Sarriguren, en el valle de Egüés, ya luce su centro de innovación del cereal, bautizado con el nombre de Espiga I+ D y promovido por el segundo mayor productor español de harina: MHM Grupo Harinero, del que forman parte Caja Rural de Navarra y Vall Companys. Un grupo que cuenta con fábricas en Etxarren (Harivenasa), Noáin (Harivasa), Andalucía (Haribéricas), Aragón (Tardienta), Castellón (Harinera del Mar) y Galicia (Harinas Reyes).
Situado junto a amplios campos de trigo, Espiga I+D Centro de Innovación del Cereal ya se ha constituido como sociedad limitada y posee un pequeño molino industrial de pruebas, con una capacidad de veinticuatro toneladas; un laboratorio; y líneas piloto de panadería semiindustrial.

Bühler Spain ha sido el ‘partner’ principal de MHM Grupo Harinero para los equipos de molienda.
«Nuestro objetivo es que el centro sea un referente en Europa. No hay ninguna otra instalación integrada como esta. Las actividades principales de Espiga I+D se centrarán, por tanto, en la investigación; la innovación; el desarrollo de nuevas variedades; y la formación, ya que hay un déficit de formación de profesionales en estas áreas del sector», valora Iñigo Royo, director técnico de MHM Grupo Harinero.
«Una inversión de este tipo es importante en cualquier industria para satisfacer las necesidades de los clientes», asegura Iñaki Hualde, director técnico de Espiga I+D mientras muestra el molino de pruebas, el área de laboratorio separada de la maquinaria por una reluciente pared de cristal, la amplia zona de panadería y la cocina. «La concepción del centro surge de la necesidad del grupo de diversificar su gama de productos, encontrar formas de mejorar la eficacia y comprometerse en proyectos de investigación y desarrollo a un nivel superior en los que participen socios europeos», agrega.
El proyecto es la respuesta de MHM Grupo Harinero «a la demanda de productos más saludables por parte de los consumidores y a la concienciación de la sociedad sobre la necesidad de desarrollar procesos productivos más sostenibles». En el caso de los productos harineros y panificables, estos retos pueden afrontarse «a través de varios enfoques convergentes»: la promoción de distintas variedades de cereales, «potenciando así la biodiversidad y mejorando la seguridad alimentaria», y la identificación de cultivos con menor impacto ambiental, que además «ofrezcan mejores propiedades nutricionales».

El centro alberga un molino industrial de pruebas, un laboratorio y líneas piloto de panadería semiindustrial.
Una de las tendencias de consumo que el grupo ha identificado es la «creciente demanda de cereales y panes con mayor contenido en proteínas y fibra». Otra es «hacer frente al aumento de la diabetes de tipo 2, que puede estar causada por una dieta demasiado rica en hidratos de carbono». Se trata de «uno de los principales problemas sanitarios del mundo», que afecta a 589 millones de personas en todo el planeta, según la Federación Internacional de Diabetes. En España, uno de cada siete adultos padece la enfermedad.
La presencia del pan en la dieta de millones de personas en todo el mundo ha impulsado la investigación para elaborar productos con un índice glucémico más bajo. De esta forma, la «búsqueda de granos alternativos al trigo, que es el alimento básico con el que trabaja el grupo», también puede ayudar a «impulsar la biodiversidad en el cinturón cerealista español». De hecho, Hualde confía en que también «se produzcan sorpresas agradables y el redescubrimiento de sabores olvidados al volver a convertir distintos cereales en productos de panadería»: «La idea es contribuir a la selección y el desarrollo de cultivos más eficientes, que ayuden a reducir la huella medioambiental del pan y las harinas, probando variedades de cereales que necesiten menos agua y fertilizantes durante el cultivo».

Uno de los objetivos del proyecto es dar respuesta a la «demanda creciente de productos más sanos y sostenibles».
El equipo también prevé mantener contactos con asociaciones de agricultores y cooperativas agrarias para la obtención de variedades antiguas de trigo y avena «en la búsqueda de productos que puedan volver del pasado». Y es que la puesta en marcha de Espiga I+D Centro de Innovación del Cereal obedece igualmente a la evolución que está experimentando la industria harinera en materia de «recuperación de cereales locales, utilización de otros tipos de cereales distintos al trigo, productos sin gluten…». «Hay una demanda creciente de productos más sanos y sostenibles, y responder a ella supone una clara oportunidad de negocio. Estamos evaluando más variedades sostenibles de cereales para ver cómo se comportan realmente en diferentes procesos de transformación», desgrana Hualde.
En paralelo, otro de los objetivos es colaborar con las universidades de la región para aumentar y mejorar la oferta académica existente en torno a la transformación de cereales. «Tenemos previsto cooperar con universidades y centros de tecnología alimentaria de toda España. A nivel europeo, estamos iniciando contactos con otras organizaciones de investigación relacionadas con los cereales. El centro estará abierto a cualquier parte interesada del sector, y el servicio analítico de nuestro laboratorio estará acreditado oficialmente» avanza.
COLABORACIÓN CON BÜHLER
La elección de Bühler Spain como partner principal para suministrar los equipos de molienda del centro era «obvia», dada la larga relación entre ambas empresas. «Hemos hecho muchas instalaciones juntos tanto en fábricas de harina como de avena. Nos conocemos bien y es uno de nuestros principales partners«, constata Royo.

Las instalaciones cuentan con una zona para preparar masas de prueba y elaborar distintos tipos de pan.
«El molino tenía que ser lo más pequeño posible, pero sin dejar de recrear los resultados que se obtienen en una operación industrial. Nuestros técnicos se sentaron con sus homólogos de MHM Grupo Harinero y llegaron a un diseño óptimo y flexible. Así, la maquinaria puede prepararse para cualquier uso que quiera darle el centro a medida que vaya probando diferentes granos. Por eso, este emocionante proyecto también era un reto para nosotros, ya que estamos acostumbrados a instalaciones más grandes», revela Alberto Galán, director de Ventas de Bühler Spain, cuyas máquinas de última generación ya están implantadas en el centro para llevar a cabo ensayos «que no se pueden llevar a cabo normalmente en una instalación industrial». «Aquí sí se pueden realizar y ver si los resultados son óptimos o no», remarca.
Aunque el centro aún se encuentra en sus comienzos, los primeros resultados «ya son muy interesantes». «Estamos muy contentos con el centro porque responde a las tendencias que vemos en los consumidores, como la calidad, la salud y la sostenibilidad, y queremos darles respuesta», incide Hualde.













