jueves, 4 junio 2026

La nueva cafetería especializada en tostadas nutritivas que triunfa en el barrio pamplonés de Iturrama

Diana Holguín, colombiana de 37 años pero con "alma pamplonesa", dirige Café Kanela en el número 21 de la calle Fuente del Hierro. Amante del deporte, su propuesta se basa en una cocina nutritiva, alta en proteínas y baja en grasas, que traslada a tostadas caseras, dulces, 'bowls' de frutas, 'smoothies' y cafés de especialidad. "Mucha gente se cuestionaba si iba a tener público suficiente para sacar adelante esta propuesta. Sin embargo, la respuesta está siendo alentadora, la gente sale contenta y eso es lo más gratificante", explica a Navarra Capital.


Pamplona - 18 marzo, 2026 - 23:30

Diana Holguín, colombiana de 37 años, regenta el local desde diciembre. (Fotos: Maite H. Mateo)

Sus serpenteantes rizos negros se escapan con valentía del pañuelo azul con detalles amarillos y rojos que apenas logra contenerlos. Su piel canela contrasta con los dos grandes pendientes dorados que cuelgan con elegancia de sus orejas. Las tupidas pestañas descansan sobre sus mejillas, como si aspirar el aroma de un café recién hecho requiriese de una profunda concentración. Ese mural, cálido y evocador, no es solo decoración, es la representación de la esencia de Café Kanela, una nueva cafetería ubicada en el número 21 de la calle Fuente del Hierro, en el barrio pamplonés de Iturrama.

Tras la barra está Diana Holguín, nacida en Guadalajara de Buga (Colombia) pero criada en Pamplona desde los diez años. Ahora, con 37, ha dado un giro a una vida ligada a la hostelería. Tras casi dos décadas en el mismo establecimiento, en 2025 se tomó un tiempo para pensar y llegó a una conclusión clara: «La atención al cliente es lo que más me gusta. Pero, si iba a seguir en una profesión tan esclava como esta, tenía que hacerlo por mí y conmigo al volante».

Así nació Café Kanela, inaugurado a finales del año pasado tras un proceso de acondicionamiento en el que ha primado la calidez. Madera, tonos verdes y un ambiente acogedor dan forma a un espacio con capacidad para más de veinticinco personas en el interior y otras tantas en su amplia terraza. «No quería diseñar un lugar elegante pero frío. He aprovechado elementos que ya existían dándoles una nueva vida para crear un refugio», resume. Incluso el nombre responde a esa búsqueda de identidad propia: «Lo puse con ‘k’ porque me gusta ir un poco en contra de la corriente o aportar algo diferencial”.

UNA CARTA ALTA EN PROTEÍNAS 

Holguín ha apostado por una oferta donde el equilibrio nutricional es clave, sin renunciar al sabor. «Como buena colombiana, me encanta el café y buscaba diferenciarme ofreciendo un buen producto. Además, otra de mis pasiones es cuidarme e ir al gimnasio. Con los años he aprendido a comer rico y sano, sin renunciar a nada, y quería que la gente también tuviera la oportunidad de hacerlo», afirma.

Su carta ofrece una amplia variedad de tostadas, «muy diferentes a las que se pueden encontrar en otros locales». Por eso, colabora con Anik, la panadería artesanal de Pamplona que elabora en exclusiva para ella un pan de masa madre con semillas de chía. En todas ellas se indican los gramos de proteína y se crean combinaciones como aguacate, huevo duro, tomates cherri y jamón; cebolla al horno, pepinillos, rúcula y rosbif; queso crema, cebollino, jamón ibérico, pera, nueces y miel picante; salsa de yogur estilo tzatziki, salmón ahumado, pepino fresco, sésamo negro y eneldo… «Además, las salsas y todo lo que preparo es casero, bajo en calorías y alto en proteínas. Hago todo con mucho amor», asegura.

La propuesta, sin embargo, no es rígida. «También suelo ofrecer versiones más tradicionales porque entiendo que hay gente que no se arriesga», explica. A quienes sí lo hacen, les detalla cada combinación y sus propiedades. «Hasta ahora, mis tostadas están gustando mucho», añade.

Las bebidas también reflejan esa mezcla de raíces y creatividad. Desde el «tintico» colombiano (una versión del café americano filtrado que el propio cliente termina de preparar manualmente) hasta el chocolate tradicional con cacao puro, panela, clavo y canela.

La carta incluye además bowls, smoothies pensados con un propósito concreto (como opciones preentreno, detox o revitalizantes) e infusiones caseras como la diurética (elaborada con flor de jamaica, anís o canela) o la Thi Tea, con flor de guisante y limón. Incluso ha incorporado el canelazo, una bebida caliente típica de su país con panela, cítricos y ron.

La cafetería, con espacio en el interior para unos veinticinco comensales, también cuenta con una amplia terraza.

La cafetería, con espacio en el interior para unos veinticinco comensales, también cuenta con una amplia terraza.

Con el tiempo, la oferta ha ido evolucionando en función del cliente. «Empecé con una carta sin azúcares, pero no he podido mantenerla del todo. Hay quien viene y te pide un ColaCao«, admite entre risas. Aunque cuenta con opciones sin gluten y repostería endulzada con dátiles, harina de avena o almendras y leche vegetal, también ha incorporado alternativas más convencionales como galletas, bizcochos o tortilla de patata casera.

Asimismo, la escucha de sugerencias por parte de la clientela ha dado lugar a nuevas recetas como las arepas, surgidas a petición de un grupo de estudiantes habituales: «Me preguntaron si al ser colombiana no iba a elaborar arepas. Me hizo gracia y las traje. Ahora las sirvo con jamón york, pavo, queso o guacamole casero y les encantan. Estas son las pequeñas cosas que te animan a seguir».

Ubicada en una zona con abundante oferta hostelera, Holguín tiene claro que la diferenciación es esencial. «Cada uno puede hacerlo a su manera. En mi caso, las tostadas son difíciles de encontrar en otro sitio. Iturrama es un barrio con muchos estudiantes, un perfil que puede simpatizar a la perfección con esta forma de vida más saludable», defiende. A su vez, ofrece cervezas y no cierra la puerta a ampliar la carta con nuevas propuestas saladas como nachos o patatas al horno. Eso sí, siempre bajo su filosofía «sana y con amor».

A pesar de que el balance inicial es positivo, Diana reconoce que no ha sido un proceso exento de dudas: «Mucha gente se cuestionaba si iba a tener público suficiente para sacar adelante esta propuesta. A mí me gusta y aspiro a que la gente entienda que se puede comer rico y sano. Que no por no llevar azúcar o por usar un tipo de harina diferente está malo. Sin embargo, la respuesta está siendo alentadora. La gente sale contenta y eso es lo más gratificante».

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