Los profesores solían reñirle por hablar demasiado y distraerse con frecuencia en clase. Cada poco tiempo, le cambiaban de pupitre con la fe de que no charlara con los compañeros a los que menos conocía. Pero Álvaro Chueca enseguida hacía amigos. Tenía esa facilidad natural para acercarse a los demás, encontrar un tema en común y soltar alguna que otra broma que rápidamente rompía el hielo. Nunca le costó adaptarse. De hecho, a los pocos días el nuevo compañero ya le prestaba el sacapuntas, compartía su bocadillo en el recreo y hablaba con él como si llevaran años conociéndose. «Soy extrovertido y desde niño he tenido facilidad para la palabra, quizá por eso estudié Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco«, relata a sus 30 años.
Durante su etapa universitaria, disfrutó de un Erasmus en Portugal. Y aquel viaje supuso un «gran punto de inflexión»: «Geográficamente hablando, Lisboa está al lado de España. Pero conocer otras tradiciones, otra gastronomía e incluso otra arquitectura me llevó a hacer un ‘clic’ en la cabeza. Supe que quería seguir viajando». Que se fijase en el diseño de los edificios no era casualidad. Su padre trabajaba como vidriero y solía llevar consigo toda clase de herramientas. «Martillos, radiales, sierras… Tenía de todo. A veces le acompañaba y participaba en diferentes proyectos. Aprendí, por ejemplo, a poner ladrillos en el suelo y a ensamblar un armario, sin saber que años después me dedicaría a ello», apunta.
ENTRE VAMPIROS
Sin embargo, antes de adentrarse de lleno en el sector de la construcción, prefirió probar suerte en la política. Y se convirtió, por el partido Agrupemos Olite, en concejal de Festejos del ayuntamiento de la localidad, donde nació y creció. «Fueron años complicados, pero bonitos», resalta tras recordar el duro golpe que supuso la pandemia.
Su legislatura, que transcurrió entre 2019 y 2023, coincidió con el rodaje de la serie estadounidense Vampire Academy en el palacio de la localidad, y las anécdotas que acumula son infinitas: «Un día nos pedían un piano, otro una mesa de ping-pong… Si lo piensas, en televisión se necesitan muchos elementos, aunque puedan parecer tonterías o detalles sin demasiada importancia. Luego veía el decorado y me parecía increíble. Sin duda, fue una experiencia de esas que no se olvidan».
Algunos familiares y conocidos sugerían que se presentase a alcalde en las siguientes elecciones. Pero nuestro protagonista recordaba su viaje a Portugal con tanta nostalgia que pronto decidió «cambiar de aires» y conocer otros destinos. En esta ocasión, se decantó por Australia.
ATERRIZAJE EN AUSTRALIA
Suele decirse que la fauna australiana sorprende a todo aquel que visita el país. Las arañas tejen sus imperios en los rincones de las casas, los murciélagos surcan el cielo con una autoridad admirable y no es difícil toparse con un koala durmiendo en lo alto de un eucalipto o divisar un canguro atravesando la carretera. Uno de los animales que más fascinó a Álvaro fue, sin duda, el quokka. «Habita en las islas de Rottnest y Bald, y dicen que es el animal más feliz del mundo porque parece que siempre está sonriendo. Es como una ratilla que te transmite felicidad», explica segundos antes de detallar cómo fue su aterrizaje en la ciudad de Perth, donde reside desde hace casi un año.
Retomó su vieja pasión por la carpintería, que había heredado de su padre, y comenzó a trabajar en Construct Perth, compañía especializada en el diseño y la construcción de apartamentos. Tras unos meses en la firma, fichó por On Point Carpentry. «Me encargo de los rodapiés, los armarios, las encimeras y los cajones de casas y edificios. Me he subido a muchos tejados para rehabilitar alguna que otra cosa, y aquí es común ponerse una especie de red en la cara, como la que llevo en la foto que abre esta entrevista. Es increíble la cantidad de moscas que hay», puntualiza para acto seguido desvelar que, actualmente, está trabajando en habilitar una nueva tienda de Apple.
LA GASTRONOMÍA NAVARRA, EN EL ‘TOP 1’
Aunque su intención es permanecer en el país australiano un año más, reconoce que echa de menos «ciertas cosicas» de su Navarra natal. «Sobre todo extraño a mis primos y a mis padres, pero también la gastronomía. Para mí, la Comunidad foral tiene la mejor comida del mundo, se posiciona en mi ‘top 1’. La chistorra, un buen bocadillo de chorizo pamplonés… ¡Hablar de esto sin poder probarlo es casi una tortura psicológica!», ríe.
A modo de reto personal, se ha propuesto aprender a hacer surf en la costa australiana, a pesar de que el mar le transmite «mucho respeto». «Australia es el segundo país con más ataques de tiburones, justo después de Estados Unidos. Pero me apetece probar el surf, aunque admito que soy más de buceo», apostilla al tiempo que anima a todo aquel que desee viajar al extranjero a hacerlo sin pensarlo dos veces: «Hay que dar el salto, merece muchísimo la pena».
Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra.













