viernes, 24 mayo 2024

El viaje por el Sena que inspiró a los impresionistas

Desde la ciudad de la luz hasta los majestuosos acantilados de tiza que se sumergen en el Canal de la Mancha. La aventura que atraviesa este icónico río francés cruza pueblos encantadores que inspiraron a Corot, Géricault, Courbet, Monet, Degas o Turner. Por eso, un crucero puede permitir a sus navegantes presenciar los paisajes en vivo al tiempo que se aprecian las obras impresionistas en los museos. Una experiencia que inspira...


Pamplona - 4 marzo, 2023 - 00:08

La travesía en busca de los lugares del arte impresionista parte desde el muelle de Grenelle en París. (Fotos: cedidas)

Dejarse llevar por los caminos que siguieron las pintores impresionistas es garantía de descubrir ciudades luminosas, paisajes coloristas, pueblos llenos de vida. Las pinturas de Corot, Géricault, Courbet, Monet, Degas o Turner nos hablan de estos ambientes, y presenciarlos en vivo al tiempo que se aprecian sus obras en los museos es una experiencia única. Si a ello se une el placer de recorrer estos lugares mientras se navega por el mítico Sena entre París, donde se encuentran muchas de sus obras maestras, y Normandía, el viaje resulta excepcional.

La travesía en busca de los lugares del arte impresionista, propuesta de la compañía Croisi Europe, parte desde el muelle de Grenelle en la capital gala. A unos cientos de metros, en el Museo de Orsay, se encuentran las grandes obras de los maestros de final del siglo XIX y principios del XX. Por eso, el primer impacto de navegación es recorrer el céntrico Sena cruzando sus bellos puentes, mientras se descubren algunos de los tesoros iluminados de la ciudad de la luz: la torre Eiffel, el Grand Palais, L’Orangerie, el Louvre, la catedral de Notre Dame…

El río ha sido motivo de inspiración para numerosos pintores que han plasmado en sus lienzos la elegancia y belleza de los pueblos por los que atraviesa el Sena. Es el caso de Giverny, localidad donde Claude Monet se instaló con su compañera Alice Hoschedé y sus ocho hijos para cultivar sus dos pasiones: la pintura y la botánica. Durante cuatro décadas, Monet contempló su maravilloso jardín eternamente florido que sería el escenario de muchas de sus obras más trascendentes como Los Nenúfares o El estanque de las ninfas y el puente japonés.

«Me tomó mucho tiempo entender mis nenúfares –decía–. Los cultivé sin pensar en pintarlos… Un paisaje no te embarga en un día… Y entonces, de repente, tuve la revelación de los encantos de mi estanque. Tomé mi paleta. Desde entonces, apenas he tenido otro modelo». El maestro impresionista vivió en Giverny desde 1883 hasta su muerte en 1926. Su casa se conserva como cuando vivió en ella, con muchas de sus obras adornándolas, aunque son reproducciones, y su espectacular comedor en tonos amarillos. Tanto él como muchos de sus familiares están enterrados en el cementerio local.

ENTRE MONET Y JUANA DE ARCO

Rouen es también conocida como la ciudad de los cien campanarios, gracias a la serie de lienzos realizados por Monet.

Por el camino, el crucero se topa con Les Andelys, el precioso castillo de Martainville, construido en 1485 y que alberga el Museo de las Tradiciones y Artes Normandas, así como recorre la ruta de las abadías, espléndidos edificios que dan testimonio de la riqueza espiritual medieval de la región. De esta forma, encalla en Rouen, verdadera ciudad museo donde compiten nada menos que Monet con Juana de Arco. La localidad alberga, asimismo, la huella de otros personajes ilustres que la habitaron como Gustave Flaubert, Pierre Corneille o Guillermo el Conquistador.

La catedral, en la que está la tumba de Ricardo Corazón de León, aloja una serie de 31 lienzos de Monet realizados entre 1892 y 1894. Al repetir el bosquejo de la fachada del templo, el pintor encuentra una excusa para mostrar al auténtico protagonista de la composición: la capacidad de la pintura de representar la cualidad dinámica de la luz y el ambiente, que es capaz de dar vida a algo tan pétreo e inanimado como la imponente fachada de la catedral gótica.

FRENTE A LA COSTA ATLÁNTICA

De regreso al barco, es tiempo de disfrutar de la deliciosa gastronomía que se sirve a bordo. Inspirada, claro está, en la cocina francesa, pero con toques internacionales y concesiones al diseño, es una de las mejores que pueden disfrutarse sobre el agua. Servida en la mesa y regada con buenos vinos regionales franceses o refrescantes cervezas –las bebidas en el comedor o en el bar están incluidas durante todo el crucero–, supone un placer adicional a la travesía, mientras entre plato y plato se disfrutan de los paisajes y monumentos que transcurren en las orillas del gran río.

El Sena, después de vivificar Normandía, comienza su despedida en Honfleur. La fama internacional de este pueblo marítimo se debe, en parte, a la autenticidad, a sus calles pavimentadas y, sobre todo, a su encantador puerto, el Vieux-Bassin, ubicado en el centro de la ciudad entre casas estrechas.

El río ha sido motivo de inspiración para pintores que han plasmado en sus lienzos la elegancia y belleza de los pueblos por los que atraviesa.

Visitas imprescindibles, todas a un paso porque la ciudad es pequeña, son la Lieutenance y la puerta de Caen, vestigios de las fortificaciones en el propio puerto, o la iglesia Sainte Catherine, que es la más grande de Francia construida totalmente en madera. Ciudad de pintores, el cielo de Honfleur posee sobre el estuario del río Sena luces cambiantes que inspiraron a Courbet, Monet, Boudin y demás artistas. Y lo sigue haciendo hoy en día: varias decenas de galerías y talleres de artistas exponen continuamente obras de pintores clásicos o contemporáneos.

LA NORMANDÍA DE LOS IMPRESIONISTAS

Las costas de Êtretat se caracterizan por los imponentes acantilados de tiza blanca.

Normandía ofrece 600 kilómetros de costas rocosa que alternan valles, colinas, ríos, paisajes marítimos, lugares medievales con campos de ensueño. Así, los artistas tienen una infinidad de motivos para la inspiración: el clima cambiante con los cielos en constante movimiento por la influencia de los vientos y las mareas y su gran variedad de luces. De hecho, trasladar los caballetes al aire libre fue una de las grandes revoluciones del impresionismo. La costa también ofrece paisajes grandiosos como Étretat, donde se alzan los majestuosos acantilados de tiza blanca que se sumergen en el Canal de la Mancha.

Desde aquí están muy cerca pequeños pueblos y ciudades íntimamente relacionados con el movimiento impresionista. Entre otras, las visitadas playas vacacionales de Trouville, Deauville y toda la costa Florida –como Cabourg, que conserva el ambiente de la belle époque que hizo famoso Marcel Proust y su monumental En busca del tiempo perdido–. Y, por supuesto, ahí se alza la joya de Normandía: el Mont Saint-Michel, tercer monumento más visitado de Francia, erigido sobre un islote de granito situado en el centro de una inmensa bahía bañada por las mayores mareas de Europa, que desafía al paso de los siglos.

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