En la actualidad, una amplia mayoría de las empresas navarras, y del conjunto general del Estado, son cada vez más conscientes de la necesidad de saber identificar y regular las emociones. Una cuestión atípica para una organización empresarial, pero clave en aspectos fundamentales a la hora de relacionarse con accionistas, proveedores y, sobre todo, clientes.
Por este motivo, las empresas han comenzado a trabajar en el desarrollo de las habilidades necesarias para realizar una buena gestión emocional, que les permita afrontar retos y situaciones difíciles a nivel empresarial. Ése fue el hilo argumental del encuentro celebrado en estas últimas fechas en la sede de la Confederación de Empresarios de Navarra, CEN, en Pamplona bajo el lema: «La Gestión Emocional en los Procesos de Atención al Cliente: el caso de Laboral Kutxa» organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección, APD, junto con la firma LKS.
A partir de ahí, la cita sirvió para conocer de primera mano cómo dicha entidad financiera vasca ha abordado la gestión emocional en sus procesos de atención al cliente y cómo la formación de este tipo de inteligencia basada en los sentimientos ha ayudado a sus profesionales a incrementar la capacidad para regular sus emociones y enfrentarse a situaciones relacionales complejas con clientes, equipos de trabajo, etc.
Igualmente, con la puesta en común de esta experiencia real en una empresa, desde APD han querido transmitir a los responsables de las empresas navarras participantes que el incremento de este tipo de capacidades incide directamente en el día a día y el resultado de sus organizaciones.
Entre los ponentes que aportaron sus conocimientos y puntos de vista al tema que se trataba, cabe destacar la participación de Aitor Pérez, responsable del área de Conocimiento Desarrollo de personas de LKS; María Montalvo, Jefa de Gestión de Talento, del departamento de gestión social de Laboral Kutxa; y, Nuria Aguirre, Directora de Gestión Social y miembro del Consejo de Dirección de Laboral Kutxa.

Además, los expertos han coincidido en otro factor clave: que la gestión emocional ayuda a sanear las relaciones interpersonales, afrontar los conflictos como oportunidades de desarrollo, reducir las expresiones inadecuadas de agresividad con un cliente, mejorar el clima laboral y resolver relaciones enquistadas.
Otros beneficios destacaros por han sido impulsar la creación de un metalenguaje sobre el que impulsar el cambio y desplegar una cultura organizativa o, el hecho de que puede ayudar a la consecución de los objetivos de la organización al disminuir los denominados «cortocircuitos emocionales».










