martes, 19 octubre 2021

La fuerza contra el cáncer se entrena

La Sociedad Española de Oncología Médica apuntó que, en 2020, se registraron 19,3 millones de casos nuevos de cáncer en el mundo. El mismo organismo lanzó una advertencia: para 2040, esta cifra aumentará a 30,2 millones. Gracias a los avances tecnológicos y a la detección temprana, muchos diagnósticos ya no vienen acompañados de una sentencia trágica. Sin embargo, incluso los tratamientos más sofisticados traen consigo unos efectos secundarios, que afectan especialmente a la masa muscular. Convencidos de que el ejercicio es "el único tratamiento no farmacológico" eficaz para paliar estos daños, en U'kore han diseñado un programa específico para supervivientes y personas que actualmente sufren la enfermedad. Su propuesta combina el entrenamiento de la fuerza, una metodología individualizada y un afán colectivo de superación.

Cristina Mogna
Pamplona - 17 abril, 2021

El entrenamiento de fuerza permite paliar algunos efectos secundarios de los tratamientos contra el cáncer. (Fotos: Maite H. Mateo)

A Carmen le cambió la vida hace doce años, cuando le diagnosticaron un cáncer de mama. Se sometió a sesiones de quimioterapia y radioterapia, luego tomó religiosamente las pastillas hormonales que le recetaron y se entregó, finalmente, al cuidado de sus dos hijos pequeños. En 2019, una revisión rutinaria le provocó otra sacudida: había metástasis en dos vértebras. Esta vez lo tenía claro. No podía renunciar a tomar esos medicamentos que “debilitaban un poco” sus huesos, pero necesitaba encontrar un “escape” que le brindara la energía necesaria para hacer frente a la situación. Y fue así como, motivada por el “trato exquisito” de un grupo de profesionales, comenzó en poco tiempo a levantar un par de kilos. Ya no se “sofoca” subiendo escaleras y tampoco retiene líquidos.

“La quimio y la radioterapia producen debilidad, por lo que ganar en fuerza permitirá torear mejor estos procesos y prevenir daños en el sistema inmune”.

Alejandra, en cambio, tardó un poco más en dar el paso. Gracias a varias voluntarias de la Asociación Navarra de Cáncer de Mama Saray, perdió el miedo a las pesas y se lanzó a realizar entrenamientos de fuerza. Como Carmen, se apoyó igualmente en el asesoramiento de entrenadores especializados: “Me gusta que me observen mientras hago ejercicio porque, de lo contrario, me da un poco de miedo moverme de manera errónea y después quedarme con una molestia”.

La misma inquietud sentía Itziar. Después del shock que le supuso enterarse de que padecía un cáncer de ovario en estadio cuatro, entendió que su tratamiento médico debía combinarse con una alimentación equilibrada y una rutina deportiva. Ahora nota los resultados positivos de esa decisión: “Actualmente soy capaz de levantar más peso que antes de la enfermedad y eso no hubiese sido posible sin alguien que me aconsejara y me guiara”. También María percibió que “no podía sola”. Una mastectomía radical en el pecho derecho la empujó a decantarse por un estilo de vida más activo. “Siento que estoy recuperando mi vida, tanto a nivel físico como emocional”, confiesa. Solo tiene una objeción para consigo misma: “Hubiese agradecido empezar a ejercitarme antes”.

El centro U’kore, ubicado en Mutilva, cuenta con un programa específico para pacientes y supervivientes de cáncer.

Las historias de Carmen, Alejandra, Itziar y María (nombres ficticios para preservar su intimidad) son, al mismo tiempo, las de miles de personas diagnosticadas con esta misma enfermedad. De hecho, la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) vaticina que este año se diagnosticarán 276.239 casos en todo el país. Estas cuatro mujeres, no obstante, comparten el mismo espíritu de superación. Todas ellas encararon al miedo y, en ese enfrentamiento, apostaron por defenderse con sus músculos y con la ayuda de todos los profesionales que forman parte de la plantilla de U’kore, un centro de entrenamiento inteligente ubicado en el paseo Santxiki de Mutilva. Primero fue Dani Jiménez, su cofundador y director técnico, quien advirtió que “cada vez más” pacientes de cáncer llamaban a su puerta en busca de asesoramiento. Y así se animó a crear un programa específico para ayudar a quienes lo sufren.

EL PROCESO

Consciente de que cada persona es un mundo, supo desde un principio que su estrategia debía pivotar sobre dos pilares: la individualización y la flexibilidad. Por eso, a todas las personas que muestran interés en este programa las invita a un primer encuentro. En esa toma de contacto, los profesionales de U’kore se encargan de elaborar una valoración inicial y de implementar un plan de acción que tenga en cuenta la afección concreta, así como la experiencia previa del potencial cliente con el ejercicio físico. “Según ese análisis, los informes médicos que recibamos y la fase de la enfermedad en la que se encuentre, le proponemos que entrene dos veces a la semana, de manera personal o en grupo, aunque siempre le recomendamos que se mantenga activo mientras está en su hogar”, expone Jiménez.

Sea cual sea la modalidad aconsejada, el objetivo principal es el mismo para todas las personas usuarias: trabajar la fuerza con el fin de paliar, en la medida de lo posible, algunos de los efectos secundarios sobre la estructura ósea propios de los tratamientos y la enfermedad: “La quimio y la radioterapia producen debilidad, por lo que ganar en fuerza permitirá torear mejor estos procesos y prevenir daños en el sistema inmune”. Unos beneficios que, según añade, convierten al entrenamiento de fuerza en un aliado indispensable para afrontar este tipo de situaciones. “El 30 % de los fallecimientos por cáncer se deben a la caquexia refractaria“, apostilla. Se trata de un estado crítico entre los pacientes, que se caracteriza por la falta de apetito y por una carencia drástica de masa muscular. Asimismo, el director técnico de U’kore, indica que la mayoría de los pacientes que acuden a su centro por primera vez presentan sarcopenia, una condición que explica la pérdida involuntaria de musculatura esquelética.

El entrenamiento de fuerza es eficaz para combatir la osteoporosis, la pérdida de calidad del sueño y la fatiga.

Por todo ello, defiende con rotundidad que el entrenamiento de fuerza es, “en muchas ocasiones, el único tratamiento no farmacológico eficaz para combatir la osteoporosis, los dolores, la pérdida de calidad del sueño, los problemas cardiovasculares y el cansancio”. Pese a que esta última afirmación pueda parecer “paradójica”, la fatiga -“presente en el 70 % de los pacientes con cáncer”- se frena a través de la actividad física. En este sentido, su planteamiento cuenta con el respaldo de muchas instituciones científicas. Un estudio de la Universidad de Sydney, por ejemplo, concluyó que realizar esta clase de ejercicios dos veces por semana -la misma propuesta que plantea U’kore- reduce la probabilidad de morir por esta enfermedad en un 31 %.

“Estas personas dan energía a los demás compañeros porque tienen mucha fuerza interior. Son luchadores que inspiran y motivan al resto”.

Las pesas forman parte del equipamiento habitual de este gimnasio, aun cuando el objetivo de este programa no es hacer apología del fisicoculturismo. “Si bien hacemos progresiones hacia el entrenamiento pesado, con las debidas modificaciones en la carga según el estado físico de cada persona, nuestra propuesta no consiste simplemente en levantar el máximo peso posible, sino también en sentarte y levantarte de una silla, subir escalones o hacer push-ups en una superficie elevada, entre otras acciones”, detalla. En este escenario, resulta fundamental adaptarse a la realidad de los pacientes, procurando que “se sientan especiales y atendidos” sin caer en la tentación de tratarles con paternalismo: “Eso siempre juega en contra de ellos”.

La riqueza de estas experiencias, en todo caso, no solo repercuten en los pacientes de cáncer. “Al principio, da un poco de respeto porque están pasando por una situación muy complicada y no sabes si vas a estar a la altura. Sin embargo, es muy satisfactorio cuando ves que confían en ti para que les ayudes a seguir adelante. Además, dan energía a los demás compañeros porque tienen mucha fuerza interior. No suelen ser almas en pena, sino luchadores que inspiran y motivan al resto”, revela Jiménez.

El entrenamiento, como apunta Jiménez, debe combinarse con una alimentación equilibrada y un manejo adecuado del estrés.

La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) apuntó que, en 2020, se diagnosticaron aproximadamente 19,3 millones de casos nuevos de cáncer en el mundo. No obstante, el mismo organismo lanzó una advertencia: esta cifra aumentará en 2040 a 30,2 millones. Ese panorama que se avecina, para el director técnico de U’kore, urge a perseguir estilos de vida más saludable. “Dormir bien, comer sano, hacer ejercicio y controlar los niveles de estrés a los que estamos sometidos no son garantías de salvación, pero sí reducen mucho las posibilidades de padecer esta enfermedad”, concluye Jiménez.


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