domingo, 4 diciembre 2022

Las diseñadoras de Sakana confeccionan su futuro

En un contexto en el que los consumidores abrazan el modelo de usar y tirar y salivan por camisetas a cinco euros, Alba Amigo y Aurkene Ormazabal no dan puntada sin hilo. Ambas diseñadoras nadan a contracorriente y han apostado por una labor artesanal minuciosa que anteriormente vistió a pueblos enteros. La primera trabaja como modista en la firma sevillana Cherubina aunque no descarta traer la inspiración flamenca a la Comunidad foral. Por su parte, Ormazabal, tras pasar por Milán y Copenhague, atiende junto a su madre un atelier en Alsasua donde realiza vestidos de novia y trajes por encargo para ocasiones especiales.

Cristina Mogna
Pamplona - 5 agosto, 2022

Blanca Amigo y Aurkene Ormazábal quieren hacerse hueco en la Comunidad foral. (Fotos: cedidas)

A Alba Amigo todavía le quedaba “una espinita clavada” después de haber cursado el grado en Diseño de moda en Creanavarra. De aquel centro salió con la sensación de que “no sabía hacer casi nada”, pero también con la certeza de haber encontrado su “vocación” y con las ganas de introducirse en el mundo de la moda flamenca. Vecina de Olazagutia e hija de una andaluza, pronto percibió que para dominar “esas formas de patronaje y de confección tan específicas” tendría que mudarse a la tierra de su progenitora.

Eso fue precisamente lo que hizo: en plena pandemia, tras cursar una especialidad en Comunicación y Marketing -su otra “gran pasión”- descubrió la Cátedra Internacional de Moda Flamenca, impartida en la Escuela Superior Sevilla de Moda (ESSDM), y se apuntó “de cabeza”. Obtuvo su diploma a principios de julio y actualmente sigue residiendo en la perla del Guadalquivir, desde donde trabaja como modista en el taller de la firma sevillana Cherubina.

Parecida es la trayectoria de Aurkene Ormazabal, con la diferencia de que esta ziordiarra de 34 años no esperó a licenciarse para salir de la Comunidad foral. Tras unos primeros pasos en Ingeniería, comprobó que la carrera no era lo suyo, hizo sus maletas y comenzó un grado en Diseño de moda en la Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología (ESNE) de Madrid. Desde allí viajó como estudiante de intercambio a Copenhague (Dinamarca) y Milán (Italia) y, a la vuelta tuvo su primera experiencia profesional realizando prácticas en la firma de la diseñadora Sara Navarro. El amor pronto le llevó a regresar a la Sakana -esta vez a Alsasua– donde se instaló con su actual marido. Se dispuso entonces a trabajar por su cuenta, confeccionando trajes para novias y ocasiones especiales por encargo, y cuatro años más tarde abrió el atelier que hoy regenta junto a su madre.

MODA FLAMENCA ‘MADE IN’ OLAZAGUTIA

Dentro de un contexto en el que los consumidores abrazan el modelo de usar y tirar y salivan por camisetas a cinco euros, estas dos diseñadoras navarras nadan a contracorriente y han apostado por una labor artesanal, minuciosa, que anteriormente vistió a pueblos enteros. Amigo descubrió que era posible hacer las cosas de un modo diferente durante su estancia en ESSDM. “Algo superbueno que tiene la moda flamenca es que el cliente que compra estos trajes no tiene el mismo comportamiento que un usuario que frecuenta establecimientos de fast fashion. Muchos de los que acuden a las ferias se gastan como mínimo 400 euros, que es un dineral, porque valoran todo el trabajo que hay detrás”, expone.

Alba Amigo: “”Siempre me ha gustado mucho el volanteo y el volumen, pero creo que mi lugar está en la ropa de día a día”.

Para confeccionar un traje de flamenca, según explica esta joven de 25 años, se necesitan “de media, y tirando a lo bajo”, doce metros de tela y otros doce de relleno. “Eso es una pasada -apunta- teniendo en cuenta que con metro y medio o menos (de tela) sale un pantalón”. De hecho, y sabiendo que pocos son conscientes del sudor, de las horas de trabajo y de la cantidad de recursos que se esconden detrás de cada uno de estos vestidos, Amigo creó una cuenta en Instagram con el objetivo de “concienciar” al público sobre esta labor. “Desde allí empecé a explicar cómo patronaba, cosía y añadía detalles. Al final, conseguí un feedback muy bonito por parte de quienes me seguían. No tengo una comunidad enorme, pero sí percibí mucho apoyo hacia mi trabajo”, relata.

Las redes sociales también han sido una herramienta fundamental para Ormazabal. Desde que inauguró su propia firma, la diseñadora se ha enfocado en la confección por encargo de vestidos de novia y trajes para ocasiones especiales, así como en la elaboración de colecciones para invitada que se exhiben dentro de la tienda. “Partimos de un patrón ya hecho y lo modificamos según los gustos de la clienta, que elige el tejido, la distribución de los volantes… Es el intermedio entre una prenda ya hecha y otra diseñada a medida”, detalla. Durante el pasado ejercicio, además, presentó otros dos modelos -“un vestido y una blusita”- más informales, “para llegar a más gente”.

DE ALSASUA PARA TODO EL MUNDO

El suyo es un modelo de negocio que se vio duramente amenazado tras la irrupción de la pandemia. Sin posibilidad de atender de manera presencial a sus clientas durante el confinamiento y ante las continuas restricciones de movilidad y aforo para frenar los contagios -que imposibilitaban la celebración de muchos eventos- Ormazabal se vio en la obligación de “buscarse la vida”. Y al igual que otros agentes del sector al que pertenece, aprovechó su conocimiento en la materia  y se dispuso a coser equipos de protección individual contra el Covid-19: “Eso nos salvó. Ahora ya está un poco obsoleto -confiesa-, pero en el momento no hacíamos más que mascarillas. Fue una locura, pero quedamos muy contentas”.

Gracias a su actividad en internet y en plataformas como Instagram, de hecho, envío prendas desde Alsasua a “muchos sitios”, ganando adeptas en ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona y llegando incluso, en una ocasión, a trascender las fronteras nacionales. “Esto me hizo mucha gracia: una persona quería comprarme una mascarilla y me pedía que se la llevara hasta Nueva York. Me puse en contacto con ella y le tuve que explicar que no era posible, porque el valor de las tasas para el envío era superior al precio del artículo. Al final lo entendió”, rememora.

Aurkene Ormazabal: “Una persona de Nueva York quería comprarme una mascarilla. Le tuve que explicar que el valor de las tasas era superior al del artículo”.

Como hizo en su día Ormazabal, Amigo también contempla hacerse un hueco en la Comunidad foral: “Sinceramente, me encantaría montar algo allá. Trabajé durante nueve meses en una tienda en el centro de Sevilla y noté que venían un montón de personas navarras que entraban al local por el colorido y la variedad”. Y aunque reconoce que la inspiración flamenca es “intrínseca” a su manera de entender el diseño de moda, tiene claro que su objetivo a futuro es ofrecer opciones para un publico más amplio. “Siempre me ha gustado mucho el volanteo y el volumen, pero creo que mi lugar está en la ropa de día a día. Prefiero hacer algo accesible porque quiero exportar lo que se hace en Andalucía. Al tener mi lado navarro, tengo una visión desde fuera y veo ese potencial superclaro”, expone.

Esas raíces navarras vuelven a salir a colación al final de la entrevista, cuando la diseñadora afincada en Sevilla evoca la primera prenda que confeccionó tras acabar sus estudios en Pamplona: un traje de neska para su hermana.

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