En apenas un año, la pulsera Centinela ha pasado de ser un proyecto local contra la sumisión química a un producto con un impacto global. Este artículo, que detecta veintidós tipos de droga en las bebidas y ha sido desarrollado por la firma pamplonesa Aglaya Creativos, ya se comercializa de manera estable en nueve países de América y Europa gracias a la firma de acuerdos con empresas de distribución.
En este sentido, el estudio creativo de Abel Lafuente, Scarlett Guadamuz y Ángel Gastón ha evaluado sus alianzas caso por caso, siguiendo criterios éticos y técnicos. «La pulsera no es una mercancía más, sino una herramienta de seguridad con tecnología certificada. Queremos que quienes la vendan entiendan su propósito y se comprometan con él. Por eso, solo tenemos un distribuidor por país para mantener un precio justo y conservar los valores originales del proyecto: un enfoque preventivo, con utilidad real y sin banalización», explica Guadamuz a Navarra Capital.
En Colombia, por ejemplo, el estudio creativo se alió con la firma familiar Altipal, especializada en la distribución de productos de consumo masivo a través del canal online y 350 puntos de venta a nivel nacional. Así mismo, en Suecia, el lanzamiento será inminente: «El distribuidor con el que contamos empezará a venderlas en centros comerciales, en puestos similares a nuestros Puntos Violeta. Creemos que va a tener muy buena acogida». En paralelo, Aglaya Creativos está «en conversaciones con distribuidores de Holanda y Corea del Sur«, de modo que la cifra total de mercados posiblemente supere la decena en los próximos meses.
Guadamuz resalta que la internacionalización ha supuesto un reto logístico, normativo y humano para la compañía. «No teníamos un equipo grande ni un respaldo financiero fuerte. Lo que hemos hecho ha sido gracias a alianzas, convicción y una red muy potente de personas que creen en el proyecto», apunta. Además, la empresa trabaja para que los puntos de venta cuenten con formación específica y materiales explicativos adaptados a cada país.
En el marco de estas alianzas, Aglaya Creativos suministra a los distribuidores los materiales que estos necesitan para montar las pulseras. Mientras tanto, la propia empresa navarra actúa como una distribuidora en España, donde subcontrata la fabricación a centros de empleo inclusivo como Alhama, ubicado en Cintruénigo, o la Asociación Las Cerezas de Teruel. Así, la producción depende en gran medida de la demanda. «Ahora, por ejemplo, trabajamos con el festival Holika, que se celebrará entre los días 26 y 28 de junio en Calahorra. Pero también colaboramos con entidades y empresas de Aragón, Castilla y León, Extremadura, Andalucía o Canarias«, detalla Guadamuz.
UNA LEY EN MÉXICO
La pulsera, que incorpora test reactivos certificados, un QR con geolocalización en tiempo real y acceso directo a emergencias (como el 112 europeo o el 123 mexicano), ha motivado la creación del Movimiento Centinela. Se trata de una propuesta integral de transformación social que combina la sensibilización, la tecnología ética, la formación ciudadana y la acreditación de espacios comprometidos con la lucha contra la sumisión química.

De izda. a dcha., Ángel Gastón, Scarlett Guadamuz y Abel Lafuente son los socios de Aglaya Creativos.
Precisamente, el Movimiento Centinela ya ha sido reconocido también por instituciones públicas e, incluso, está inspirando iniciativas legislativas. «El Congreso de México está trabajando en una normativa que, bajo el nombre de Ley Centinela, busca implantar la pulsera como una medida obligatoria en los locales de ocio. Nos invitaron a su presentación y fue entonces cuando me di cuenta de que la pulsera ha dejado de ser un producto para convertirse en un símbolo», reflexiona Guadamuz.













