13 de enero de 2026. «Buenos días. Te agendamos para el 16 de marzo a las 19:30. ¿Te viene bien? Un saludo». El mensaje se envía a través del WhatsApp que al menos hasta principios de esta semana tenía habilitado el centro de depilación láser Hedonai en Pamplona, ubicado en la última planta de El Corte Inglés. «Buenos días. Sí, ese día y a esa hora perfecto», le responde el usuario.
El 14 de marzo, sin embargo, el cliente recibe una llamada de una trabajadora. «Tenemos que posponer su cita porque una compañera está de baja y no le podemos atender. Le avisaremos este lunes cuando reorganicemos la agenda», le anuncian.
El lunes no recibe ninguna llamada. Tampoco le cogen el teléfono y la app no funciona, así que escribe al centro por WhatsApp en busca de una alternativa. «Ahora mismo tenemos la agenda colapsada por diferentes motivos y no podemos ofrecerte muchas opciones. Nos pondremos en contacto contigo cuando tengamos la disponibilidad. Disculpa las molestias», le comentan. Aunque el usuario vuelve a insistir, ya nadie le escribe al otro lado de la pantalla. En concreto, tiene dos bonos pagados y sin usar por valor de 336 euros.
El cierre inesperado del centro que la firma tenía en Las Arenas, donde los afectados se cuentan por decenas y muchos ya han creado un grupo de WhatsApp para actuar de forma conjunta, pone en alerta a este afectado, que acude personalmente al local de El Corte Inglés en busca de una explicación. No hay clientes ni trabajadores uniformados. Tras esperar un rato, encuentra en un cuarto a una mujer que no viste el habitual traje blanco del establecimiento. «Estoy aquí estos días para dar la cara ante quienes vengáis. Nos han comunicado que el cese de actividad de Hedonai va a ser a nivel nacional (ha solicitado el concurso de acreedores), aunque no sabemos cuándo. Aquí ya no te puedo dar citas, solo la factura de tus bonos y el contrato por si quieres presentar una queja», le anuncia cabizbaja.
A su lado, un cartel ofrece una dirección de correo para enviar las reclamaciones: [email protected]. «Su reclamación será atendida con la máxima diligencia en cumplimiento de la normativa vigente sobre protección de consumidores», asegura el texto.
OTRA AFECTADA
Detrás del cliente aparece una mujer adulta, que también ha acudido al centro ante la imposibilidad de hablar por teléfono. No tiene ni idea de lo que sucede, pero se queda estupefacta cuando la empleada le confirma el problema. «Pero, ¿cómo que cierran? ¿Así, sin más?», cuestiona. «Nosotras no podemos hacer nada. Lo siento mucho», argumenta la trabajadora.
Aunque el establecimiento opera de forma independiente a El Corte Inglés, el Servicio de Atención al Cliente de este se ofrece a registrar una reclamación del primer afectado. «Aquí hay varias compañeras en la misma situación», le confirma con amabilidad justo antes de facilitarle la página web del Servicio de Consumo y Arbitraje del Ejecutivo foral por si desea interponer una reclamación formal.













