Rompía la esquina de la bolsa con esa impaciencia propia de los niños pequeños que, emocionados, están a punto de descubrir un tesoro. No buscaba degustar los gusanitos naranjas ni ese polvo pringoso que queda pegado a los dedos. Metía la mano hasta el fondo, removía bien el contenido y, entonces, aparecía: un tazo brillante. Lo contemplaba como si fuese una reliquia. Durante unos segundos, su universo entero cabía en ese pequeño círculo de plástico. Cambiarlo, apostarlo, jugar con él, guardarlo en una caja… Las opciones eran casi infinitas. "Ahí comenzó mi pasión por este tipo de juegos", relata a ValoresTOP Borja Conrad Muñoz, que décadas después ha convertido esa nostalgia en negocio.

Ya en cuarto de primaria, este pamplonés descubrió el mundo de las cartas Magic: un universo poblado por hechiceros y criaturas fantásticas. Se trata de un juego similar al ajedrez, aunque aquí cada jugador construye su propio ejército y cada carta puede cambiar el destino de la partida. Dos personas frente a frente, calculando movimientos, anticipando trampas, leyendo al rival… Ganar exige imaginación, estrategia, paciencia y una capacidad quirúrgica para tomar decisiones bajo presión.

Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió pronto en algo más. Mientras otros coleccionaban cromos o cambiaban de aficiones, Borja Conrad dedicaba tardes enteras a perfeccionar estrategias y memorizar tácticas imposibles. Le gustaba tanto que terminó clasificándose para el mundial. "Fui a Estados Unidos a jugar, fue una experiencia increíble. Pero justo llegó la pandemia y, finalmente, el campeonato se jugó online", rememora a sus 29 años.

DE PAÍS EN PAÍS

Además de ser jugador, lo cierto es que nuestro protagonista se dedica a la compraventa de cartas. Porque el universo Magic no termina en las partidas: existe también una comunidad gigantesca de coleccionistas dispuestos a recorrer medio mundo detrás de una edición peculiar, una ilustración concreta o una carta imposible de encontrar. Hay más de 30.000 cartas únicas publicadas (sin contar variantes, reediciones o versiones especiales) y algunas alcanzan precios que parecen reservados al arte o al coleccionismo de lujo. "Pueden costar desde dos céntimos hasta millones de euros, aunque realmente lo más normal es que valgan entre diez y cien euros", aclara el actual presidente de la asociación Eclipse de Pamplona, que suma unos 40 socios apasionados de los juegos de mesa.

Las máquinas 'vending' de nuestro protagonista ofrecen cartas de Pokémon, Magic, Dragon Ball y Minecraft, entre otras.

En este sentido, pronto entendió que aquello podía ir más allá de una mera afición. Era un mercado. Y también una cultura propia, con ferias internacionales, encuentros multitudinarios y compradores capaces de viajar miles de kilómetros por una pieza concreta. Pronto las cartas empezaron a llevarle de un país a otro, y ya ha vendido en Chicago, Bolonia, Turín, Bruselas, Ámsterdam, Suiza y Alemania, entre otros. Así acumula kilómetros gracias a criaturas fantásticas y hechiceros. Un itinerario poco habitual que comenzó, en realidad, con un niño rebuscando un premio en el fondo de una bolsa de pelotazos.

A raíz de tanto viaje, ha detectado una tendencia que se repite en ciudades de medio mundo: máquinas vending con cartas coleccionables. Espacios donde un aficionado puede comprar, con el mismo gesto con el que alguien adquiere un refresco o una chocolatina, un paquete de cartas. Las ha visto en aeropuertos, centros comerciales y zonas de ocio de distintos puntos del mapa, y también en España. Pero había una ausencia evidente: en la Comunidad foral era un mercado aún por explorar. Y donde otros veían un vacío, él localizó una oportunidad. "Si vas a Japón, verás muchísimas máquinas de este tipo. Sin embargo, en Navarra no. Así nació mi proyecto, Booster Vending. Importo directamente de Corea y Japón porque existen pocos distribuidores en España y conseguir cartas es difícil", detalla para acto seguido recalcar que ofrece cartas de Pokémon, Magic, Dragon Ball y Minecraft, entre otras.

Borja Conrad ha habilitado máquinas 'vending' en el centro comercial Itaroa y en la estación de autobuses de Pamplona.

El funcionamiento es sencillo, aunque detrás haya años de conocimiento del sector: introducir dinero, elegir una colección y esperar unos segundos para descubrir qué esconden los sobres. Una mecánica que, en el fondo, recupera aquella emoción infantil de meter la mano en una bolsa de aperitivos buscando un tazo.

"Hemos instalado una máquina en la estación de autobuses de Pamplona y otra en el centro comercial Itaroa. El público es, sobre todo, gente joven", matiza orgulloso por la gran acogida que está recibiendo la iniciativa. Cada compra encierra una pequeña dosis de incertidumbre, nunca se sabe con exactitud qué carta aparecerá al abrir el sobre. Y quizá ahí reside parte del atractivo: en la posibilidad remota de encontrar algo extraordinario entre decenas de opciones comunes. "Desde luego, esa sensación mola mucho", concluye satisfecho.