No resulta difícil imaginar por qué uno de sus primeros regalos fue una bicicleta. Verde y rosa, para ser exactos. Su padre, Juan Carlos Rozas, fue ciclista profesional en los equipos BH y Seur, y compitió en el Tour de Francia, Giro de Italia y la Vuelta a España en la década de los ochenta. «Coincidió con Miguel Indurain, aunque mi padre ya estaba de retirada por entonces», recuerda con orgullo. Natural de Cistérniga (Valladolid), Sara Rozas, de 36 años, lleva casi una década afincada en Pamplona, ciudad en la que ha consolidado un proyecto deportivo propio enfocado exclusivamente en el entrenamiento femenino.
Desde pequeña, su inquietud por el deporte fue constante. Solía jugar al fútbol con los chicos del colegio, y practicó disciplinas tan diversas como natación, golf, tenis, patinaje, gimnasia rítmica o danza. Ese recorrido le llevó de forma natural a estudiar Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en su Pucela natal. Durante la carrera, además, compitió a nivel nacional en bikini fitness, una modalidad de culturismo. «La primera vez quedé séptima u octava, pero la segunda ya fui tercera», rememora para Capital Sport.
Tras graduarse se trasladó a Madrid, donde vivió entre 2015 y 2016. Allí trabajó en varios centros deportivos y ofreció entrenamientos personalizados a domicilio, pero pronto dio un paso más. «Empecé a dar clases a las secretarias de varios políticos en el Senado. Es un edificio enorme, un auténtico laberinto. Siempre pensaba que, si me equivocaba de despacho, podía acabar entrando en una sala donde se estuvieran decidiendo cosas importantes», relata entre risas. En paralelo, trabajó en el gimnasio Reebok de la calle Serrano y en el B3B de Chamberí. «Mi foto todavía sigue colgada en la fachada», señala.
INSTALADA EN NAVARRA
El ritmo y el coste de vida de Madrid terminaron por pasarle factura. Tras un breve regreso a Valladolid, en 2017 decidió instalarse en Pamplona en busca de un cambio de aires. Envió su currículum a una decena de centros deportivos y recibió respuesta de ocho, entre ellos el Club Tenis Pamplona, Aquavox, Oberena o Aquabide. Al mismo tiempo, amplió su formación con dos másteres en gestión deportiva y coaching psicológico.
Desafortunadamente, la irrupción de la pandemia supuso un punto de inflexión. Los ERTE y las restricciones le empujaron a replantearse su futuro profesional. «Con una carrera, un grado superior, dos másteres y experiencia, sentía que tenía que dar un paso más», explica. Así comenzó a impartir entrenamientos personales en domicilios de zonas como Beloso o Gorraiz, donde fue haciendo una clientela fiel. Con el levantamiento de las restricciones, muchos de sus clientes le empezaron a introducir el gusanillo de abrir un centro propio.
La oportunidad llegó en 2022 con la apertura de Health & Fitness Studio, un pequeño gimnasio en Buztintxuri que pronto se le quedó corto. El crecimiento de la demanda le llevó a trasladarse a Ansoáin, donde hoy mantiene este centro exclusivo para mujeres y enfocado al entrenamiento de fuerza en grupos reducidos (ya cuenta con unas 70 clientas).
Sin embargo, Rozas quería ir un paso más allá. De nuevo viajó a Madrid, y también a Barcelona, para conocer las últimas tendencias en fitness femenino. Incluso se desplazó a Miami a mediados de este año. «Es la cuna del fitness y una ciudad muy cosmopolita, muy de mi estilo», precisa. Gracias al aprendizaje acumulado, dio con unas máquinas de pilates de última generación llamadas Reformers, que todavía no existían en Pamplona y que ha adquirido a una empresa china. «De hecho, en España este tipo de equipamiento solo está presente en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Marbella».

Rozas, de 36 años, no descarta abrir un tercer centro en Pamplona, Madrid o en su Valladolid natal.
Así, la emprendedora vallisoletana ha inaugurado este mes su segundo centro de entrenamiento para mujeres en la Comarca de Pamplona, ubicado igualmente en Ansoáin. ¿El nombre? Numa Studios. Su método combina dos bloques: media hora de trabajo en los Reformers y veinte minutos de ejercicio aeróbico con barra, balones, discos, anillos y pesas. «Trabajo con grupos de hasta cuatro mujeres», detalla.
El nuevo centro cuenta con 150 metros cuadrados, algo más que el primero. Y, de cara al futuro, Rozas no descarta seguir creciendo. «Mi idea es continuar la expansión, aunque todavía no he decidido si abrir un tercer centro en Pamplona o dar el salto a Valladolid o Madrid», remata.













