viernes, 23 octubre 2020

La nueva vida de los Idoate

Dicen los sabios que uno solo sabe realmente quién es ante la adversidad. Y tras estos oscuros meses, los hermanos Idoate han vuelto a nacer. Con esa esencia 100 % hostelera de Marcaláin. Porque la familia ha resurgido del confinamiento con nuevos proyectos. Un precioso comedor-cocina en el Restaurante Europa, y una filosofía -mitad orgullo, mitad gratitud- que bien define su proyecto empresarial de casi 50 años: "La mejor obra social que ahora podemos hacer los empresarios es mantener nuestras empresas".

Alberto Guzmán
4 julio, 2020

Entrada patrocinada por BMW - LURAUTO NAVARRA

Los hermanos Idoate: Pilar, Mari Carmen, Esther, Iñaki y Juan Mari. (Foto: José Luis Pujol)

“Somos buena gente, con valores, de Marcaláin. Sencillos, pero sobre todo trabajadores”. Es la expresión que más veces, y con más fuerza y tesón, repite Juan Mari durante dos vehementes, emotivas y placenteras horas de reunión. Más de ciento veinte minutos en los que conversamos, en su Restaurante Europa, con el miembro más mediático de la familia Idoate sobre la “terrible” bofetada que ha supuesto el Covid-19 para el sector hostelero (también hotelero), y la mal llamada nueva normalidad. Pues como bien se apresura a corregir, “poco tiene de nueva y de normal”. Razón no le falta.

En su siempre carismático y cercano rostro aún se percibe esa preocupación y falta de sueño que trajo a mediados de marzo el coronavirus a uno de los sectores clave de la economía de nuestro país. También en Navarra. Un confinado desenlace que se veía venir desde principios de marzo, pero “no con tanta dureza”. No sabíamos exactamente qué ocurría, pero sí esperábamos algo gordo, pues ya el día cuatro el número de comensales descendió drásticamente. De la noche a la mañana. Sin previo aviso. Algo que no nos había sucedido nunca. Totalmente alucinante”, rememora conmovido Idoate. Lo que posteriormente se transformaría, solo una semana después, en el parón más brusco sufrido por el mundo en la historia moderna. Más súbito, incluso, que el acontecido al inicio de la Guerra Civil española, en 1936, o durante el desarrollo de las dos grandes contiendas europeas.

Porque el Covid lo detuvo absolutamente todo el sábado 14 de marzo. La vida, los sueños, los proyectos y, muy especialmente, al sector hostelero. Sin duda, una fecha para el (mal) recuerdo. “Aún me encuentro triste, tocado, cuando revivo aquellos días. Fueron jornadas duras, muy duras. En plena faena de producción gastronómica tuvimos que mandar a los cocineros a casa. Y a los camareros, al personal del hotel… La declaración del estado de alarma impuso un cierre total con el que no contábamos, y tuvimos que adoptar decisiones rápidas, apresuradas, pero lo más correctas posible. Y sin saber si íbamos a poder abrir de nuevo”, detalla Juan Mari, quien constantemente invoca una muletilla que utilizó “cantidad” aquellos tristes días: “¡No nos puede pasar esto ahora tras casi cincuenta años!”.

Juan Mari Idoate, el miembro más mediático de la familia. (Foto: José Luis Pujol)

Y como cientos, miles de negocios de nuestro país, los hermanos Idoate, Pilar, Mari Carmen, Esther, Iñaki, Juan Mari (y María Eugenia, “que nos ayuda siempre desde el cielo”) se vieron obligados a hacer algo que jamás habían hecho: cerrar. Y parar para reflexionar. Las reuniones familiares durante la cuarentena fueron casi diarias para afrontar esa incógnita que muchos empresarios han tenido que despejar, obligados, durante estos surrealistas meses. ¿Seguir con la actividad o echar cierre para siempre? En su caso, además, en la gestión total de un grupo que aglutina a los restaurantes Europa, Alhambra, el Mercao; y a entre 80 o 100 trabajadores, en función de la época del año.

“Guiados por nuestra hermana María Eugenia y por las ganas tremendas que aún tenemos de seguir trabajando decidimos, por supuesto, echar el resto y no solo reabrir cuando se pudiera, sino hacerlo con novedades y con esa filosofía que siempre ha guiado a nuestros negocios: ofrecer a los clientes lo mejor, y que nuestra casa sea también la suya”, explica enérgico Juan Mari. Y dicho y hecho. Aún confinados, los hermanos decidieron acometer un proyecto que ya mascaban tiempo atrás: remodelar el precioso comedor-cocina. Su salón de “personal de toda la vida”, en el que cocineros, camareros, trabajadoras siguen comiendo a diario a las 12.45 horas, y al que se accede atravesando esa cocina que luce con orgullo una estrella Michelin.

Hoy cualquiera, en grupo, familia o pareja, ya puede reservarlo para una ocasión especial. “Ha sido nuestro revulsivo en estas semanas grises. Nuestro pequeño proyecto para nutrir las ganas de seguir luchando. Porque hoy tenemos más ilusión que nunca, argumenta Idoate. Y basta con acariciar el resultado final para cerciorarse de ello. Una preciosa, discreta y acogedora sala, única en la restauración navarra, con vistas directas a los fogones y presidida por los retratos de Ani Vidaurre y Francisco Idoate, padres de la saga. Todo ello, además, decorado con imponentes puertas acristaladas (e insonoras), mobiliario italiano y ese cuidado por el más mínimo detalle, marca de la casa Idoate.

El mismo empeño que la familia inyectará en sus restaurantes del 6 al 14 de julio, durante unos no-Sanfermines a los que todavía muchos no nos hacemos idea. Pero ya está todo preparado. “Van a ser unas no-fiestas únicas, de eso no cabe duda. Por ello, quienes se acerquen a nuestra casa vivirán unos no-Sanfermines muy diferentes. Sin tumultos, sin música en directo, con todas las medidas higiénicas exigidas, y con un menú especial fabuloso”, especifica Idoate. Como novedad, y al suspenderse también las corridas, los comensales podrán alargar la sobremesa con una “tarde de gin-tonics”: “Los mejores del mercado”. Hasta las 19.30 horas, cuando los relojes acostumbran a marcar la salida del tercer toro en la antigua normalidad. Y de la mano de uno de los mejores barmans del país, el navarro Carlos Rodríguez Félix, y el propio sumiller del restaurante, Javier Soria. “Tenemos el mejor personal con el que un jefe puede contar”, relata con orgullo Juan Mari. Una afirmación que refrendan sus otros cuatro hermanos.

Porque si algo ha quedado claro a la familia tras estos meses convulsos, que jamás imaginaron vivir, ha sido sin duda el refortalecimiento del proyecto, nacido en 1977, y una mayor unión entre ellos. “No puedo explicar cómo me han llegado a emocionar mis hermanos. Y todos mis trabajadores y trabajadoras”, concluye Idoate con lágrimas en los ojos. Las mismas que muestra al pronunciar, quizá, la frase más solemne en dos horas de conversación: “La mejor obra social que ahora podemos hacer los empresarios es mantener nuestras empresas. Luchar por ellas”.

Los hermanos Idoate: Pilar, Mari Carmen, Esther, Iñaki y Juan Mari. (Foto: José Luis Pujol)

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