Las buenas ideas suelen empezar en una libreta, en una conversación entre amigos o en una madrugada de inspiración. Pero para que una idea creativa se convierta en un proyecto real hace falta algo más que talento: hay que aprender a moverse en una industria, entender cómo financiarse, crear red y, sobre todo, creer que aquello que empezó como un impulso puede convertirse en una profesión.
Con ese espíritu nació La Probeta, un programa impulsado por el Consorcio EDER y por el Clúster Audiovisual de Navarra, concretamente por su directora de Proyectos, Itziar Lacunza, para fortalecer las industrias creativas y audiovisuales en la Ribera de Navarra. Durante cuatro meses, cuatro proyectos han pasado por este laboratorio creativo donde las ideas se mezclan con mentorías, formación, estrategia y, por supuesto, mucho contacto humano.
Porque si algo queda claro al escuchar a quienes han participado es que crear también es compartir.
Creatividad con visión industrial
El gerente del Clúster Audiovisual de Navarra (CLAVNA), Arturo Cisneros, resume bien el espíritu del programa: «Muchas iniciativas nacen de mentes inquietas y artísticas, pero necesitan incorporar una visión industrial para consolidarse».
El objetivo de La Probeta, explica, es precisamente ese: «Ayudar a que quienes crean contenidos culturales entiendan que trabajan dentro de un sector económico potente y en crecimiento». Desde cuestiones legales hasta derechos de autor, riesgos laborales o modelos de negocio, el acompañamiento busca que el talento creativo tenga también una base profesional sólida.
Y hay otro elemento clave que atraviesa todo el programa: la red de contactos.
“Esta es una industria que funciona mucho con los contactos, además del talento”, señala Cisneros. Estar en los lugares adecuados, conocer a otros profesionales y compartir proyectos puede abrir más puertas de las que uno imagina.

Los responsables de los cuatro proyectos que han pasado por este laboratorio creativo.
Un corto que cambia según el público
Uno de los proyectos que mejor refleja esa mezcla entre creatividad y tecnología es Angry Cat Games, impulsado por Emilio Eigler.
Su propuesta, titulada La Decisión, es un cortometraje animado interactivo en 2D que fusiona cine, arte digital y videojuegos. La idea es sencilla y ambiciosa al mismo tiempo: el público puede modificar en tiempo real la estética de personajes y escenarios a través de una aplicación web mientras se proyecta la historia. La narrativa no cambia, pero cada pase es visualmente distinto.
La experiencia está pensada para museos, festivales o proyecciones colectivas, donde la interacción del público convierte cada sesión en algo único. Además, el proyecto incluye una herramienta tecnológica propia que podría utilizarse en futuras producciones audiovisuales.
Eigler recuerda que llegaron a La Probeta con poco más que una idea y muchas ganas. Cuatro meses después, ya cuentan con un prototipo avanzado y una hoja de ruta más clara.
“Las mentorías nos ayudaron mucho a enfocar el proyecto. Teníamos demasiadas ideas y necesitábamos ordenarlas”, explica. Pero si tuviera que quedarse con algo del programa, lo tiene claro: la gente. Conocer profesionales del sector y ampliar contactos ha sido, dice, «uno de los grandes valores de la experiencia».
Teatro como proceso vivo
En el ámbito escénico, la creadora Carlota Marín Lahuerta ha presentado un proyecto que busca consolidar su trayectoria artística en Tudela.
Su propuesta combina varias facetas: dirección y producción con su compañía Expuesta Teatro, escritura dramática, pedagogía escénica y proyectos de teatro comunitario. No se trata solo de montar obras, sino de entender el teatro como un proceso vivo que conecta creación, formación y participación social.
Ese enfoque integral le permite desarrollar un modelo artístico flexible y comprometido con el territorio, al tiempo que refuerza su posicionamiento como creadora escénica en Navarra y su entorno.
Cultura entre cuatro comunidades
Si hay un proyecto que respira territorio es Entretierras, la iniciativa impulsada por Yaiza Aguerri.
Su punto de partida es una realidad geográfica muy concreta: la zona donde se encuentran Navarra, La Rioja, Aragón y la provincia de Soria. Un espacio rural lleno de identidad cultural que, muchas veces, queda fuera del foco mediático.
Entretierras quiere cambiar eso utilizando el audiovisual como hilo conductor. El proyecto ofrece servicios de fotografía, vídeo y comunicación digital para asociaciones, pequeñas empresas y entidades públicas, ayudándoles a mejorar su presencia online.
Pero también tiene una dimensión cultural más amplia. Entre sus iniciativas destacan la creación del Festival Entretierras y la producción de un cortometraje colaborativo con alumnado de centros artísticos de Alfaro, Tarazona y Tudela.
Aguerri reconoce que llegó al programa con una idea que le hacía mucha ilusión, pero con muchas dudas sobre cómo convertirla en un proyecto profesional. “Había cosas que me sobrepasaban, sobre todo el tema legal o cómo moverme dentro de asociaciones y clusters”, explica. La Probeta, asegura, le ha ayudado a “aterrizar” la idea y a saber con quién contactar o qué ayudas existen.
Hoy ya trabaja como autónoma desarrollando el proyecto.

Itziar Lacunza (CLAVNA), durante la última charla de esta edición de La Probeta, en el Consorcio EDER en Tudela.
Historias pequeñas con impacto grande
La cuarta iniciativa participante tiene algo de poesía visual. Se trata de Relatos gráficos de polvo y luz, de la ilustradora Myriam Cameros.
El proyecto nace de una serie de microhistorias ilustradas que la autora empezó a publicar en redes sociales. Pequeños relatos visuales inspirados en historias reales que, con el tiempo, empezaron a tener una gran repercusión. Algunas de ellas incluso aparecieron en medios internacionales y en el Telediario de TVE.
La pregunta que se hizo entonces fue clara: ¿Cómo convertir ese impacto en un proyecto profesional?
Su propuesta pasa por reinterpretar el patrimonio navarro mediante relatos visuales breves, de entre diez y quince viñetas, pensados principalmente para formato digital aunque adaptables a ediciones impresas experimentales.
El objetivo es colaborar con museos, archivos y entidades culturales, creando contenidos que acerquen la memoria histórica al público desde una estética contemporánea.
Para Cameros, participar en La Probeta ha sido también «una experiencia emocional». Muchos trabajos creativos, explica, se desarrollan en soledad, y «encontrarse con otras personas con inquietudes similares puede ser un impulso enorme».
“Conocer a gente creativa y compartir procesos revitaliza muchísimo las ganas”, afirma.
Un laboratorio de ideas para el territorio
Con la presentación de estos proyectos, La Probeta cierra una nueva edición consolidándose como un laboratorio donde las ideas se prueban, se afinan y, en algunos casos, empiezan a despegar.
El programa no solo ofrece formación o mentorías: también crea comunidad. Y en un sector donde el talento suele ir acompañado de incertidumbre, contar con un espacio donde compartir dudas, contactos y oportunidades puede marcar la diferencia.













