martes, 30 junio 2026

La materialidad digital: una revolución para la arquitectura navarra del futuro

La última sesión del Foro BAI 2026, promovido por el Building & Architecture Institute en Pamplona, tuvo como ponente al reconocido arquitecto suizo Fabio Gramazio, profesor de la ETH Zurich y cofundador del estudio Gramazio & Kohler Architects. En su conferencia, habló sobre las grandes posibilidades de la materialidad digital, que hace referencia a la convergencia entre los datos y la materia en los procesos de diseño y construcción arquitectónica.


Pamplona - 29 junio, 2026 - 22:45

De izda. a dcha., Jesús Medina, Patricia Minguito, Fabio Gramazio, Francisco Mangado, Andrea Deplazes, Eduardo Prieto y Eva Perujuániz. ( (Fotos: Nekane Beriain)

Al igual que la mayoría de las profesiones contemporáneas, la arquitectura se encuentra inmersa en un profundo proceso de metamorfosis impulsado por la irrupción de tecnologías innovadoras. La transición desde el dibujo técnico tradicional hacia el diseño algorítmico, la inteligencia artificial y la fabricación robótica está redefiniendo la disciplina y la propia figura del profesional. Y es que, en este nuevo paradigma digital, ha evolucionado hacia la programación de procesos constructivos inteligentes.

Esta fue la idea de fondo que se abordó en la última sesión del Foro BAI 2026, actividad organizada por el Servicio Navarro de Empleo–Nafar Lansare (SNE-NL) a través del programa Lidera y en colaboración con BAI – Building Architecture Institute. Un ciclo de conferencias que reúne en Pamplona a algunas de las voces más relevantes del pensamiento, la arquitectura y la innovación contemporánea.

En este sentido, el Archivo Real y General de Navarra acogió la conferencia titulada ‘Digital Materiality in Architecture. How machines shape the future of architectural production’, que corrió a cargo de Fabio Gramazio, arquitecto suizo, profesor de Arquitectura y Fabricación Digital en la universidad ETH Zurich y cofundador de Gramazio & Kohler Architects. En dicho estudio desarrolla proyectos que integran diseño computacional, innovación material y fabricación robótica.

La jornada, que fue conducida por la coordinadora académica de BAI, Patricia Minguito, dio inicio con la intervención de Eva Perujuániz, directora general de Universidades del Gobierno de Navarra, quien destacó la simbiosis entre el BAI y la Comunidad foral. «BAI es una oportunidad para Navarra, pero Navarra también es una oportunidad para BAI. Por un lado, esta tierra dispone de un ecosistema universitario privilegiado que acompaña a BAI con una arquitectura de primer nivel en la Universidad de Navarra y con una ingeniería industrial excelente en la UPNA. Y, por otro lado, BAI es un laboratorio que suministra competencias a todos los niveles. En el ámbito académico, brinda una formación innovadora y experimental y, en el de la formación profesional, nos ofrece las claves para transformar al albañil en un ensamblador», destacó Perujuániz.

Eva Perujuániz, directora general de Universidades del Gobierno de Navarra, presentó la ponencia de Fabio Gramazio.

Eva Perujuániz, directora general de Universidades del Gobierno de Navarra, presentó la ponencia de Fabio Gramazio.

En el inicio de su intervención, Gramazio explicó en qué consiste la digital materiality (materialidad digital), término acuñado junto con su compañero de investigación, Matthias Kohler. En concreto, este concepto hace referencia a la convergencia directa entre los datos digitales y la materia física en los procesos de diseño y construcción arquitectónica. «Normalmente, digitalidad y materiales se entendían como dos términos opuestos, ya que se creía que pertenecían a dos mundos diferentes. El material es físico, mientras que lo digital son ceros y unos, pura abstracción. Sin embargo, nuestra investigación arquitectónica une estos dos conceptos porque ambos giran en torno a la organización, la jerarquía y el orden. Si se conectan, se puede empezar a diseñar, organizar el material en el espacio y pedir a las máquinas que entiendan los datos digitales y construyan lo que queremos», reflexionó el arquitecto suizo.

Según Gramazio, la fusión de los datos digitales con el material físico no solo se trata de una «optimización técnica, sino de una revolución cultural y conceptual que redefine la esencia de la arquitectura». En primer lugar porque la función principal del arquitecto ya no es la de diseñar un proyecto para que otros lo ejecuten, sino programar el código con el que las máquinas posteriormente manipulan la materia. «De esta forma, el arquitecto no se enfoca únicamente en determinar la geometría final de un edificio. Su tarea principal es el diseño del algoritmo, las reglas y el proceso constructivo que generarán dicha forma. En la actualidad, el arquitecto debe saber programar pero, sobre todo, entender este proceso desde el punto de vista de la arquitectura», resaltó.

En la misma línea, mediante el uso de brazos robóticos y técnicas aditivas, el arquitecto deja de limitarse al dibujo para pasar a «informar a la materia». Es decir, dotar de datos digitales a la madera, hormigón, ladrillos y metales y programar su posición. A su vez, bajo este enfoque, en el que el proceso de construcción se convierte en el diseño mismo, el robot deja de ser un mero «automatismo industrial» para convertirse en una «herramienta flexible» que registra cómo el producto reacciona a tiempo real a las distintas pruebas y ajusta sus acciones sobre la marcha: «Los datos digitales y los robots no estandarizan la obra, sino que devuelven al arquitecto el control. Al programar directamente los brazos robóticos, recuperamos la capacidad de experimentar directamente con las limitaciones y virtudes del material según las necesidades de cada proyecto».

La materialidad digital permite crear estructuras únicas, «que antes eran imposibles de lograr de forma manual».

Como consecuencia de la interacción constante entre el algoritmo informático y el comportamiento físico de la materia, el arquitecto crea estructuras «únicas y personalizadas», con propiedades funcionales y estéticas «que antes eran imposibles de lograr de forma manual». Por ejemplo, edificios con geometrías complejas que responden a variables como la luz, el viento o la acústica. «El robot no solo optimiza el proceso, sino que mejora el diseño al ofrecer más posibilidades que un brazo humano. De esta manera, da más libertad al arquitecto para crear proyectos inimaginables», ahondó.

PROYECTOS

El arquitecto suizo, que ya en 2002 había desarrollado mTable (un sistema pionero de codiseño paramétrico que unía la programación móvil con la fabricación digital, permitiendo a los usuarios crear mesas con relieves y agujeros únicos), puso varios ejemplos de construcciones realizadas por el estudio Gramazio & Kohler Architects empleando la materialidad digital.

En primer lugar, mostró el proyecto Private House in Riedikon. Esta casa, en vez de incorporar ventanas tradicionales, está conformada por 315 listones de madera verticales con un grosor y ángulo de corte diferente en función de su orientación. ¿El objetivo? Diseñar una gran ventana «inteligente», en la que los listones están colocados milimétricamente para optimizar el control de la luz y garantizar la privacidad de los huéspedes.

A continuación, enseñó las Bodegas Gantenbein, cuya fachada de 400 metros cuadrados se fabricó mediante un brazo robótico que colocó más de 20.000 ladrillos idénticos, pero con rotaciones y orientaciones únicas. Como consecuencia, la infraestructura tiene un relieve que cambia visualmente según el movimiento del sol y del espectador y, lo más importante, funciona como filtro solar porque regula la entrada de luz hacia la sala de fermentación.

Posteriormente, explicó el innovador proyecto de las Bodegas Kitrvs, que supuso «un hito» al introducir la realidad aumentada en la albañilería tradicional. Y es que, a diferencia de los procesos automatizados por brazos robóticos, en este proyecto el algoritmo digital indicó a los operarios dónde debían colocar los 13.596 ladrillos de la fachada. Equipados con gafas de realidad aumentada, los constructores recibían indicaciones visuales e interactivas en tiempo real sobre el ángulo preciso de cada pieza y el espesor exacto de mortero que debían emplear.

Gramazio también detalló iniciativas desarrolladas con otros materiales, como la madera. En este ámbito, destaca The Sequential Roof. El proyecto consiste en una cubierta ondulada que, en lugar de apoyarse en vigas, está conformada por un entramado de 48.624 listones de madera individuales. Para cumplir este propósito, un algoritmo determinó la posición, longitud y corte únicos de cada tabla para superponerlas y clavarlas de forma alterna.

Por último, presentó Rock Print, unas columnas de tres metros fabricadas únicamente con grava suelta e hilo que son capaces de soportar un tejado de ocho toneladas. Para lograrlo, un brazo robótico depositó milimétricamente capas de hilo siguiendo un patrón geométrico algorítmico, alternadas con capas de piedras sueltas.

De izquierda a derecha: Andrea Desplazes (profesor en la ETH de Zúrich), Fabio Gramazio y Jesús Medina (arquitecto especialista en construcción robotizada de la ETH Zúrich).

De izda. a dcha., Andrea Desplazes (ETH Zurich), Fabio Gramazio y Jesús Medina (ETH Zurich).

La conferencia concluyó con una mesa redonda en la que participaron Andrea Desplazes (profesor en la ETH Zurich), Jesús Medina (arquitecto especialista en construcción robotizada de la ETH Zurich) y el propio Gramazio.

El tema principal del diálogo, en el que varios de los asistentes participaron con preguntas y reflexiones, fue en qué lugar quedaba el ser humano en una arquitectura tan digitalizada y si, en el futuro próximo, los robots serían capaces de aprender a diseñar por si solos sin ayuda del arquitecto. Los tres ponentes fueron contundentes. «Las máquinas nunca van a tener la capacidad de tomar decisiones tan importantes en los proyectos. El humano les da las reglas con las que deben crear, pero la idea y el diseño siempre se le ocurrirán al arquitecto», defendieron.

El acto contó con la presencia de decenas de alumnos pertenecientes al Campus Ultzama, un ‘workshop’ internacional en el que estudiantes de último curso y/o master de arquitectura procedentes de distintas universidades y escuelas de arquitectura desarrollan proyectos reales bajo la tutela de profesionales de Portugal, Eslovenia, Estados Unidos y España. También acudieron participantes del ‘workshop’ de Diseño Computacional que BAI desarrolló la semana pasada en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), entre los que había perfiles muy diversos como estudiantes y profesionales de la investigación, la arquitectura, la ingeniería y distintas empresas e industrias.

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