Las vitrinas de cristal flotan sobre muebles cacao oscuro, pulidos hasta reflejar la luz cálida que envuelve el nuevo local situado en el número 15 de la calle Amaya de Pamplona. Sobre las baldas descansan joyas de autora imposibles de confundir: collares de resina italiana; pendientes en los que el oro dialoga con el coral o el hueso tallado; cuentas traslúcidas de asta de búfalos asiáticos de agua; y piedras naturales como el jade tibetano, el ónix o el ámbar. Cada composición parece contener un viaje, una memoria o una pequeña historia rescatada de un mundo lejano, que se percibe cuando la mirada se detiene en estas piezas únicas. Esa es la esencia de una marca que huye deliberadamente de la producción masiva.
Todo este universo creativo lleva la firma de Estela Martín, diseñadora de 60 años, hija de madre navarra y padre extremeño, de ahí el olivo que rompe la geometría del espacio y aporta un ambiente íntimo a la sala. Su trayectoria comenzó en la moda, entre patrones, tejidos y prendas confeccionadas por ella misma. «Estudié diseño y patronaje industrial, pero pronto di el salto a los complementos», relata a Navarra Capital. Durante años compatibilizó esa inquietud creativa con la crianza de sus hijos, aunque nunca dejó de crear: «Hacía ropa para ellos y bisutería para mí. Siempre he sido muy inquieta». Fue una amiga riojana, propietaria de una tienda en Logroño, quien le dio el impulso definitivo: «Tú haz y yo te lo vendo». Y así comenzó todo.
Ahora, décadas después, aquella intuición artesanal se ha transformado en una marca consolidada que da un nuevo paso con la apertura de su primera tienda física. Pero Estela no está sola en esta aventura. A su lado trabaja su hija, Estela Basterrechea, de 32 años, quien ha aportado una nueva visión empresarial y estética al proyecto familiar. Formada como maquilladora profesional en Barcelona, la joven reconoce que comenzó a replantearse su futuro tras la pandemia. «El maquillaje tenía una parte más superficial y yo necesitaba algo más profundo», explica. Decidió entonces estudiar Finanzas y Comercio Internacional, un camino aparentemente alejado del universo creativo, pero que terminó acercándola todavía más al proyecto de su madre: «Descubrí el mundo de la empresa y entendí que lo que quería era emprender. Miré lo que tenía en casa y pensé que había una marca con muchísimo potencial».

Trabajan con proveedores europeos y elementos encontrados en viajes, tiendas vintage o rastros.
Su papel ha sido decisivo para modernizar la firma y darle visibilidad. Redes sociales, branding, página web, fotografía o comunicación forman parte del trabajo que ha desarrollado para actualizar una marca con más de veinticinco años de recorrido. También fue una de las impulsoras de abrir la tienda física, un espacio concebido como una prolongación natural de la filosofía de la marca. «Queríamos que la gente entendiera el valor de las piezas, de dónde vienen, el trabajo que hay detrás. Ganan muchísimo cuando te las pruebas», sostiene.
TRES TIPOS DE PIEZAS
La firma se estructura en distintas líneas. La principal son las colecciones que lanzan dos veces al año (otoño-invierno y primavera-verano) y que agrupan piezas elaboradas con materiales más homogéneos. Después cuentan con una pequeña línea de alta joyería y la colección de autora, donde emerge el lado más artístico y exclusivo de Estela. Son diseños creados con piezas limitadas, hallazgos únicos y materiales difíciles de volver a encontrar. «Nuestras clientas valoran mucho la exclusividad. Saben que probablemente nadie más tendrá esa pieza», apunta.
Cada joya nace en el taller de Estela, donde transforma materiales inesperados en pequeñas esculturas portables. Trabaja con proveedores europeos (especialmente italianos, griegos y alemanes) para las resinas, cadenas, cierres y fornituras, pero incorpora también elementos especiales encontrados en viajes, tiendas vintage o rastros. «Me he topado con cosas maravillosas que ni el propio dueño sabía que tenía», cuenta con una sonrisa. Entre esos hallazgos hay antiguas piezas inspiradas en la Bauhaus, cruces etíopes recuperadas, tallas indonesias en jade o cornalinas mezcladas con plata hindú.

Las joyas de Estela Martín se venden en su tienda física, en locales multimarca de toda España y a través se su página web.
El resultado es una bisutería de marcado carácter orgánico y étnico, en la que abundan las piedras naturales, el hueso, la cuerna y las resinas traslúcidas. Muchas piezas, además, son muy versátiles: collares que pueden llevarse largos o tipo choker; pendientes ligeros pese a su tamaño; o diseños reversibles pensados para adaptarse al cuerpo, al escote o a la ocasión. «Mi madre siempre piensa en la comodidad. Son piezas especiales, pero fáciles de llevar», añade su hija.
Lejos del lujo inaccesible, la marca apuesta por un concepto de exclusividad ligado al diseño y a la autenticidad más que al precio. «No hacemos producción masiva. Si tengo dos piezas de algo, hago dos y ya está. Prefiero que quien lo compre sienta que lleva algo único. Por suerte, contamos con una clientela que busca diferenciarse y valora el trabajo artesanal», remarcan.
Además de vender en su nueva tienda, la firma comercializa sus piezas en establecimientos multimarca de toda España y a través de su página web. Sin embargo, ambas reconocen que el contacto físico sigue siendo fundamental para comprender sus creaciones. «Cuando te pruebas un collar, cambia completamente. Ves cómo cae, cómo pesa, cómo se mueve. Ahí entiendes la pieza», aseguran.

Algunos collares contienen antiguas piezas inspiradas en la Bauhaus, cruces etíopes, tallas indonesias en jade o plata hindú.
Madre e hija hablan de su relación profesional como un aprendizaje mutuo. Discuten, contrastan ideas y se complementan constantemente, de ahí que el proyecto las haya unido todavía más. «Nos hemos lanzado las dos fuera de nuestra zona de confort», reconoce la joven.
Porque, más allá de vender accesorios, Estela Martín ha creado un lugar donde el diseño se siente cercano, un espacio donde las clientas entran sin prisa, observan, conversan y descubren piezas irrepetibles en un ambiente cálido. «Mucha gente nos dice que aquí se siente como en casa y ese es el mejor elogio», concluyen para afirmar que en el futuro les encantaría añadir prendas de ropa, joyeros de tela o bolsos a la colección.













