domingo, 13 junio 2021

De Pyrineum… ¡al cielo!

Hostelero a jornada completa y piloto en sus ratos libres, Iñaki Zendoia Etxezarreta suma 45 años y es del pueblo pesquero de Orio, “de toda la vida”. También ejerce como gerente y chef parrillero del famoso Restaurante Bodega Katxiña, “un lugar donde alimentar los sentidos”, diseñado para disfrutar. Y, por si fuera poco, también ostenta el título de piloto, gracias a Pyrineum - Centro Internacional de Vuelo de Lumbier. A continuación les contamos su curiosa historia.

Amaia Oyarbide
5 junio, 2021

Iñaki Zendoia Etxezarreta, chef de Bodega Restaurante Katxiña y alumno de Pyrineum, Centro Internacional de Vuelo. (Fotos: Víctor Ruiz)

Descendiente de padres hosteleros, en 2014 se embarcó en el proyecto familiar Bodega Katxiña, junto a su hermana. Esta aventura nació derivada de la idea de su padre, Jose Miguel Zendoia, del legendario Asador Katxiña, quien producía pequeñas cantidades de txakoli para sus comensales. Han querido llevar esta idea más allá, convirtiendo lo que antes era una pequeña parcela en ocho hectáreas de viñedos, con las que producen 200.000 botellas al año. Además de ampliar la oferta a restaurante y lugar donde realizar eventos, una propuesta culinaria que no deja indiferente a nadie que la visita.

Y a pesar de su atorada agenda, este chef parrillero ha podido compartir sus dos pasiones: la gastronomía y la aviación. ¿El motivo? Desde pequeñito había querido ser piloto, era su “ilusión de siempre”, pero desde hace lustros lo había dejado en un segundo plano. Iñaki admite no haber sido buen estudiante, lo que le supuso un hándicap para lograr sus metas. “Pensaba que era algo inalcanzable”, pero a día de hoy, con una vida más o menos hecha, decidió darse la oportunidad de cumplir su sueño truncado. Tras curiosear por los mundos digitales, acudió al Centro Internacional de Vuelo, Pyrineum, sito en Lumbier, interesándose a cerca de su actividad. Y no dudó en regresar.

En su primera visita a Pyrineum conoció a Pedro Santurde López, dueño e instructor del centro, hoy sin duda compañero de vuelo y gran amigo. “Me hizo sentir como en casa”, así describe el chef su primer encuentro. Para su propio asombro, tras explicarle su situación personal, o más bien laboral, Pedro no vio inconveniente alguno en que Iñaki pudiera sacar el título de piloto de ultraligero, un avión deportivo, de poco peso, y escaso consumo. “Se amoldó completamente a mí”, afirma el oriotarra, ante la imposibilidad de poder asistir a las clases programadas, debido a su esclavo oficio. El reciente piloto remarca, además, la “increíble” atención recibida. Y agradece a Pedro la disponibilidad absoluta que le ha prestado: “A cualquier hora, mañana, tarde, noche, incluso los fines de semana, he estado aquí con él”.

La conocida escuela de pilotos se encuentra sobre el aeródromo de Lumbier, a escasos 40 kilómetros de Pamplona, y a solo 130 kilómetros de la costa guipuzcoana. Un lugar privilegiado, en el límite entre el Pirineo navarro y aragonés, para asomarse a la cordillera más imponente del sur de Europa.

Se trata de un recoveco lleno de aventura que ofrece una amplia oferta para descubrir el apetitoso mundo de la aviación. Cuenta con una pista de 570 metros, entre la Peña de Izaga y la Foz de Lumbier, y nueve hangares en los que duermen las avionetas de los clientes. Además, dispone de una zona de descanso, con catering, bar y merenderos: el mejor espacio para relajarse después de un paseo aéreo.

Pyrineum comparte constantemente su pasión por volar, no solo como centro de vuelo, sino convirtiendo a apasionados como Zendoia en pilotos. Actualmente el chef cuenta con los dos títulos que proporciona la escuela, el de Piloto de Ultraligero (ULM), y el de Piloto Privado de Avión (PPL).

¿Quién le hubiese dicho hace tan solo 24 meses a aquel joven, que se definía como “cero estudioso”, que acabaría aprobando dos licencias de aviación para él “inalcanzables”? Como bien exclamaba Henry Ford, fundador de la compañía Ford Motor Company: “Cuando todo parezca estar en tu contra, recuerda que los aviones despegan con el aire en contra y no a favor.” Y así, contra todo pronóstico, Iñaki también despega habitualmente de Pyrineum al cielo.

A día de hoy, está claro, observa el mundo desde otra perspectiva. Fue el propio instructor quien le animó a seguir, y confió en que podía sacar la segunda licencia. “Un gran salto”, afirma Iñaki, pues supone pasar de un vuelo no controlado a aviación general. “Me ha dado clases hasta en su casa. Con Pedro, si tú quieres, lo puedes sacar aun sin estudios y sin tiempo”, subraya.

Cabe recordar que el centro está equipado con aviones de última tecnología, como la Tecnam P2010 TDI, única en el mercado nacional y su última adquisición. Pyrineum busca transmitir su “adicción” a volar, a ver la tierra bajo los pies. Para ello, además, dispone de un sofisticado simulador de vuelo, un sistema que replica la experiencia de pilotar de la forma más realista posible. Válida tanto para la instrucción de pilotos, como atracción turística. Todo ello, sin olvidar Piloto por un día, un curso de iniciación al vuelo. Un perfecto paseo por las nubes difícil de olvidar.

“Sacarse la licencia es asequible para todo el mundo”, afirma el reciente aviador. La sensación al frente de los mandos de una aeronave la describe como “espectacular e inexplicable”: “Engancha en cuanto la pruebas”. En su trabajo lidia con mucho estrés, ya que el proyecto de la Bodega Restaurante Katxiña no para de crecer. Por ello en cuanto puede se escapa a Lumbier. Allí halla la “libertad absoluta y desconexión de mente máxima” que necesita. Y que solo consigue al frente de los mandos de la nave que Pedro le deja “a punto, para llegar a Pyrineum y despegar”.


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