Crema de arroz, fresas, dos huevos cocidos y tres claras. Siempre desayuna lo mismo, salvo cuando entra en peak week, la última semana antes de una competición de culturismo. Durante siete días, reduce al mínimo los carbohidratos para «secarse más». El día previo al certamen, sin embargo, llega el carb up, el momento de recargar los músculos con hidratos para que el físico luzca «relleno». «Los culturistas tenemos muy poca grasa, pero en el escenario no nos podemos ver demasiado delgados», destaca la culturista y empresaria pamplonesa Begoña Hualde, lleva veintiocho de sus 51 años viviendo fuera de Navarra.
«A mi edad, descansar es casi lo más importante», repasa para indicar acto seguido que siempre duerme ocho o nueve horas. Tras el desayuno, realiza una sesión de cardio y fuerza que precede a la segunda comida del día: arroz con pollo o salmón, crema de cacahuete y verdura. Después, cuatro comidas más, todas idénticas y separadas por intervalos de tres horas. La disciplina es férrea, pero eso no impide que eche de menos sabores muy concretos de su juventud, como la tortilla del bar La Navarra, el frito de huevo de la Vermutería Río o los espárragos, alcachofas, acelgas y cardos que formaban parte de su memoria gustativa antes de iniciar una vida nómada. «Sin duda, la gastronomía navarra es lo que más echo de menos», asegura entre risas.
Su relación con el deporte se gestó en las pistas de esquí de Candanchú. «Además, de pequeña me gustaba el baloncesto, pero no era lo suficientemente alta para entrar en el equipo. El gimnasio me empezó a llamar la atención con 17 años, y los usuarios del antiguo Jolaskide, en la calle Sangüesa, solían decirme que tenía buena estructura ósea y muscular para desarrollar», recuerda para Capital Sport. Quizás influyera también su afición por los cómics de acción, ya que Catwoman, Wonder Woman, así como las historias de la mitología griega, poblaban sus lecturas adolescentes. «Supongo que me atraían esos cuerpos estructurados y apolíneos», bromea.
Begoña estudió Turismo porque le apasionaban los idiomas y quería ver mundo. Y lo consiguió. Su primer empleo fue en un hotel de París, aunque poco después se mudó a Edimburgo, donde conoció a su marido y empezó a trabajar en el emblemático Hotel Balmoral. Cuatro años más tarde, Londres se convirtió en su nuevo hogar, y allí dio un giro hacia los Recursos Humanos al incorporarse a la tecnológica Net Decisions.
A principios de los 2000 emprendió un nuevo capítulo en Sidney, donde vivió once años y nacieron dos de sus tres hijas: Ruby y Lola. Posteriormente, viajó a Seúl, donde dio a luz a la tercera, Mila, y se centró en su educación. Cuatro años más tarde, aterrizó en Singapur. «Después de tres embarazos, quería ponerme en forma. Me preparé como instructora de zumba y empecé a probar el culturismo porque veía mujeres en Instagram con una apariencia física que me llamaba la atención», relata.
LOS INICIOS
Su primera entrenadora, la colombiana Sara May, la preparó para su debut competitivo en Filipinas. «Estaba temblando de los nervios, pero los resultados fueron positivos. Empezó como un hobby pero, salvo en 2020 por el Covid-19, he competido todos los años desde entonces». Con el tiempo, empezó a trabajar como entrenadora personal en varios gimnasios de Singapur, al tiempo que ampliaba la cartera de clientes que se ejercitaban en su domicilio particular.
Dos años después fundó su propia empresa, Musa Fit, que hoy ofrece entrenamientos personalizados, asesoramiento nutricional y seminarios en empresas sobre hábitos de vida saludables. El proyecto prosperó y pudo mantenerlo incluso tras mudarse a Dubái en agosto del año pasado por motivos laborales de su marido. Allí ha consolidado su actividad: «Ahora tengo mucho negocio online, tanto de entrenamiento como de asesoramiento nutricional. Dedico mucho tiempo a mis clientes porque cada semana me reúno con ellos para evaluar los avances y preparar nuevos planes».
A lo largo de su trayectoria como deportista amateur, ha competido en Filipinas, Japón, Vietnam, Singapur e Italia. Bajo la tutela de sus entrenadores, Brandon Yang y Melissa Choo, en noviembre se proclamó campeona de su categoría en el NPC Euromasters Championship, celebrado en Milán, y en septiembre fue la única competidora no asiática en lograr una medalla en el Global Classic Asian Masters de Hong Kong. «Hasta el año pasado competía en categoría abierta contra mujeres mucho más jóvenes que yo, de 20 o 25 años», explica.
La temporada acaba de concluir, y ahora espera el informe detallado que el jurado de la competición milanesa le enviará próximamente. «Tras siete años compitiendo, las recomendaciones que recibo son sobre todo matices, como mejorar la densidad muscular o perfeccionar el posado», apostilla.
De cara al futuro, Begoña no descarta regresar a la capital navarra, a la que viaja al menos una vez al año coincidiendo con la Navidad o los Sanfermines. «A mis hijas les encanta venir. Y no me extrañaría que alguna acabara trabajando en Pamplona», remata.













