Sus clientes no llaman a la puerta, sacuden la cola al entrar. Tampoco dan los buenos días, solo ladran, y transmiten su felicidad sin necesidad de articular palabra. En el número 11 de la calle Pignatelli de Cortes, ese lenguaje se ha convertido en rutina diaria desde hace apenas unos días. Detrás de cada efusivo recibimiento está Sofía Serón, una joven de 25 años que ha transformado su vínculo con los animales en un oficio y, también, en un proyecto de vida.
Nacida en Zaragoza, vivió unos años en Tarragona antes de mudarse a Cortes con apenas seis años. De ahí que se considere una «navarra de corazón». Sin embargo, su camino profesional no estuvo siempre claro. Primero encadenó varios trabajos que no terminaban de encajar con lo que buscaba, aunque lo que siempre se mantuvo intacto fue su amor por los animales: «Me han encantado desde pequeña, sobre todo los perros».
Esa inclinación le llevó a plantearse estudiar veterinaria al terminar el bachillerato, aunque finalmente descartó la idea. «Tiene una parte muy dura, ya que conlleva ver a los animales sufrir, y no me atreví», afirma a Navarra Capital. Fue entonces cuando apareció una alternativa casi por casualidad, a través de las redes sociales: «Empecé a ver vídeos de peluqueras caninas en Instagram y decidí informarme». Así, lo que comenzó como una curiosidad pronto se convirtió en una posibilidad real.
Se formó en Zaragoza, realizó prácticas en Menorca y completó su aprendizaje trabajando junto a una profesional aragonesa en activo. Ese recorrido no solo le permitió adquirir técnica, sino también para afinar una idea que empezaba a tomar forma: «Ahí aprendí realmente el oficio y fue donde empecé a pensar en trasladar el negocio a mi pueblo». La falta de servicios similares en la zona terminó de empujarla. «Aquí no teníamos nada igual y la gente se veía obligada a desplazarse a otras zonas. Como hay muchos perros, vi que podía funcionar», detalla.
EL BIENESTAR ANIMAL
Con esa intuición y «mucho vértigo», se lanzó a emprender. Encontró un local en la calle Pignatelli y, en menos de un mes, lo transformó por completo en La Perruquería de Sofi. Pintura, nueva iluminación, fachada renovada y una distribución pensada al detalle. Un espacio de unos 60 metros cuadrados que no busca solo ser funcional, sino también «transmitir calma».
Esa idea impregna también sus servicios. Desde el baño y secado más básico hasta cortes, limpiezas en profundidad o deslanados para perros de doble manto, todo está planteado con un mismo criterio: el bienestar del animal. «Uso una cosmética natural que respeta su pH y su pelo», explica. Pero, más allá de los productos, lo que marca la diferencia es el ritmo: «Quiero respetar los tiempos del animal. Es un rato que no les suele agradar de primeras, así que intento facilitar la experiencia».
La respuesta de Cortes ha confirmado el éxito de este planteamiento. El día de la inauguración, decenas de vecinos se acercaron con sus perros, curiosos por conocer el nuevo espacio. «Fue estupendo, vino mucha gente. He sentido una gran acogida, mucho apoyo del pueblo, del ayuntamiento y del vecindario», añade. Desde entonces, no solo llegan clientes, también personas que se asoman simplemente a saludar o a desearle suerte.
En su lista de posibles clientes, eso sí, hay una ausencia inevitable: los gatos. «Soy alérgica y, sintiéndolo mucho, no puedo atenderlos», lamenta. Una limitación que no le impide mostrarse abierta a otros animales, siempre que sea viable.
Emprender, reconoce, tiene una doble cara. Por un lado, la satisfacción: «Levantarme y decir ‘voy a mi lugar, a hacer algo que me gusta’, es algo irremplazable». Por otro, no hay que pasar por alto la responsabilidad. «Todo depende de ti. Aun así, no es malo, solo requiere esfuerzo», apunta.
Precisamente, se apoya en ese esfuerzo para seguir creciendo. Aunque todavía se considera una principiante, no pierde de vista la importancia de la formación continua: «Es una profesión en constante cambio y quiero seguir mejorando». Así, su objetivo es consolidar el negocio, alcanzar una estabilidad y ampliar poco a poco sus servicios sin perder la esencia que ya la caracteriza.










