito de “hasta 3.000 euros”, se acaba de “crear dinero de curso legal” basado en la confianza en nuestra capacidad de devolución. Esos 3.000 euros no existían un minuto antes. No había otro ciudadano en otra puerta del banco haciendo un depósito en el mismo instante. Se llama dinero fiduciario y es el 97% de todo el dinero en circulación. Fiducia, en italiano, significa “confianza”.

Las entidades financieras privadas (con ánimo de lucro) pueden crear dinero-crédito de la nada si “otorgan confianza” al solicitante y pueden cobrar intereses sobre un dinero recién creado de la nada (“exnihilo”).

Del mismo modo, esas mismas entidades financieras prestan dinero al Estado (todos nosotros) y nos cobran intereses sobre una prerrogativa que el propio Estado les concede para crear dinero-crédito de la nada, basándose en la confianza que ese Estado merece por su capacidad de devolución futura.

¿No deberían entonces crearse bancos públicos con esas mismas prerrogativas para que esos intereses los ganase el propio Estado? Sí, ya los había y no me refiero a las Cajas de Ahorros. Los problemas de gestión pueden darse también en los bancos privados como hemos visto en Banesto, Banco Popular, Lehman Brothers, etc.

También el BCE podría prestar directamente a los Estados a tipo de interés 0 %, sin la intermediación (y margen financiero) de las entidades financieras privadas con ánimo de lucro y podría fijar un plazo de devolución de 75 años, si tiene confianza en que la UE siga existiendo.

“Si la banca mantiene el privilegio de crear el dinero, solo debería ser pública y el BCE no debería ser un organismo independiente”.

Pero los países de la UE no tienen actualmente la potestad de decidir sobre la creación de dinero, como si la tiene EEUU, porque en el Tratado de la Unión se decidió ceder esa soberanía y control al Banco Central Europeo sin un debate social ni un referéndum.

La suma de los intereses de la deuda pública pagados entre 1995 y 2018 por el Reino de España asciende a 594.534 millones de euros, lo que representa el 50 % de los 1,189 billones de euros de deuda pública al cierre de 2019.

Los ciudadanos de la UE han entregado la soberanía sobre la creación del dinero (confianza) a una institución independiente (BCE) y a entidades financieras privadas con ánimo de lucro, y quedan ahogados por deudas públicas que les impiden resolver sus problemas sociales cuando la mitad de estas provienen únicamente de los intereses que podrían haberse evitado. Por todo ello, si la banca mantiene el privilegio de crear el dinero, la banca solo debería ser pública y el BCE no debería ser un organismo independiente.

Los Estados deben asegurarse de que el enorme poder de crear dinero se utilice para favorecer el bien común.

Está bien que la gente no entienda nuestro sistema bancario y monetario porque, si fuera el caso, creo que habría una revolución antes de mañana por la mañana (Henry Ford).

El proceso por el cual los bancos crean dinero es tan simple que repele a la mente. Cuando algo tan importante está en juego, el misterio más profundo parece aceptable (J.K. Galbraith).

Joan Josep Bosch

Economista

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