José Antonio Sagardoy, abogado cum laude | Navarra Capital

lunes, 20 agosto 2018

Juan Antonio Sagardoy, abogado y profesor cum laude

El recién homenajeado por la Universidad de Alcalá de Henares añora su pueblo, Pitillas, del que salió para estudiar y fundar el bufete líder de Derecho del Trabajo

Miguel Bidegain
Pamplona - 17 febrero, 2018

Juan Antonio Sagardoy, en el despacho del bufete madrileño que fundara en 1980.

Juan Antonio Sagardoy, en el despacho del bufete madrileño que fundara en 1980.

Al repasar su currículum abruma el número y la importancia de los premios y distinciones que el pitillés Juan Antonio Sagardoy ha recibido en reconocimiento a sus extraordinarios méritos profesionales. Podría pensarse que la concesión de un nuevo galardón apenas le conmovería, por eso sorprende la ilusión con la que ha acogido su nombramiento como doctor honoris causa por la Universidad de Alcalá de Henares, título que recibió en una ceremonia celebrada el pasado 25 de enero.

Explica que cuando acabó sus estudios de Derecho en el entonces Estudio General de Navarra se dedicó a la docencia, actividad que a lo largo de su vida la ha compaginado con el ejercicio de la abogacía, “pero mi vocación y mi ilusión siempre ha sido la docencia universitaria, por eso que la Universidad de Alcalá, que tiene cinco siglos de antigüedad y por la que han pasado personas tan eminentes de nuestra historia como Quevedo o san Juan de la Cruz, me haga este reconocimiento me produjo una enorme satisfacción”.

Recibió el homenaje rodeado de personas del ámbito universitario, familiares y amigos personales, “incluido algún navarro”. Dice que tras serle impuesto el birrete “lo que sacas en claro es que hay que ser sabio, estar muy bien formado, y eso es un reto para la gente joven y los que ya no lo somos, y ser humilde, eso algo que te recuerdan en la ceremonia, además de honrado, que es lo que llaman la pureza”.

“Mi vocación siempre ha sido la docencia universitaria, por eso el reconocimiento de la Universidad de Alcalá me produce una enorme satisfacción”

A sus 82 años Juan Antonio Sagardoy habla con la misma claridad, sabiduría y precisión con la que en sus más de 50 años de ejercicio profesional se ha dirigido a sus alumnos o a los magistrados que han juzgado a las personas cuyos casos defendía en los tribunales.

“Administrativamente estoy jubilado, porque hay unas edades que son como una guillotina y estés bien, mal o regular cuando llegan tienes que retirarte, pero en realidad no me he jubilado porque me encuentro en muy buena forma mental y física y tengo mucha actividad como académico de Jurisprudencia y Legislación, y en el propio despacho tenemos un centro de estudios en el que doy charlas, conferencias… vaya, que sigo muy activo. Lo que no llevo ya son los pleitos, que para un abogado son temas muy duros y muy esclavos, eso es lo que he me permitido superar”.

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CISNES NEGROS EN EL ESTANQUE LABORAL

Es su hijo, Íñigo, quien dirige ahora el bufete que fundó en 1980 y que ha alcanzado el liderazgo en España en las áreas de derecho del trabajo, beneficios sociales, seguridad social, pensiones y recursos humanos, tanto en tareas de asesoramiento como en materia contenciosa. El despacho cuenta con más de 60 abogados y sedes en Madrid, Barcelona, Sevilla, Vigo y Las Palmas. “Dejé la presidencia ejecutiva hace casi ya 10 años, sigo en el despacho como puedes ver pero ya no tengo tareas concretas”.

“¿Sabe cómo se tituló mi discurso de investidura en la Universidad de Alcalá?”, nos pregunta de improviso, y como no lo sabíamos nos lo dice: “Cisnes negros en el estanque laboral”, y aclara que los cisnes negros son “los salarios bajos, la precariedad en el empleo y la sostenibilidad del sistema de pensiones”. Son temas que Sagardoy conoce a la perfección, como lo demuestra el hecho de que Adolfo Suárez le encomendara en 1980 la dirección del equipo que elaboró el Estatuto de los Trabajadores.

Las sucesivas reformas legales ¿han devaluado aquél Estatuto? Sagardoy señala que como norma suprema reguladora de las relaciones laborales conserva su esencia y ha cambiado en lo que tenía que cambiar, fundamentalmente en el tema de su flexibilidad interna. Veníamos de la tremenda rigidez del franquismo, donde hasta para hacer un traslado había que pedir permiso al delegado de Trabajo, y las reformas, sobre todo la de 2012, han hecho que gane movilidad y que los salarios puedan subir o bajar siempre con un tope mínimo digno en cuanto a la cuantía”. Le preguntamos si han sido positivas para el mercado laboral y responde que sí, aunque precisa que “siempre que se esté muy encima para corregir tendencias negativas como los bajos salarios o el trabajo temporal, que en sí no es malo pero lo es cuando se encadena, cuando se hace norma general”.

LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO

Adolfo Suárez le encargó, en 1980, la dirección del equipo que redactó el Estatuto de los Trabajadores

Por eso critica a quienes “aprovechando las crisis de empleo” han incurrido en “abusos” como “esos salarios que no permiten una vida digna al trabajador que lo percibe, eso hay que corregirlo y los propios empresarios ya están diciendo que hay que subirlos ligándolos a la productividad”.

Volvemos a las distinciones y aludimos al nombramiento como hijo predilecto de su villa natal, Pitillas, donde ya no le queda ningún familiar cercano “y eso te desarraiga un poco”. Evoca “días gloriosos que pasé en las fiestas de mi pueblo siendo joven. No pensábamos en otra cosa durante todo el año sino en que llegara el día de San Ramón, el 31 de agosto, pero es una fecha tan mala que ya trabajando siempre me cogía a desmano”. Los recuerdos parecen rejuvenecerle y animarle: Siempre que puedo, en mis intervenciones públicas digo que soy de un pueblo navarro, de Pitillas, y que le tengo un gran cariño. De ahí somos los Sagardoy desde el año 1520, según pude comprobar un verano con un primo mío en las actas parroquiales”.

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“Los tiempos han cambiado y no voy todo lo que quisiera, aunque mi corazón siempre está cerca de Pitillas”, indica sin disimular la añoranza que siente a pesar de que ya hace muchos años que lo dejó, primero para estudiar en Pamplona y a partir de 1962 para trabajar en Madrid. “Mi familia tenía tierras, pero con una visión verdaderamente única porque estamos hablando del año catapún y que me llena de orgullo, mi abuela se empeñó en dar carrera universitaria a sus siete hijos, incluido mi padre. Mi tío Matías llegó a general, otro fue farmacéutico, otro ingeniero… Y cuando llegó nuestro tiempo, excepto a mi hermana que no fue porque no era normal entonces, mi madre nos llevó a la universidad a los tres aunque mi padre quería que nos dedicáramos al campo”.

NAVARRA DESDE LA DISTANCIA

“El deseo de implantarse el nacionalismo, o la integración en el País vasco, sería muy negativo para nosotros”

El Gobierno de Navarra también le concedió la medalla de Carlos III, “y lo agradecí muchísimo, mis amigos para tomarme el pelo me dicen que antes de cómo te llamas anuncias que eres navarro. La llevo en el alma, es una tierra para estar orgullosos de ella, yo la comparo a un olivo, tiene unas fuertes raíces en sus tradiciones pero al mismo tiempo está abierta al mundo, eso es lo que yo creo que es un nacionalismo bien entendido, querer mucho a tu tierra pero a la vez comprender a los que tienes a tu lado, no esa especie de fiebre identitaria que acaba haciéndote pequeño de mente y de espíritu”.

Aprovechamos que ha abierto la puerta de la política para cruzarla y preguntarle cómo ve la situación de la Comunidad Foral. “Veo con preocupación algunos índices que antes eran buenos y ahora no tanto, el tema del empleo, las inversiones… y luego el deseo de implantarse el nacionalismo, o la integración en el País Vasco, creo que eso puede ser muy negativo para nosotros. Para mí el País Vasco siempre ha sido una referencia, pero son lo que son y nosotros somos otra cosa, querer amalgamarnos no sería positivo porque perderíamos nuestra identidad, lo cual no quiere decir que seamos anti vascos, ojo”. ¿Y de Cataluña, qué opina? “Aparte de una dosis no despreciable de estupefacción, mi primer sentimiento es de pena porque una región tan espléndida y próspera, tan innovadora, se haya cerrado absolutamente en esa fiebre identitaria que le impide abrirse al mundo, a otras sensibilidades y costumbres. Eso no le favorece en nada, y miro a Cataluña con preocupación”.

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