Es fácil advertir el cariño de Carlos Galipienzo por la empresa familiar que lleva su apellido. Con 22 años, tuvo que realizar un curso exprés de chino antes de viajar al gigante asiático para vender pieles de conejo, consciente de que cualquier error al pronunciar un número podía hacerle perder una operación entera. Hoy tiene 37 años y es el responsable del grupo navarro Galipienzo, un conglomerado vinculado al sector cárnico que ha evolucionado durante más de cuatro décadas sin perder sus raíces en Cascante.
«De joven nunca fui un apasionado de los estudios. Pero tenía claro que, si quería ganar mi propio dinero, debía trabajar en el negocio familiar durante las vacaciones», rememora Galipienzo para Navarra Capital. Así, cursó un grado medio de Administración y Dirección de Empresas en Tudela y, desde comienzos de la década de 2010, lidera el grupo empresarial, que en la actualidad está compuesto por cuatro sociedades: Galipienzo, dedicada a la industria cárnica; Curtidos Galipienzo, enfocada a la comercialización de pieles y productos animales; Cunícola Galipienzo, especializada en la cría de conejos; y un secadero de jamones en Teruel, que adquirió el año pasado para diversificar su actividad.
Los orígenes del negocio se remontan a la década de 1970, cuando un familiar y su padre, José Galipienzo, fundaron los cimientos de la empresa. Juntos procesaban los conejos que compraban a vecinos de la zona en una bajera del pueblo. El verdadero salto se produjo cuando José regresó de realizar el servicio militar en Toledo. Ante el aumento de la demanda, profesionalizó el proceso y alcanzó acuerdos con empresas como Uvesa para delegar el sacrificio de los animales.
Aquella visión empresarial permitió sentar las bases del crecimiento posterior y, aunque hoy ya está jubilado, José Galipienzo sigue levantándose a las cuatro de la mañana para supervisar la actividad de la compañía. «Era el pequeño de ocho hermanos y, aunque nunca les faltó de nada, tampoco les sobró», recuerda su hijo con orgullo. En la actualidad, la sede central del grupo se encuentra al norte de Cascante y ocupa cerca de 30.000 metros cuadrados. Además, está afrontando una profunda reforma de sus instalaciones gracias a una inversión de 1,5 millones de euros. La empresa cascantina Mobekip, liderada por Mario Falcón, se ha encargado de reformar las oficinas.
Los primeros pasos de Carlos en la empresa fueron en Curtidos Galipienzo. Por encargo de su padre, tuvo que viajar a Portugal y China para acelerar la exportación de pieles de conejo. En su momento, la empresa llegó a facturar más de 10 millones de euros y exportaba cerca de un millón de pieles al mes. Sin embargo, la progresiva caída del sector peletero modificó el modelo de negocio. «Durante años, el valor económico de la piel fue muy elevado, mientras que la carne tenía menor peso económico. Pero, cuando la piel dejó de tener salida, pasamos a centrarnos en el negocio de la carne», explica.
Hoy, Curtidos Galipienzo ha reconvertido parte de esa actividad en la venta de subproductos como orejas o patas destinadas a la fabricación de juguetes para mascotas, así como harinas para piensos.
EL CRECIMIENTO
Así, el negocio principal que sustenta al grupo es la industria cárnica, cuya evolución ha sido notable. En 2010, Galipienzo procesaba 25.000 conejos semanales; hoy, 45.000. De hecho, el año pasado procesó más de dos millones de animales. El suministro procede de una treintena de granjas repartidas entre Navarra, País Vasco, Castilla y León, Aragón y La Rioja. Y, además, Cunícola Galipienzo gestiona tres explotaciones propias en la Comunidad foral con unas 5.000 hembras reproductoras, que representan entre el 10 % y el 15 % de la producción total.

El grupo está acometiendo una profunda reforma de la planta gracias a una inversión de 1,5 millones.
En paralelo, la empresa ha ampliado progresivamente su gama de productos. «Hace una década iniciamos la comercialización de gallinas y otras aves, y hoy también vendemos cordero y ternera», desgrana el empresario. Sus productos llegan a todas las provincias españolas, incluidos los archipiélagos, y su cartera de clientes abarca desde carnicerías tradicionales y mayoristas hasta grandes superficies como El Corte Inglés, Eroski, Caprabo, Condis, BM, Alimerka o Ahorramas. A nivel internacional, exporta a países como Bélgica, Italia, Holanda, Alemania, Francia, República Checa y Portugal, donde cuenta con una delegación en Oporto.
El crecimiento económico del grupo, que cuenta con 65 trabajadores, ha sido constante. En 2025, alcanzó una facturación total de 26 millones de euros, cinco más que en 2021 (+23,8 %). De esa cifra, cerca de 24 millones correspondieron a la actividad cárnica. En esa línea, la adquisición del secadero de jamones en Teruel responde a la estrategia de diversificación «para reforzar la estabilidad del negocio y abrir nuevas vías de crecimiento».
Galipienzo reconoce que su implicación en el negocio exige sacrificios personales. En ese sentido, le gustaría disponer de más tiempo para compartir con su mujer, Paula Jiménez, y su hijo, Martín. «Aunque solo tiene cuatro años, ya muestra madera de empresario. Me imita hablando por teléfono y diciendo que no puede bajar el precio de los conejos», comenta entre risas.













