jueves, 4 junio 2026

El grupo navarro de ‘airsoft’ que reserva pueblos enteros para organizar simulacros de guerra

Organizar simulaciones militares en terrenos vacíos durante todo un fin de semana. Esa es la propuesta del 'airsoft', un deporte que recrea enfrentamientos tácticos con réplicas de armas que disparan bolas biodegradables. Sus partidas, conocidas como MilSim (simulación militar), reúnen a decenas o incluso cientos de jugadores en escenarios reales donde deben cumplir misiones estratégicas. Además de ofrecer una experiencia inmersiva, estas iniciativas buscan también generar actividad económica en pequeñas localidades rurales que sufren despoblación.


Pamplona - 13 marzo, 2026 - 18:05

La asociación navarra Lobos, que llegó a reunir a 48 miembros, busca un nuevo terreno donde instalar su campo. (Fotos: cedidas)

El primer disparo resuena seco entre los árboles. Un grupo de jugadores avanza agachado entre los matorrales, comunicándose en voz baja a través de sus radios. Visten chalecos tácticos, botas de monte y gafas de protección; algunos portan fusiles de asalto, otros subfusiles o pistolas. El equipo se divide en dos columnas que rodean un pequeño edificio abandonado. De pronto, una ráfaga de bolas de plástico silba en el aire. Uno de los jugadores nota el impacto en el chaleco. Levanta inmediatamente la mano por encima de la cabeza y grita: «¡Muerto!». Se aparta del combate y camina hacia la zona segura. En el airsoft no hay manchas de pintura que delaten el impacto: todo se basa en la honestidad de los participantes.

Ese pequeño gesto resume la esencia de este hobby que combina estrategia, destreza física e inmersión en escenarios realistas. El airsoft es un juego de simulación en el que los participantes recrean enfrentamientos tácticos utilizando réplicas de armas que disparan pequeñas bolas de plástico biodegradables. Las partidas se desarrollan en campos preparados o en espacios naturales controlados, con reglas estrictas de seguridad y con misiones que, en muchos casos, siguen un guion previo.

UN ORIGEN INESPERADO

El origen del airsoft se remonta a Japón en los años setenta. En aquella década, el país impuso leyes muy estrictas sobre la posesión de armas de fuego, lo que impedía a coleccionistas y aficionados poseer armas reales. Para responder a esa demanda comenzaron a fabricarse réplicas inertes de plástico y metal que reproducían fielmente el aspecto de las armas originales, pero sin su peligrosidad. Su expansión internacional fue rápida. En Europa, Bélgica se convirtió en uno de los grandes centros de este deporte gracias a la proliferación de campos de juego, algunos tan singulares como castillos antiguos adaptados para las partidas. También surgieron marcas especializadas en la fabricación de réplicas de alta calidad como la japonesa Tokyo Marui o la austriaca Novritsch.

En Navarra también hay una comunidad fiel a este hobby. Uno de sus integrantes es el pamplonés Adrián Gorostizu, de 36 años, que lleva casi media vida jugando: «Empecé con dieciocho años. Había un pequeño grupo que se llamaba Airsoft Pamplona. El deporte no estaba legislado ni siquiera en España, no había distancias mínimas, ni potencia de disparo. Jugábamos en el monte, en un campo de barbecho que tenía el tío de un amigo», recuerda a Vanity Capital.

Con el tiempo el deporte se reguló, se profesionalizaron los campos y surgieron asociaciones que organizan partidas. Hoy, las quedadas se planifican a través de páginas web o redes sociales: «Normalmente quedamos los sábados o domingos a primera hora de la mañana y pasamos allí incluso todo el día».

De hecho, España cuenta con numerosos escenarios de juego. Algunos de los más grandes se encuentran en Bilbao, Valencia o Canarias. El grupo de Adrián suele desplazarse hasta la La Rioja, donde hay campos de tamaño medio, pero muy especializados. «En Bilbao puedes alquilar todo el equipo para probar. Pagas la entrada, que suele costar entre 15 y 20 euros, y por unos cinco euros más te prestan chaleco, réplica, bolas y gafas de protección. Es perfecto para iniciarse», reconoce. Asimismo, las reglas pueden variar según el campo o el tipo de partida. Algunas incluyen «médicos» que pueden revivir a los jugadores eliminados o sistemas de rescate en los que un compañero debe arrastrar al herido fuera del campo.

VESTIRSE PARA LA MISIÓN

La experiencia del airsoft es inmersiva. Los jugadores se equipan con ropa táctica y cargan con entre siete y nueve kilos de material durante horas. Además, cada uno elige su propia arma. En su caso, Adrián suele optar por un subfusil acompañado de una pistola con silenciador. Otros jugadores también utilizan granadas: «Llevan dentro un casquillo de fogueo real de nueve milímetros. Lo tiras, hay un mecanismo que golpea el casquillo y hace el sonido. Todo lo que está cerca queda eliminado». En este sentido, el coste del equipo puede variar enormemente. Según Adrián, lo mínimo para empezar, entre traje, chaleco, gafas protectoras y réplicas, puede rondar los 500 euros.

Las bolas que se utilizan son de plástico biodegradable, una exigencia para evitar daños medioambientales y su peso suele oscilar entre 0,20 y 0,45 gramos. «Cuanto más pesada es la bola, más lejos llega y más daño puede hacer. Por eso hay distancias mínimas para ciertas armas. Con un francotirador potente no puedes disparar a menos de veinte metros. Además, en todos los campos hay árbitros que supervisan la partida, controlan la seguridad y se aseguran de que se respeten las normas», apunta.

Los jugadores han elaborado un mapa con lugares abandonados en Navarra para ubicar su futuro campo.

Los jugadores han elaborado un mapa con lugares abandonados en Navarra para ubicar su futuro campo.

A su vez, las partidas de airsoft suelen desarrollarse como pequeñas historias. Cada equipo recibe una serie de objetivos que debe completar antes que el rival: «En una de las últimas partidas nos dieron once sobres. Teníamos que ir cumpliendo el objetivo de cada uno. Por ejemplo, encontrar una pala para desenterrar una mina. Cuando la encontrabas, la llevabas a otro punto del campo y abrías el siguiente sobre». En estas partidas, el número de participantes puede variar mucho. En Navarra, una de las últimas grandes citas se celebró en el antiguo aserradero de Yárnoz. «Fue una despedida del campo y vinieron jugadores incluso de Francia, superamos las 120 personas», recuerda.

Tras años de experiencia, Adrián distingue varios perfiles habituales entre los aficionados. El primero es el de personas mayores que encuentran en el airsoft una forma de revivir el interés por el mundo militar. «Hay gente de más de 60 años jugando. Muchos hicieron la mili y les gusta ese ambiente, aunque no tengan ningún interés real por la guerra», asegura. Otro grupo está formado por policías o exmilitares que utilizan el airsoft como entrenamiento táctico: «Les sirve para mejorar la estrategia o la puntería y para acostumbrarse a moverse con peso». El tercer perfil es quizá el más numeroso: aficionados a los videojuegos bélicos que descubren en esta práctica una forma de trasladar esa experiencia al mundo real. «Muchos venimos de jugar a Call of Duty o Battlefield. Y piensas: a la guerra no me voy a ir, pero esta simulación está a nuestro alcance».

EL FUTURO DEL AIRSOFT 

A pesar de la creciente afición, Navarra carece actualmente de un campo estable para practicar este deporte. Por eso muchos jugadores se desplazan a comunidades vecinas. «Normalmente salimos tres o cuatro coches llenos, entre doce y dieciséis personas», lamenta. La asociación navarra Lobos, que llegó a reunir a 48 miembros, sigue buscando un nuevo terreno donde instalar su campo: «Hemos hecho incluso un mapa con lugares abandonados en Navarra para hablar con los propietarios».

Entre las ideas que manejan también hay proyectos con un componente social. Uno de ellos se desarrolla en Utrilla, un pequeño pueblo de Soria con pocos habitantes y escasos recursos para mantener sus infraestructuras. La propuesta consiste en organizar una MilSim (Military Simulation), una gran partida para hasta 200 jugadores durante un fin de semana. «Cada persona pagaría unos 50 euros al día. Con una parte sufragaríamos la parte de los árbitros y el material, como bengalas o humo. Pero el resto se donaría al pueblo para arreglar carreteras o edificios. Según mis cálculos, podríamos llegar a recaudar unos 10.000 euros, una cantidad que en algunos casos supera las ayudas públicas que recibe el municipio en varios años», cuenta.

Suscríbete gratis a nuestras newsletters

De lunes a viernes, recibe la newsletter que recoge toda la actualidad económica y empresarial de Navarra, así como nuestros contenidos exclusivos. El fin de semana, con Vanity Capital, descubre las últimas novedades en la industria de la satisfacción personal.

Suscríbete a nuestra newsletter diaria y/o a Vanity Capital


To Top

Has decidido rechazar las cookies

Al aceptar las cookies no solo acepta publicidad personalizada, sino que también está apoyando un servicio de información de calidad, basado principalmente en contenidos periodísticos de elaboración propia. Por tanto, favorece que Navarra Capital pueda seguir ofreciéndole, sin necesidad de pagos ni suscripciones, toda la actualidad del tejido empresarial de la Comunidad foral.

Si lo desea, puede aceptarlas pulsando el botón inferior. Además, siempre podrá volver a rechazarlas en el apartado 'Configuración' en la página de política de cookies.