En mitad del mar abierto, donde el horizonte se funde con el cielo y la calma puede tornarse incertidumbre en cuestión de segundos, una pequeña luz puede marcar la diferencia. Una bengala que atraviesa la bruma o un bote de humo que tiñe el aire de rojo se convierten en herramientas esenciales cuando la tecnología falla o la visibilidad desaparece. En esos momentos críticos entra en juego la labor de Wescom, anteriormente Pirotecnia Oroquieta.
Con más de un siglo de historia, la compañía está especializada en la fabricación de sistemas de señalización para emergencias marítimas. Su origen se remonta a 1885, cuando Manuel Oroquieta decidió cerrar su carpintería en Pamplona para dedicarse a la pirotecnia. El éxito no tardó en llegar gracias a que un sacerdote amigo que había vivido en Italia le compartió varias fórmulas para la mezcla de pólvoras, lo que permitió a Oroquieta innovar y sorprender rápidamente. Con el tiempo, la empresa se expandió a San Sebastián, y su hijo Alfonso Oroquieta llevó el oficio a tal nivel que hasta Ernest Hemingway los mencionó en su obra ‘Fiesta’.
La Guerra Civil interrumpió temporalmente la producción, que se retomó en 1940. Fue entonces cuando Felisa Oroquieta, hija de Alfonso, se casó con Juan José Arana, quien reorganizó la firma aprovechando su experiencia como artillero y antiguo trabajador en la industria de explosivos. A partir de ese momento, la marca adoptó el nombre de Pirotecnia Oroquieta, centró su actividad en señales de socorro y dejó de fabricar fuegos artificiales, especialmente durante el auge de la industria pesquera en los años 50.
Sus principales clientes hoy son fabricantes de balsas salvavidas, propietarios de embarcaciones de recreo y ship chandlers
En 1975, la empresa se trasladó a Esquíroz, donde hoy ocupa una parcela de 20.000 metros cuadrados. «Por motivos de seguridad, trabajamos en pequeños talleres separados entre sí para evitar que un posible accidente afecte a todo el recinto», explica Maitane Arana, directora general de la planta desde principios de año y vinculada a la misma desde 2006.
No obstante, Oroquieta ha vivido varios cambios importantes en los últimos años. En 2000 fue adquirida por el grupo británico Chemring y, en 2012, pasó a manos de la multinacional estadounidense Drew Marine, que posteriormente cambió de nombre para llamarse Wescom.
EL CRECIMIENTO
Además de España, Wescom tiene sedes en Alemania, Estados Unidos, Australia y dos en Reino Unido, donde se fabrican sistemas electrónicos de salvamento, como radiobalizas. La planta de Esquíroz, que cuenta con una docena de trabajadores, mantiene un crecimiento sostenido del 7 % anual tanto en cuota de mercado como en facturación. Y a nivel global, Wescom superó los 68 millones de euros en ventas durante 2023.
La planta navarra fabrica bengalas, cohetes y botes de humo bajo la marca Oroquieta. Tres elementos obligatorios en todas las embarcaciones, aunque la cantidad varía según la zona de navegación y las medidas del buque. Además, distribuye productos de dos marcas alemanas orientadas al mercado de barcos mercantes. «La de Alemania es la sede por excelencia del grupo porque fabrica para un montón de países. Sin embargo, nuestra sede de Pamplona es más flexible, y nos adaptamos mejor a operaciones más versátiles», destaca la directiva navarra.

Las bengalas, los cohetes o los botes de humo son tres productos que se elaboran en la planta de Esquíroz.
Desde Esquíroz, Wescom suministra su género a países del sur de Europa como Francia, Italia, Portugal, Grecia o Croacia, así como al norte de África y a destinos puntuales como Cabo Verde. Sus principales clientes son fabricantes de balsas salvavidas, propietarios de embarcaciones de recreo y ship chandlers, operadores especializados en abastecer todo tipo de productos a los barcos. «Contar con los más potentes del sector en nuestra cartera de clientes es una de nuestras grandes fortalezas», recalca Arana.
Wescom prevé abrir una nueva línea de negocio en los próximos años. «Además de la pirotecnia, las balsas salvavidas incorporan botiquines, dispositivos electrónicos, agua o comida. Comenzaremos su distribución en un plazo de entre tres y cinco años», avanza la directora.













