Ocho llamas, serigrafiadas sobre dos cojines, observan el trabajo que los científicos de Nanogrow, startup biotecnológica cofundada por los uruguayos Nicolás Galmarini y Lucía Vanrell en 2021, realizan cada día en los Viveros de Innovación del Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra (CEIN), sociedad pública dependiente del Gobierno de Navarra.
Este animal, típico de los Andes, es «clave» para conseguir el propósito de sus investigaciones: desarrollar medicamentos biológicos basados en sus nanoanticuerpos. Estos anticuerpos, que son los más pequeños del mundo, poseen un potencial terapéutico significativo frente a enfermedades, infecciones o inflamaciones y, además, su naturaleza permite diseñar soluciones médicas que se pueden suministrar por diferentes vías (tópica, oral o inhalatoria). De esta forma, se logra que el tratamiento sea lo menos invasivo posible para el paciente.
En la actualidad, la empresa tiene tratamientos en fase de desarrollo para patologías oncológicas como el mesotelioma (cáncer que afecta a una fina capa de tejido que recubre el pulmón); el carcinoma colorrectal y el melanoma; y trastornos inmunomediados como la psoriasis, dermatitis atópica, la colitis ulcerosa y el asma. Desde su puesta en marcha, Nanogrow ya ha cerrado tres acuerdos comerciales con compañías del sector farmacéutico, en 2026 espera firmar otros dos más y acaba de abrir una ronda de inversión para llevar a la fase 1 de pruebas en humanos su primer primer proyecto, crecer en equipo y potenciar el desarrollo del resto de sus iniciativas.
El origen de esta curiosa historia se remonta a 2019. En aquel momento, Nicolás Galmarini, CEO de la startup, asesoraba a empresas de la industria farmacéutica. Y fue realizando esa labor cuando se percató de la creciente trascendencia que iban adquiriendo «los activos biológicos» en el sector. De ahí que contactara con científicos especializados en la materia.
Un familiar de su esposa conocía a Lucía Varnell, graduada en Bioquímica, doctora por la Universidad de Navarra y especialista en inmunoterapia. Lucía acababa de regresar de Pamplona, donde había empezado a investigar el potencial médico del animal andino. Y, sin dudarlo, aceptó el café que le propuso tomar Nicolás. Ambos anhelaban emprender, así que se reunieron cada mes durante un año y, en 2020, a ella se le ocurrió una idea con grandes posibilidades: utilizar nanoanticuerpos de la llama en enfermedades inmunomediadas. Es decir, un grupo de patologías crónicas donde el sistema inmunitario, en lugar de proteger el organismo, provoca una inflamación crónica que daña los tejidos.
La idea necesitaba financiación, así que se la presentaron a GRIDX, la principal company builder de América Latina que, en 2021, seleccionó su proyecto para participar en programas de formación empresarial. «Con el aprendizaje y la inversión, empezamos a probar nuestra hipótesis y a llevarla a algo tangible. Ese año, para nosotros, es la fecha de cumpleaños de Nanogrow», comenta Nicolás.
Primero, la startup comenzó a trabajar en el laboratorio de la universidad uruguaya de Ort, donde Lucía impartía clases. Allí perfeccionaron su tecnología de nanoanticuerpos y pusieron en marcha una pequeña granja donde, en la actualidad, siguen teniendo llamas. En paralelo, Lucía mantenía una veintena de colaboraciones abiertas con el CIMA, de modo que aprovecharon la red científica que ella había forjado durante su estancia en Pamplona y, en febrero de 2023, vinieron a Navarra para «profundizar en esa relación». Fruto de ello, Nanogrow firmó un acuerdo de colaboración con el centro, con el que ya ha desarrollado siete patentes para terapias oncológicas. «Poder acompañar al CIMA en sus investigaciones fue una oportunidad increíble. Venir a Europa a hacer ciencia fue la mejor decisión que tomamos como empresa», reconoce el emprendedor.

La sede navarra de la empresa Nanogrow se encuentra en los Viveros de Innovación de CEIN.
Desde diciembre de 2024, la firma, que sigue cooperando con el CIMA, investiga en los Viveros de Innovación de CEIN. Y ya cuenta con una plantilla compuesta por quince personas: ocho en Pamplona y siete en Uruguay. «He estado en muchos centros de investigación del mundo y en pocos sitios había visto algo parecido. CEIN nos ha dado la velocidad necesaria para acelerar los procesos y los recursos necesarios para seguir construyendo relaciones con empresas farmacéuticas y centros de biotecnología».
DE URUGUAY A PAMPLONA
El primer paso de la investigación consiste en determinar la enfermedad que se quiere tratar, cuál es la manera más efectiva para hacerle frente y qué se debe «activar o bloquear» en el sistema inmunológico del ser humano para que el organismo venza a esa patología. Basándose en esos datos, el equipo científico de Nanogrow analiza qué respuesta inmunológica se requiere de la llama y cómo se le debe inmunizar para que genere el anticuerpo deseado. A continuación, extraen «una mínima cantidad» de sangre a esta y almacenan su respuesta inmune. «Conformamos una biblioteca de miles de millones de nanoanticuerpos», indica.
Los nanoanticuerpos se conservan a temperatura ambiente en la sede uruguaya, desde donde se envían a CEIN. Ya en las instalaciones de Noáin, se realizan numerosas pruebas «in vitro e in vivo» para obtener las validaciones científicas que permitan avanzar hacia las etapas clínicas. El objetivo, en un escenario futuro, es desarrollar «el mejor anticuerpo para cada enfermedad».
En la misma línea, la compañía busca que sus terapias biológicas se apliquen de forma localizada para que, de esta manera, el tratamiento sea lo menos invasivo posible. «Queremos que los anticuerpos vayan directamente al lugar donde se originó y se está expresando la enfermedad porque es la mejor forma de actuar y de reducir los efectos secundarios. Hasta ahora, las terapias con anticuerpos se administran a través de la sangre, el tratamiento se expande por todo el organismo y eso provoca que aumenten los efectos secundarios». Para conseguirlo, Nanogrow diseña soluciones médicas que se pueden suministrar por diferentes vías: tópica, oral o inhalada. «Esto es posible por la estabilidad de los nanoanticuerpos y la conjugación con otras tecnologías», apunta.
Nanogrow trabaja en distintos ámbitos de la salud. En primer lugar, se enfocó en enfermedades de la piel como la dermatitis atópica o la psioriasis debido al alto potencial de dicha tecnología en este campo: «Nos dimos cuenta de que podíamos generar soluciones más simples y accesibles que las actuales, en forma de cremas».
Por otro lado, este año ha puesto en marcha un proyecto que estudia cómo abordar el asma a través de un tratamiento nebulizado. ¿Cómo? Administrando medicamentos directamente a los pulmones mediante un aerosol de partículas finas, que se inhala a través de una mascarilla. Incluso la firma cuenta con fórmulas orales para «atacar directamente», por ejemplo, la colitis ulcerosa. «Esta es la clave. Anticuerpos que llegan directamente a la zona de la enfermedad», subraya Nicolás.

El equipo busca que los nanoanticuerpos actúen directamente en la zona «donde se origina y se expresa la enfermedad».
Pero la aplicación de nanoanticuerpos tiene unas «posibilidades infinitas». Y, precisamente por eso, la empresa ya baraja «un gran espectro» de enfermedades a las que destinar su fórmula. Por ejemplo, en colaboración con el CIMA, espera que su tratamiento contra el mesotelioma entre en fase clínica a finales de 2026. «El desarrollo está muy avanzado y ya lo hemos probado contra el carcinoma rectal y el melanoma», asegura. Y, en un futuro aún lejano, pretende desarrollar una solución oral para hacer frente al colesterol, entre otras patologías.
FINANCIACIÓN
Desde su fundación, la empresa ha cerrado tres acuerdos comerciales con agentes de la industria farmacéutica, entre los que figura una veterinaria. Y es que la startup también está diseñando tratamientos para la dermatitis atópica canina. «El mercado de los perros es muy importante y ahí hemos encontrado un camino», avanza antes de sintetizar la visión de la compañía a largo plazo. «Nuestra visión es contar con la plataforma de nanoanticuerpos más completa, versátil y flexible de la humanidad para lograr tratamientos diferenciales por su aplicación localizada. Todo ello aportando accesibilidad, sencillez y eficacia», avanza.













